Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 19, No. 2 (2020)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol19-Issue2-fulltext-1957
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Piquinela Averbug: La Carpa de Economía Social y Solidaria: Aportes al análisis de los procesos de subjetivación



La Economía Social y Solidaria (ESS) se define como un movimiento político y social promotor de nuevas formas de producción, distribución y consumo, además de ser considerada como un sector de la economía. A partir de la puesta en práctica de una racionalidad económica que disputa sentidos con la capitalista, compone un campo de acción política que conforma tramas colectivas y produce formas de vida basadas en la reapropiación colectiva de los medios de existencia. La conceptualización de su composición, por parte del campo académico, está conformada por la consistencia de los diálogos y de las experiencias que se desarrollan: iniciativas, movimientos, redes y organizaciones, en las que confluyen saberes académicos y militantes.

Este trabajo comunica resultados de una investigación previa desarrollada en el marco de la Psicología Social, cuyo objetivo fue explicar los procesos de co-diseño y participativos a partir de la indagación por la composición de la carpa como un objeto político y un espacio de co-creación. El estudio se preguntaba a través de qué modo se conforma una red que sostiene su itinerancia como un bien económico, político y social.

La referencia empírica son las prácticas en torno a una experiencia de ESS llevada a cabo durante el año 2018 en la ciudad de Montevideo, Uruguay. Dicha experiencia se trató de la adquisición, montaje, co-diseño y puesta en circulación de la Carpa de Economía Social y Solidaria. Dicha Carpa -que se monta como una gran estructura de hierros, metales, lonas, mesas, sillas, manteles, entre otros materiales-, tiene por objetivo ser un espacio que va de forma itinerante por la ciudad instalando ferias, conversatorios y eventos culturales vinculados a la ESS. Su instalación suele realizarse por períodos de entre tres y cinco días, y participan al menos veinte productoras y artesanas. De acuerdo a sus integrantes, además de la comercialización, el montaje de la Carpa -y, sobre todo la intervención colaborativa sobre su diseño- tiene por objetivo transmitir un mensaje político en su circulación por la ciudad.

La iniciativa fue impulsada por la Red de Economía Solidaria de Montevideo y la Coordinadora de Economía Solidaria, Uruguay (CES). La CES es una organización que surge en 2008 y busca coordinar acciones para desarrollar actividades políticas que promuevan esta forma de economía en el país. Está integrada por productoras, artesanas y emprendedoras de todo el país, que mantienen espacios de encuentro mensuales a través de la realización de reuniones. La organización se ha dedicado, entre otras actividades, a gestionar espacios de comercialización para sus productos (CES, 2019) 1. Uno de los desafíos de las integrantes de la CES es poder definir conceptualmente la ESS para poder comunicar lo que hacen, en este sentido, y en relación a su propia idea acerca de la ESS, una de las participantes de la Carpa señalaba:

Lo que interesa es el bienestar de la persona y en todo su contexto: cómo se mueve, cómo es su salud, qué consume, en qué gasta su dinero, su tiempo, todo porque el tiempo también es parte de lo que es para nosotros la economía solidaria. El tiempo vale. No importa si lo dedicas a comer pororó sentado en el cordón de la vereda, pero es tu tiempo’ (Entrevista 8, septiembre 2018)

A partir del acercamiento a esta experiencia, se busca mostrar cómo la práctica política del colectivo no se reduce a su posicionamiento ideológico (expresado en una imagen ideal de sociedad, por ejemplo), ni tampoco a su relación con instituciones gubernamentales y otros actores estrictamente políticos (es decir, el campo de fuerzas donde disputan el sentido de lo económico), sino, por el contrario, se enfatiza en cómo estas prácticas políticas tienen que ver con un modo afectivo y relacional de hacer que insiste en la producción de otras maneras, no sólo económicas sino además sociales, que comprometen al conjunto de las acciones que les movilizan y les hacen ser un actor colectivo (incluyendo en éste los materiales con los que componen sus existencias).

Este trabajo presenta tres líneas de análisis y resultados de la investigación. En primer lugar, se propone pensar la ESS como una ecología de prácticas (Stengers, 2005a), donde se despliegan distintos saberes y prácticas que le dan forma, movilizan distintas ideas de consumo responsable, cuidado del medio ambiente, buen vivir y comercio justo, entre otras (Gomes, et. al., 2014; Walsh, 2010). Segundo, y a partir de la experiencia del diseño, montaje y desmontaje de la Carpa, se propone pensar la política como un gesto compositivo. Pensar esta experiencia como una experiencia política de pleno derecho, es hacerlo a partir de la composición de una trama afectiva que irrumpe en otras formas de lo colectivo y de lo político. De este modo, y por último, se analiza de qué forma este modo de lo político (no estrictamente racional sino, por el contrario, radicalmente relacional), invita a romper con la idea de individuo como único modo de comprensión de lo humano, desde el análisis de la subjetivación como movimiento compositivo (Deleuze, 2008).

Hacia una idea de ESS como ecología de prácticas

La idea de ESS ha sido objeto de diversos estudios y un campo de interés académico en los últimos años. Como categoría de análisis, y a partir de la presentación de una racionalidad económica que constituye un plano político, incluye una pluralidad de prácticas que se agrupan bajo las categorizaciones de: comercio justo, empresas recuperadas por sus trabajadores, cooperativismo, asociativismo, por nombrar algunas (Alquézar, 2018; Lavile, 2013; Gaiger, 2013). Asimismo, significa una ruptura con el binarismo dicotómico que divide los ámbitos público y privado como esquema bajo el cual se piensan las actividades económicas. Generalmente, las discusiones en economía política están centradas en el alcance del rol del Estado, y, como su contracara, en la libertad de mercado. Este esquema, que asocia a lo público con las actividades o regulaciones impulsadas desde las instituciones estatales, y entiende al ámbito privado como aquel donde se prioriza la maximización de los beneficios, invisibiliza prácticas económicas que, sin necesariamente ser impulsadas desde los organismos estatales que escapan a la determinación de la maximización de beneficios como única forma de despliegue de las relaciones económicas, conforman lo que algunos denominan como el tercer sector (Guerra, 2006).

De acuerdo a la definición de la CES

un emprendimiento de Economía Solidaria es un organismo de carácter colectivo que a través de redes promueve como centro a las personas y desarrolla los valores de la solidaridad en las distintas fases de su actividad económica: producción, distribución, consumo y finanzas (CES, 2019, p.7)

la propuesta de su participación transversal en las fases de la economía a partir de la solidaridad se encuentra en diálogo con nociones que proponen una disputa con los sentidos capitalistas de la economía, es decir, aquellas que sostienen la racionalidad de la maximización de las ganancias como la única posible.

Para pensar la ESS a partir de la experiencia de la Carpa por Montevideo dejamos de lado la reflexión en relación a la identidad del movimiento. La Carpa surge de la Red de Montevideo y de la Coordinadora de Economía Solidaria, Uruguay. Dichas organizaciones, como colectivo de artesanas y productoras que se agrupan para promover la idea de ESS en el país y comercializar de forma conjunta, han operado como formas organizativas que nuclean y reúnen emprendedoras de todo el país.

El montaje de la Carpa instala un espacio móvil que, en su itinerancia por la ciudad, se propone establecer un espacio de comercialización, difusión e intercambio en relación a la idea de ESS. Cada instalación se da siempre en diálogo con el territorio donde la Carpa se asienta: además de las productoras de la Red, se invita a productoras, tejedoras y emprendedoras de la zona a participar, se elige un tema que sea de interés para el barrio y se piensan actividades culturales particulares, dando cuenta del carácter adaptativo de la Carpa. Esto no hace más que subrayar que la Carpa es un objeto en movimiento, vivo, que en su armado y desarmado va reuniendo expresiones y que, en su traslado, instala (y se instala en) un espacio donde acontece un ejercicio de diálogo, mutua transformación y recomposición. De este modo, se comporta como una estructura móvil que se adapta en su funcionalidad de acuerdo a los diferentes territorios por donde se va montando, proponiendo a la vez un modo particular de instituirlos.

Para pensar la idea de ESS se ha utilizado el concepto de ecologías de prácticas. Dicha noción, que envuelve las ideas de consumo responsable, relación de producción no alienadas, comercio justo y cuidado del medio ambiente, entre otras, permite a través de ese diálogo acercarse a la composición de un concepto móvil y relacional que, más que definir una identidad se puede pensar como una forma de práctica. Isabelle Stengers (2005b) propone el abandono de la idea del conocimiento como una unidad para pensar en diferentes ramas donde las prácticas se van relacionando en un ecosistema. Este ecosistema se presenta como inestable y relacional: las prácticas van mostrando sus posibilidades de conexión abandonando el análisis en relación a identidades fijas que redefinen las experiencias como una exterioridad. El estudio a partir de las prácticas cambia la pregunta acerca de cómo deberían ser estas experiencias hacia cómo son posibles (Abad, Carrero, & Alcañiz, 2018).

De este modo, se abandona toda pretensión deontólogica (basada en un deber ser) y teleológica (un dónde ir), haciendo a un lado la idea de causa final, propiciando una perspectiva que habilita pensar las experiencias como partes de un movimiento productivo asociado a una causa inmanente, por tanto, de orden experimental. El análisis a partir de las prácticas supone distanciarse de las perspectivas en base a un horizonte prefigurado, es decir, realizar un movimiento que haga énfasis en la capacidad de conocer los sentidos posibles e imprevistos. Dicho análisis permite abrir los sentidos prefigurados en relación a los significados de ESS para dar paso a los modos políticos que la crean y recrean a partir de las prácticas cotidianas. Pensada de este modo, la Carpa no es solamente un espacio para la comercialización de productos, sino un modo de crear y recrear la ESS.

Método

Diseño de la investigación

La investigación se realizó desde de una etnografía multisituada (Marcus, 1995). El modo de indagación principal fue la colaboración experimental (Estallela, & Sánchez, 2016; Marcus, 2013), a partir del cual se realizó una descripción del proceso de co-diseño participativo de la Carpa relevando reuniones, acuerdos, discusiones, creación de protocolos de usos, itinerancia, montaje y desmontaje, entre otras actividades, en acuerdo con los actores involucrados en la experiencia como activistas, colaboradores, actores estatales, expertos.

La propuesta de etnografía multisituada, que sirvió como referencia para el diseño metodológico de esta investigación, tiene como eje central su orientación hacia los procesos y las conexiones, haciendo énfasis en los desplazamientos de los espacios y los actores. Esta propuesta comprende que el sujeto no se encuentra previamente constituido como una unidad natural que se presenta en forma de cultura, sino a partir de la agencia como un conjunto de relaciones dispersas, proponiéndole al investigador el desafío de crear un diseño metodológico móvil. Una de sus derivas es el corrimiento de la posición que entiende al antropólogo como exterioridad al otro como objeto a conocer (Marcus, 1995). Su carácter multisituado no se trata de un diseño representacional, sino que parte del trazado de un plano donde lo social y lo cultural se va desplegando en forma de conexiones incluyendo los materiales y sus agencias (Ingold, 2007; 2012).

La investigación se realizó durante un año de trabajo de campo entre septiembre de 2017 y octubre de 2018, en espacios acordados junto con la CES y la Red de Montevideo. El trabajo se desarrolló en cuatro etapas: acercamiento al tema y contacto con informantes calificados, acompañamiento del proceso e instalación de la Carpa, evaluación y coordinación de talleres de co-diseño. Dichas etapas se realizaron a través de trece jornadas de observación participante, que fueron registradas por medio de grabaciones y notas de campo, tres talleres de co-diseño y diez entrevistas etnográficas. Durante estas instancias se elaboró un diario de campo a partir de un cuaderno y de grabaciones que fueron recogidas en las instancias de observación. Participaron asimismo estudiantes de la licenciatura en Psicología de la Universidad de La República, a través de talleres de co-diseño de la Carpa en conjunto con estudiantes de Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la misma Universidad.

Participantes

Las entrevistas fueron realizadas a participantes de la instancia de instalación de la carpa, durante agosto de 2018 en la zona este de Montevideo. Los criterios de selección contemplaron: i) la participación de integrantes de la Red y la Coordinadora que estuvieran desde sus inicios, ii) participantes de las instancias de organización sin trayectoria en las organizaciones, iii) integrantes de la instalación de la carpa sin participación en la organización.

Consideraciones éticas

El diseño de la investigación fue aprobado por el Comité de Ética en Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de La República.

Para salvaguardar la identidad de los participantes, en los documentos escritos se utilizan seudónimos como forma de garantizar el anonimato. Cada paso de la investigación fue acordado previamente con las personas participantes a quienes se les explicó desde un comienzo los objetivos del estudio. Asimismo, la participación del investigador en sus sucesivas instancias fue acordada con los integrantes de la red.

Análisis

Para el análisis de los materiales se realizó una lectura en proceso de todas las producciones escritas a lo largo de la investigación, luego se procedió a una codificación categorial, así se identificó una serie de temáticas recurrentes a lo largo de la experiencia. A partir de la realización de entrevistas y observaciones (registradas en el diario de campo), se estableció categorías que sirvieron para identificar una serie de tópicos clave en el proceso de producción de la Carpa. Dichas categorías fueron revisadas a medida que el material producido se fue articulando y confrontando con las perspectivas de los actores y nuevas experiencias, lo que dio lugar a un proceso recursivo de producción de nuevas categorías (Dey, 2007; Strauss, & Corbin, 1997). Para la presentación de las prácticas se buscó describirlas de manera densa (Geertz, 1989), con el propósito de dar cuenta de sus complejidades a partir del relato exhaustivo de las situaciones. La descripción de cada una de las situaciones permitió realizar comparaciones con otras prácticas, de modo que se pudo establecer relaciones entre éstas, articulando, en las ocasiones que lo ameritó, la explicación con el análisis. Las categorías construidas fueron pensadas como procesos y acciones con miras a poder colocar en el centro las prácticas de composición de la Carpa.

Resultados

La Carpa de ESS como un modo de lo político

Pensar la Carpa como un modo de lo político nos invita a ampliar los modos más habituales en los que concebimos la política. Cuando hablamos de política por lo general remitimos a imágenes que dan cuenta de aquellos espacios institucionales, vinculados a las formas organizacionales de gobierno estatal, a través de los cuales las personas, mediante la adhesión a un contrato, organizamos nuestra vida colectiva. Esta idea tradicional de política está asociada a determinados ámbitos -institucionales- y modos -argumentativos-, proponiendo espacios para el ejercicio de la política que la restringe.

De acuerdo a Marilena Chauí (2020), la perspectiva aristotélica y maquiavélica de política se relacionan en la medida en que la política es el modo de regular las desigualdades en la sociedad, emergiendo una política que hace cuerpo en las organizaciones estatales. Rastrear experiencias como la Carpa, nos permite pensar lo político desde su movilidad genésica, tomando distancia de aquella perspectiva que parten de lo dado, para dar lugar a un plano de pensamiento que habilite el modo compositivo de lo político. Dicha lectura comporta una dimensión ontológica que comprende al ser como un modo que expresa una parte infinita de la naturaleza, siendo lo humano uno de los modos posibles. Al respecto, Spinoza (1677/1980) señala:

En efecto, las cosas singulares son modos (...) que expresan de cierta y determinada manera la potencia de Dios, por la que Dios es y actúa. Y ninguna cosa tiene en ella algo por lo que pueda ser destruida o que suprima su existencia; sino que, por el contrario, se opone a todo lo que puede suprimir su existencia. Y por tanto se esfuerza, en cuanto puede y está en ella, por perseverar en su ser (Spinoza, 1677/1980, p.142).

La modalidad política planteada en el pensamiento de Spinoza nos permite pensar el campo político a partir de las afecciones, los afectos y los efectos que, sin dejar de lado modalidades estructurales, hace énfasis en la relacionalidad expresando interés en los procesos singulares y colectivos (Monetti, 2020). Es clave, en este sentido, retomar una idea de lo subjetivo que concibe a un ser que va constituyéndose en devenir. Esta posición toma distancia de la idea de individuo como esencia universal para reafirmar aquella que lo constituye a partir de sus relaciones y acciones. Dicho movimiento nos permite pensar al individuo como un efecto de composiciones. Lo colectivo, entonces, es comprendido como el ejercicio de despliegue de la potencia singular y colectiva. Pensar a partir de la potencia es dar lugar a las posibilidades de los cuerpos singulares y colectivos, relegando aquella idea de política que la asocia al movimiento que surge a partir de la carencia.

Entendiendo que la Carpa resulta una experiencia que permite pensar la idea de lo colectivo, no como el renunciamiento de lo individual, sino como la condición del ser que se expresa a través de composiciones. Una de las condicionantes que se suele tener para pensar lo colectivo es la idea de sujeto como figura de lo humano, constituyendo un sujeto moderno que se constituye a partir de la separación entre individuo y colectivo. Esta imagen se constituye como sustento del modelo político de la modernidad a partir de la afirmación de un modo de política representativa, la soberanía, a través del cual el Estado vela por los intereses colectivos y el sujeto renuncia a parte de sus derechos en pos de su pertenencia a la sociedad (Hobbes, 1982). Lo colectivo, bajo este planteo, se entiende como una conformación que supone un renunciamiento individual cuyo objetivo es la búsqueda de un fin superior.

Para romper con este esquema, Spinoza (1980) y los autores que lo trabajan de forma contemporánea, proponen una imagen de pensamiento que permite pensar en un plano político como el movimiento productivo en el que se suceden composiciones y descomposiciones y que va generando estabilizaciones que adquieren consistencia. Dicha propuesta, introduce un modo de pensar la díada individuo-colectivo que se contrapone al esquema que lo presenta como una tensión.

Para pensar la Carpa como un modo de lo político, es clave recuperar los afectos, las emociones y las tramas relacionales de la experiencia, de modo de habilitar la posibilidad a otras formas de lo político y lo económico. Así, el análisis de la Carpa como una expresión de lo colectivo, supone retomar aquellas tradiciones teóricas que rompen con la tensión individuo-colectivo. Ella es una forma de experimentar lo colectivo alejada de la idea de renunciamiento individual.

A partir de la perspectiva spinozista, el individuo tiene la posibilidad de ser comprendido como un modo que devendrá bajo la forma de composición que concurre a la acción. Es decir, no será una forma de individuo que parta de una determinación formal que lo define como sujeto sino un efecto de relaciones de efectuación que se define a partir del ejercicio de su potencia. Este ejercicio de la potencia será siempre relacional en la medida en que las relaciones se efectúan a través de planos colectivos (Deleuze, 2008). El individuo devendrá bajo la forma de individuación a partir de un conjunto de relaciones y de prácticas. Esto reafirma una idea de individuo en sí mismo colectivo, ya que a través de un ejercicio ético se definirá como un modo singular a partir del despliegue de su propia potencia. Lo que se plantea no se trata de una negación de la idea de sujeto sino la posibilidad de plantear un plano de pensamiento que nos aleje de una idea de individuo recortado de sus relaciones para pensar a un modo de singularidad que se constituye colectivamente a partir de las singularidades.

Pensar en la composición de la ESS a partir de las prácticas como un ejercicio de lo político, se trata de afirmar una experiencia de lo político que toma la forma de lo cotidiano que deja a un costado una idea de política asociada a los espacios institucionales donde se resuelven las reglas que nos damos a nuestra vida colectiva. Este despliegue será efectuará a partir de su causa inmanente, es decir, no como el devenir expresado a través de un pasaje en el sentido aristotélico de un punto a otro, sino como un movimiento de producción que concibe lo político como un movimiento de constitución (Deleuze, 2008).

Esta experiencia en su práctica propone, de forma compositiva, una idea de ESS que hace política y que va haciendo la ESS, en su propio movimiento. La concepción de lo político de la que parten sus integrantes, está vinculada a la trasmisión representacional de una idea, lo que podemos entender como un modo proyectivo. Las participantes de la Red y la Coordinadora plantean como uno de los objetivos del montaje de la Carpa, la financiación y puesta en práctica de su proceso de co-diseño, además de la comercialización y la organización de charlas y eventos culturales:

No hay que perder la mirada de que la Carpa sí o sí hay que diseñarla y que tiene que transmitir los valores de la economía social y solidaria’, dice Myriam

Lo visual es lo que da resultado para transmitir y convocar’, responde Florencia

‘Con la Carpa blanca no estamos diciendo nada’, reafirma Myriam (Notas de Diario de campo, día 3, junio de 2017)

La transmisión de una idea, tomando a la Carpa como un espacio blanco y vacío sobre el cual proyectar y difundir durante su itinerancia por la ciudad, es clave para pensar la práctica como una proyección de una idea de política. Aunque, por otro lado, y de forma paralela, la experiencia va construyendo un modo de política compositiva, a través de una forma de la política no enunciada como tal, que pone en práctica un régimen de afecciones que va constituyendo a la experiencia singular y colectivamente. Así, la Carpa compone una expresión material de la política y una ecología de prácticas que se compone y va componiendo una posible idea de la ESS.

La constitución de un cuerpo colectivo: Lo político fuera del contrato

La idea de individuo como necesariamente composición de individuos brinda, a partir de la perspectiva spinozista, la posibilidad de pensar la constitución de un individuo complejo y nuevo que es la multitud. La adopción de la idea de multitud es, de acuerdo a Diego Tatián (2019), una de las innovaciones más importantes del Tratado Político de Spinoza y permite comprender la política desde sus movimientos constitutivos y romper con las comprensiones contractualistas. La política, bajo este modo, opera en un campo común de los humanos y no en el de las virtudes privadas, abandonando la perspectiva aristotélica. Esta forma de la política se inspira, de acuerdo a Tatián, en: “un propósito fundamental de la tradición política del realismo clásico: dotar de estabilidad a los asuntos públicos” (p.46). Política, entonces

no será el reino de las razones (...) sino el mundo de los afectos y el imperio de las pasiones, cuyo poder se manifiesta en los tribunales y en los palacios (...) - en la communis vita-. Por tanto, la necesidad de política es directamente proporcional a la impotencia de la moral para regular la vida humana en común, dominada por las estructuras elementales del conatus y por la finitud - es decir por el poder que sobre las criaturas ejerce la exterioridad de la fortuna con la que están consideradas a lidiar (Tatián, 2019, p.47).

La potencia de la Carpa no estará en su montaje sino en lo que suceda después. Las actividades de la Carpa, pensadas de acuerdo al territorio que produzca donde se va montando, van produciendo nuevas relaciones o fortaleciendo las existentes de modo de que puedan emerger nuevos proyectos

Con el paso de la Carpa interesa qué queda el día después. Nos interesa que la Carpa una puentes de relacionamiento: que enlace’ (Entrevista 2, agosto de 2017)

Si se entiende, como señala Tatián (2019), que nadie sabe lo que puede un cuerpo colectivo, el diagrama de lo político como movimiento genésico, presente en la Carpa, presenta posibilidades para un régimen afectivo que rompe con las más habituales en otros espacios de comercialización. Al respecto, una de las integrantes más jóvenes de la Red, señalaba

Participo desde hace tiempo de las actividades de la red. Es muy distinto que cualquier otra feria. Acá se conoce lo que es el trabajo y se respeta el tiempo y el proceso de producción. Yo también vendo en la feria de Tristán Narvaja y si alguien se enoja igual puede ir y tirar todo al piso. Lo peor que pasé fue en la Vía Blanca2en 8 de octubre donde la gente quedaba trancada y resolvía pasar por encima de los puestos. No tiene comparación. Acá es diferente, nos conocemos ya porque vengo hace tiempo’ (Entrevista 7, abril de 2018)

Las diferentes conversaciones que se van tejiendo en la Carpa giran en torno a su instalación y a la idea de ESS. La pregunta acerca de qué están haciendo y de qué forma es recurrente en las participantes. Esto constituye un ejercicio reflexivo sobre la práctica que va adquiriendo relevancia en la medida que el objetivo de su presencia en un montaje que dura tantas horas y que no estaría justificado si solo se lo evaluara en términos económicos, si tomamos la relación entre cantidad de horas y dinero recaudado.

Otro mundo está siendo posible

La consigna identificatoria de la Carpa, a través de sus carteles y mensajes de difusión, retoma la idea de Otro mundo es posible del Foro Social Mundial. Pero esta consigna, puede ser pensada no solamente como un horizonte a alcanzar bajo la forma de una propuesta teleológica. Para tomar distancia de esta imagen, se recurre a lo señalado por Spinoza en la Ética (1677/1980)

Todos los prejuicios que intento indicar aquí dependen de uno solo, a saber: el hecho de que los hombres supongan, comúnmente, que todas las cosas de la naturaleza actúan, al igual que ellos mismos, por razón de un fin, e incluso tienen por cierto que Dios mismo dirige todas las cosas hacia un cierto fin, pues dicen que Dios ha hecho o todas las cosas con vistas al hombre, y ha creado al hombre para que le rinda culto. (p.96)

La idea de un obrar de lo político a partir de la causa inmanente, es decir de su sola necesidad, nos permite pensar en torno al ser en su relacionalidad. De este modo se abre la posibilidad de pensar que otro mundo es posible como propuesta ontológica, en la medida en que comporta una idea de ser. Otro mundo es otra organización de la realidad, es decir, la creación de un existente. Dicho movimiento nos permite hacer énfasis en su capacidad creativa y de diseño de lo posible que va más allá del enunciado otro mundo es posible como un manifiesto.

Para analizar el proceso de composición de la Carpa como un espacio que delimita y es delimitado por determinados objetos, prácticas, personas y sus relaciones me interesa tomar la idea de cosmograma (Tresch, 2005), en la medida en que nos presenta una imagen de una composición completa del mapa del mundo. La idea de cosmograma refiere a una práctica concreta donde se compone un mundo. John Tresch retoma el término de Darnsoch quién a partir de estudios religiosos, lo utiliza para la descripción del templo que Moisés construyó durante el éxodo. El montaje de Moisés se trata de una conformación religiosa que, a modo de tabernáculo, se adapta a la vida nómade de las personas, en constante montaje y desmontaje. En su interior, porta los textos que expresan el conocimiento alcanzado y que se expresa en una clasificación de hombres, objetos y animales que en sí mismo contienen un plan para todo el mundo a través de la expresión de las relaciones entre humanos, Dios y la naturaleza.

El cosmograma dispone su composición como una totalidad que a través de esta forma concreta constituye la base para la puesta en práctica de las relaciones sociales y con entidades naturales que el pueblo quiere conservar. Durante la inauguración de la instalación de la carpa, en la bienvenida, los discursos expresan la idea de que la carpa es un espacio hogareño que se expresa como la construcción de un modo de encontrarse que dispone colectivamente un mundo que se quiere construir. En el discurso inaugural uno de los integrantes de las organizaciones que apoyaron la adquisición de la Carpa afirmaba

Quiero darles un agradecimiento enorme por permitirme estar acá. cuando veía la Carpa me acordaba de mi abuelo decir lo más importante es tener un techo, como un lugar que a uno lo protege, un lugar de encuentro...este techo es importante para estar unidos, juntos, en la medida que nosotros y nosotras empecemos a valorar lo que tenemos y lo que hace el otro...’ (Discurso inaugural; notas de Diario de campo, día 11, 19 de abril de 2018)

La Carpa, de algún modo, constituye una forma de construcción de la ESS y, en definitiva, la ESS como una herramienta para ese otro mundo. De acuerdo a sus organizadoras la ESS permite construir otro mundo porque:

lo que interesa es el bienestar de la persona y en todo su contexto: cómo se mueve, cómo es su salud, qué consume, en qué gasta su dinero, su tiempo, todo porque el tiempo también es parte de lo que es para nosotros la economía solidaria. El tiempo vale. No importa si lo dedicas a comer pororó sentado en el cordón de la vereda, pero es tu tiempo’ (Entrevista 10, taller co-diseño Carpa, mayo 2018)

La Carpa, en la medida en que propone ciertas relaciones en detrimento de otras, constituye un espacio construido a imagen de este mundo imaginado, pero también practicado. El uso del tiempo, el cuidado por la salud de las compañeras, un consumo orientado a productos que no tengan intermediarios son algunas de las prácticas que devienen en un proceso de politización de la comercialización y adquisición de productos. Esta delimitación de la Carpa, como espacio político, se pone en juego en relación a qué productos se admite comercializar y cuáles no.

Las condiciones de trabajo son parte de las preocupaciones centrales de quienes participan en la construcción de otros modos de producción y consumo. La experiencia de precarización laboral y de flexibilización de las formas de trabajo que influyen directamente en las dinámicas a través de las cuales se forma el valor de los productos es problematizado por sus integrantes. Por eso, si bien es priorizada la originalidad en la producción, aunque se cree un diseño y dibujo artesanal, si éste está sobre un producto que viene importado de China -como puede ser una taza, una remera o un termo-, se considera que ese producto no puede pertenecer a un emprendimiento de ESS y por lo tanto no puede ingresar a la Carpa:

una taza traída en un contenedor de China estampada con un diseño descargado de internet, no puede ser considerada como de Economía Solidaria’ (Entrevista 5, marzo de 2018)

Discusión y conclusión

El análisis de esta experiencia permite pensar la ESS a partir de su puesta en práctica y no desde las delimitaciones formales. En este sentido, la etnografía resulta una herramienta importante para conocer las prácticas y problematizar cómo son posibles más que preguntarnos cómo deberían ser (Abad, et al., 2018). El acercamiento a esta práctica de ESS no nos muestra una alternativa global y final al capitalismo sino la emergencia de una pluralidad de prácticas que, en diálogo con el sistema económico, se proponen practicar otro modo de la economía que no parta de la maximización de las ganancias como único modo de producción de valor. La investigación tuvo por objetivo explicar los procesos de co-diseño y participativos a partir del estudio de la Carpa como un objeto político, partiendo de una idea de política como ejercicio compositivo.

La Carpa, como objeto político, constituye un espacio de practicabilidad de la ESS, en la medida en que, para sus integrantes, la ESS es lo que está sucediendo en la Carpa. En este sentido, el análisis de la experiencia de co-diseño, instalación y desinstalación, y que hizo foco en las prácticas, nos permite pensarla como una forma de proponer un modo de vida y una idea de ESS como composición que se practica. El modo de comprensión de la política que se practica en la Carpa nos permite pensar las posibilidades para el aumento de la potencia singular y colectiva que emerge de este tipo de experiencias. La potencia de las relaciones que se despliega en estos encuentros hace a una dimensión afectiva de lo político, efectuándose relaciones de composición de lo común (Monetti, & Piquinela, 2019).

La trama relacional de los cuerpos y de los objetos que participan en la experiencia constituyen una dimensión afectiva que produce un modo de lo político. La política deja de ser pensada exclusivamente como los espacios institucionales donde se dirimen las grandes decisiones para ser integrada a un plano cotidiano donde a través del despliegue de la potencia es posible que se generen relaciones de lo común (Spinoza, 1677/1986). Lo común o lo comunitario no será algo que está dado de antemano ni como determinación formal, no deviniendo necesariamente de la conformación como colectivo que se organiza e incorpora una forma asociativa (Teles, 2018). El despliegue de la potencia de las integrantes de la Carpa hace cuerpo en una politización de sus prácticas, en la idea de estar practicando otro modo de vida y la reafirmación en la intención de compartir y hacer circular este proyecto. El proceso, no obstante, no está exento de tensiones y de discusiones. Los parámetros que se marcan para delimitar qué prácticas son admitidas dentro de la ESS y cuáles no, resultan un punto de tensiones.

Estas definiciones resultan clave ya que, de algún modo, en su movimiento de admisión o rechazo a ciertas prácticas están definiendo la ESS. Dichos límites necesitan de esfuerzos que los doten de estabilidad a través de mecanismos de decisión y control como, por ejemplo, el reglamento de instalación y las figuras de control de los objetos. Los espacios de construcción colectiva y de composición de lo común, que escapan a las formas asamblearias típicas del movimiento social uruguayo -evitando votar las decisiones, por ejemplo, no siempre generan condiciones para una construcción participativa de las decisiones que se toman, emergiendo formas de liderazgo que estabilizan y reproducen un cierto modo de practicar la ESS.

Ya desde su proyección, la idea de la Carpa prevé ser un objeto que circulará de forma itinerante por la ciudad, compone una idea cosmogramática de portar un mundo que se intenta trasladar. Esta idea traslada una intención, pero, sobre todo, una práctica de otro mundo posible. Este modo de comprender la política porta implicancias ontológicas en la medida en que nos permite concebir al individuo como composición necesariamente colectiva.

La experiencia de la Carpa invita a pensar a las prácticas de ESS como una herramienta de análisis en relación a un modo muy específico de producción de subjetividad. La afirmación del individuo como una instancia de individuación siempre colectiva afirma una idea de individuo necesariamente conformado por un conjunto de relaciones que atraviesan la idea de individualidad, contraria a las habituales formas que nos presentan un individuo racional dotado de cierta interioridad que se presenta ante un colectivo como exterioridad. El desafío de considerar lo político dentro de la producción de un régimen afectivo emerge como posibilidad en la medida en que las prácticas de ESS nos puedan habilitar a otras formas económicas y de mundo posibles. Un modo de producción y comercialización de productos que sostenga, como movimiento genésico, relaciones económicas donde la comercialización no esté centrada en la maximización de las ganancias, sino en una apropiación del proceso productivo que, en una construcción colectiva, componga relaciones de lo común.

Referencias

1 

Alquézar, R. (2018). De principios y valores: Reflexiones para el análisis de las prácticas en economía social y solidaria. In E. Santamaría, L. Yufra, & J. de la Haba (Eds.), Investigando economías solidarias (Acercamientos teórico-metodológicos). ERAPI-Laboratori Cooperatiu de Socioantropologia.

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Financiamiento

Agencia Nacional de Investigación e Innovación (POS_NAC_2018_1_152134)