Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 19, No. 2 (2020)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol19-Issue2-fulltext-1912
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Gómez Núñez, Mieres, Lazo, Hidalgo, Jaime, Rojas, Gajardo, and Rojas: La experiencia cooperativa como momento editorial en el campo cultural



Desde el 18 de octubre de 2019, varias organizaciones irrumpieron en el sistema sociopolítico chileno para plantear soluciones a los problemas de fines del siglo pasado, así se llegó a un alzamiento popular que abrió un tiempo constituyente para el año 2020. Es indudable que la interpretación de estos hechos debe retomar las reflexiones que las personas hicieron sobre el modelo económico cuando autogestionaban sus recursos para cubrir necesidades, y también hay que considerar los modos de apropiación del excedente social del trabajo de autogestión que produce comunidad societaria y bienes comunes (Cid, Saravia, Letelier, Sandoval, & Giovannini, 2018; Gómez, Benítez, & Sánchez, 2019; Vanhulst, & Carroza, 2019).

En ese escenario, la mantención de una editorial no sólo es una estrategia para satisfacer una necesidad intelectual individual, sino que muestra prácticas colectivas que pretenden ensanchar la bibliodiversidad. Más aún, si un grupo de editoriales acuerda acompañarse en los afanes de la cadena del libro y logran darle vida a una “esfera pública de lo literario” (Vanoli, & Saferstein, 2011, p.70). Por ejemplo, al realizar la feria La Furia del Libro en el centro cultural Gabriela Mistral (ver Figura 1, Figura 2 y Figura 3), cuando la lista de eventos suspendidos ya registraba el Foro de Cooperación Asia Pacifico (APEC), la COP25 y la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA). Entonces, suponemos que estamos abordando un mundo “privado-social” que ha puesto límites al sector “privado egoísta” (Quijano, 1980, p.718).

Figura 1

Acceso a feria La Furia del Libro 2019. Fuente: Nicolás Gómez Núñez.

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Las siguientes páginas se dedican a los aspectos centrales de las lógicas de acción de los integrantes de la cooperativa de editores La Furia, para responder la siguiente pregunta, ¿qué dimensiones de su autogestión son significativas para comprender la trayectoria de su organización? De este modo, ingresamos a las gestiones que hacen las y los editores para producir bienes simbólicos, específicamente un catálogo, reputación y legitimidad, gracias a lo cual también conocemos las fuentes del saber hacer en el desempeño de un oficio, el cual participa como elemento central en su trayectoria.

Al mismo tiempo, el estudio de esos desempeños explica la construcción de la bibliodiversidad, la cual es un bien común que resulta del obrar colectivo y que diversificar el espesor del campo de sentido al cual recurren las personas para indicar los componentes de su mundo, esa densidad es factible gracias a las posibilidades de designación de las cosas y está relacionada con la variedad de la polisemia disponible, tanto por la información sociotécnica para guiarse en las rutinas diarias como por las informaciones que se requieren para ingresar en otras acepciones sobre los mundos posibles.

En esos términos, nuestros argumentos develan una serie de relaciones de reciprocidad que están guiadas por la biblio-diversidad, y que al mismo tiempo la producen desde las diferentes disposiciones que orquestan el emprendimiento asociativo que conocemos como la cooperativa de editores La Furia.

Figura 2

Asistentes a Furia del Libro 2019. Fuente: Nicolás Gómez Núñez.

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Entonces, es importante asumir que la calidad de la principal obra de una editorial, el libro, que siendo bien simbólico es también una mercancía, define la postura de cada editor en referencia al valor estético y luego al posible éxito comercial. Pero, para que esta postura pueda suceder, es necesario que se articulen los aprendizajes que provienen de las reflexiones sobre las experiencias de ser editor en Chile. En esos términos, sus prácticas demuestran el oficio de analistas del mundo del arte, lectores avezados y comerciantes intrépidos en busca del favor del público.

Bourdieu (2002) enseña que todo editor logra un sentido público que participa en la construcción intersubjetiva de la objetividad en torno a la cual los escritores, los lectores y los mismos editores se definen en un periodo de tiempo. Entonces, los resultados del estudio que exponemos también son registros de las cualidades de la identidad compartida por quienes se organizan para diversificar los sentidos en la trayectoria del campo intelectual de Chile.

Pero el libro publicado oculta esas asignaciones de sentido y los usos de los artefactos que participan en su elaboración. A nuestro entender, el conjunto de condiciones que forjan varias tecnologías sociales que dan cuerpo a las redes sociotécnicas de la cadena del libro, son las que Becker (2008) subraya para explicar cómo se hilvanan las convenciones de las cooperaciones en el mundo del arte, gracias a lo cual se exhiben las ideas, declaraciones de obligaciones y derechos de los artistas y del público, y ayudan a que sucedan los “momentos editoriales” (Becker, 2008, pp.43, 48, 232). No sólo eso, agregaría Bourdieu, la relación con el libro es siempre una rutina de juicios reales entre creadores, los cuales aportan a una representación social de esa obra como si en ese nivel fuera la “integración de juicios singulares” (Bourdieu, 2002, p.27).

Tanto Becker como Bourdieu comparten que la percepción artística no sólo se construye en sucesivos momentos editoriales que hacen posible ensayar las competencias de desciframiento, sino que también suponen que participa como disposición de prácticas individuales y colectivas de apropiación del libro. De ahí que el libro sea un bien simbólico. Es también en ese mundo donde los editores aprehenden, innovan y reproducen una “matriz de sentido” (Schütz, & Luckmann, 2003) que concede acceso al mapa sociopolítico del universo intelectual y a la “competencia artística” para, por ejemplo, entregar una crítica literaria o definir la unidad de propósitos en la acción colectiva (Bourdieu, 2002, pp.61, 69).

Es factible que sea gracias a esos encuentros donde hombres y mujeres se conocen en el ejercicio de ser editores, que la “amistad comercial” (Tönnies, 1942, p.89) favorece el desarrollo de interacciones que no tienen como meta un objetivo instrumental, sino que el despliegue de la sociabilidad lúdica capaz de aplacar las egolatrías de las personalidades y guiar la autorregulación de los individuos involucrados. Y, al concentrarse en la idea de amistad, esa categoría ahora dominante se vuelva fuerza productiva porque acoge la vida, la cual deberá acomodarse al interior de esa idea de amistad de ahí en adelante (Simmel, 2002, pp.84-85; Simmel, 2004, p.55).

Es posible suponer que esos símbolos de amistad predisponen a los editores a trascender su organización para empujar prácticas que benefician a la colectividad. Gálvez, Osorio, Berroeta, Castro, Vergara y Alarcón (2018) agregarían que son “horizontes alternativos de transformación social” que “disputan los espacios “cercados” por el capitalismo”.

Figura 3

Fachada del centro cultural Gabriela Mistral durante la feria La Furia del Libro 2019. Fuente: Nicolás Gómez Núñez.

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Por ejemplo, para jugar a favor de la bibliodiversidad (Mihal, 2013), idear emprendimientos asociativos autogestionados que adoptan la figura de cooperativas y ferias que tienen rasgos de “ágora” (Braudel, 2002; Polanyi, 2009) o para alentarlos a tomar compromisos no comerciales, “funciones morales, ciudadanas y patrimoniales” (Symmes, 2015, p.337).

También sabemos que cada bien simbólico tiene una trayectoria por fuera del “circuito de la vida literaria”, específicamente en circuitos mediáticos y en circuitos críticos (Revettino, 2011). Entre las cualidades actuales del circuito mediático que incide en el mercado del libro, que como todo mercado realiza recortes en los modos de producción y comercialización, alienta las trayectorias de algunos de sus participantes y crea las condiciones para que se organicen grupo de interés (Callon, 2007), se encuentra la hegemonía que ejercen “los imperativos de una implacable racionalidad económica” que fomenta, por un lado, un flujo contante de bienes culturales desde los países centrales hacia las periferias, “homogeneizando el gusto” (Astutti, & Contreras, 2001, p.771); y, por otro lado, resignifica en las categorías de lo exótico o lo folclórico al bien cultural que viaja al centro, especialmente cuando se trata de áreas lingüísticas.

Incluso, para el caso chileno, esos imperativos tensionan las estrategias de las editoriales de la cooperativa La Furia. Por lo cual, sostenemos parafraseando a Bourdieu (2002, p.119), que su disposición para jugar en el mercado del libro también está motivada por la búsqueda de la participación para construir reglas y desalentar la mercantilización de la cultura.

Sin embargo, la racionalidad económica ha colonizado por monopolio el mercado del libro, va más allá del Impuesto al Valor Agregado y se refleja en la libertad que tiene el revendedor para especular sobre el precio cuando lo presenta en su estante. Para 2017, las personas pagan $11.139 pesos en promedio (US $17) por un libro chileno, o $16.603 pesos promedio (US $25.5) por un libro importado. Mientras que la compra se podía realizar en 355 librerías (61% del total nacional de acceso al libro) y en 38 supermercados (6.5% del total nacional de acceso al libro) (Editores Independientes de Chile, 2017).

Si comparamos el tipo de población abastecida, las librerías apuntan claramente a sectores más acomodados de la sociedad siendo más de un 70% de su cobertura población ABC1 y C2, mientras que el sector C3 no alcanza el 20% de la población abastecida “El sector más pobre de la ciudad simplemente tiene un acceso marginal o no significativo al mercado del libro” (Editores Independientes de Chile, 2017, p.35).

Por otro lado, el año 2018, la Fiscalía Nacional Económica (FNE, 2018) observó que las editoriales SM y Santillana controlaban el mercado del libro de uso obligatorio en los diferentes sistemas educacionales de Chile, en el sector municipal y de financiamiento compartido, fue del 80% de los libros que adquirió el estado. También advirtió que el precio estaba atado a los escasos lugares de venta de libros y a un piso que se inició en veintinueve veces su valor hasta un techo de cuarenta veces, el ejemplo usado por la FNE fue gráfico: un libro que al estado le cuesta $ 877 pesos (US $1.3), en las librerías es vendido a $36.900 pesos (US $56.7). Al cierre de su indagación, en 2019, la FNE concluyó que no hay competencia en el mercado del libro en Chile.

A grandes rasgos el mercado chileno se comporta como los demás mercados de bienes simbólicos (Mihal, 2013; Symmes, 2013) donde hay dos clases de productores de libros que articulan “tensores estructurales” que exacerban las diferencias (Sorá, 2013, p.112). Un tipo de editorial no está obligada a demostrar el valor de uso de los contenidos de sus libros porque año tras año serán comprados. En estos términos, definen la cosa que será leída inmediatamente como con valor de intercambio, es decir, llevan mercancías a los consumidores esclavos de una posición de mercado. Bajo los criterios de Braudel estamos en presencia de un “contramercado” que “dibuja ante nuestros ojos una "esfera de circulación" evidentemente distinta” porque se “desembaraza de las reglas del mercado” (Braudel, 2002, p.22).

Los otros productores, como las editoriales de la cooperativa, deben crear el ágora para que las personas concurran a conocer sus libros y los revisen sin compromiso de intercambio (Fuentes, Ferretti, Castro, & Ortega, 2015). Es posible que esas prácticas inviten a llamarlas editoriales “boutique” porque segmentan la oferta y llegan a “lectores profesionales” con alto nivel de escolaridad (Vanoli, & Saferstein, 2011, p.82-83). Desde un punto de vista complementario, y parafraseando a Astutti y Contreras (2001), pensamos que estas editoriales son las responsables de fabricar una “micropolítica cultural” que cava “intersticios o vías de fuga en la maquinaria de la industria cultural” chilena, gracias a lo cual se revalora la formación de lectores con pensamiento crítico y autónomo, y las diversas producciones locales que no se adecuan a los criterios comerciales o al tipo de libro best-sellers (2001, p.771, 779).

Método

Diseño de la investigación

El diseño de investigación se inició con el descubrimiento de las editoriales de la Cooperativa La Furia, cuando accedimos, en 2017, al afiche de la feria de libros que muestra la Figura 4. Esta experiencia nos hizo sentir que habitábamos un espacio paralelo a ese mundo del arte, a pesar que buena parte del equipo de investigadores pudo haber conocido a estas organizaciones cuando recorrieron los informes publicados por la División de Asociatividad y Economía Social del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo del estado de Chile. Ese mismo año, el Comité de Ética de la Universidad Central de Chile, aprobó nuestra metodología y avaló la adjudicación del concurso interno de proyectos I+D (CIP2017003).

Nuestro estudio retomó los conceptos e hipótesis que habíamos ensayado en la economía popular y supusimos lo siguiente: la trayectoria de la organización económica se comprende porque su autogestión conlleva especialización y diferenciación interna, debido a que la organización requiere coordinarse con las empresas micro y medianas (Reygadas, Pozzio, & Medina, 2015), públicas y no gubernamentales. En consecuencia, dicha intersectorialidad demanda que sus integrantes participen como expertos para lograr aumentar la cantidad de clientes y consumidores o la calidad y variedad de insumos; y como representantes que buscan incidir en la política pública, y así ser incluidos en el diseño y/o la implementación de los programas de fomento productivo.

Análisis

Hubo dos etapas entre 2017 y 2019, en la primera fuimos revisando la posibilidad de entrevistar a un representante de cada una de las 41 editoriales de la cooperativa, también confirmamos que no podíamos hacer observación para, por ejemplo, describir sus instalaciones, debido a que su modo de producción es una red virtual-digital basada en trabajos especializados; y usamos, en 16 oportunidades, la entrevista semiestructurada gracias a la cual dialogamos sobre el consentimiento informado de la herramienta, el proyecto económico de editorial, la misión social, el gobierno y participación de sus integrantes y sobre los aprendizajes en la gestión de la editorial.

En la segunda etapa se usó el análisis de red social para tratar los contenidos de las interacciones que se habían dado entre las editoriales o, más bien, entre las personas que gestionaban la red de servicios que producen bienes simbólicos. Este análisis se inició buscando las categorías elementales para la investigación, a saber: cogobierno de la cooperativa, entrega de asistencia técnica, trabajo asociado, donación (reciprocidad) y difusión, en tres tipos de registros: transcripciones de entrevistas, redes digitales, específicamente Facebook; y en diarios y revistas dedicadas a la literatura. Al mismo tiempo, estas diferentes fuentes de información constituyeron el proceso de triangulación que estableció la fidelidad de los datos con los cuales se trabajó. Un resultado de este análisis mostró que las editoriales sí mantenían relaciones diferentes entre ellas, y que la administración de la cooperativa les proporcionaba un campo intelectual y un fondo de recursos (marcado con líneas amarillas en la Figura 5), el cual era reconocido a través de un sentido de pertenencia que, por ejemplo, circunscribe los alcances de las variables internas e, incluso, les ayuda a instrumentalizar la figura jurídica cooperativa en las disputas y tensiones en el mercado del libro chileno.

Figura 4

Programa feria La Furia del Libro, 2017. Fuente: La Furia del Libro.

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También el análisis de red nos enseñó que once editoriales articulaban trabajos asociados y mantenían el gobierno de la cooperativa. Este resultado inauguró una nueva fase en la segunda etapa, y nos hizo volver a revisar las categorías que emergían en las transcripciones de entrevistas, para lo cual usamos el análisis de contenidos. Entre esas categorías se encontraron las siguientes: cooperativa, editor, escritor, editorial, proyecto fracasado y empresa. Trabajamos estos resultados y los presentamos continuación como los tipos ideales que exacerban las convenciones encontradas en las entrevistas, específicamente, reconstruimos la representación típica de la cooperativa y la editorial, así ofrecemos una indicación sobre las variables que en los discursos aparecen mezcladas. Luego, mostramos una lista de opiniones de las y los editores para ejemplificar las diferentes modulaciones que adquieren esos tipos ideales en esta parte del mundo del arte.

La ruta que tomó nuestra experiencia científica se inscribe en los diseños comprensivos que consideran los procedimientos de la teoría fundamentada y el estudio de caso (Forni, 2010; Gómez, 2010; Stake, 1998), y al revisar lo hecho es factible aseverar que nos situamos en la “perspectiva constructivista moderada” (Sanabria, 2018) que busca conocer la manera en que se platean las convenciones sobre las variables que explican las trayectorias desde quienes habitan la vida cotidiana.

Resultados

La presentación de resultados tiene dos momentos. En el primero se busca fijar el escenario de la asociatividad de la cooperativa, donde está el sentido de pertenencia de las y los editores, su campo intelectual específico y el fondo de recursos. En ese contexto, el código: “cooperativa”, debe ser entendido como una sucesión de etapas reconocidas por las y los entrevistados como hitos de su memoria compartida. Luego, se abre un apartado de “saberes objetivados”, que presenta una descripción de los criterios de uso del saber hacer durante las prácticas editoriales, por ejemplo, se muestran las tensiones sobre la política del libro y las expresiones del reconocimiento que, al mismo tiempo, manifiestan los criterios de depreciación de las posiciones comerciales en el mercado de bienes simbólicos. En el segundo momento, se ingresa a las condiciones que las y los entrevistados asumen como significativas cuando deben explicar la trayectoria de la editorial en un campo cultural como el chileno.

La cooperativa

Hay varias instancias asociativas donde se reflexiona sobre la política del libro, la lectura y los escritores, la reunión evidente es la asamblea, pero la misma no agota las posibilidades que se dan en el trabajo entre editoriales. Aún más, el surgimiento de la cooperativa reiteradamente se lo inscribe en las conversaciones que hubo cuando se participó en la Furia del Libro, tanto así que la asociación comenzó a llevar ese nombre; pero todo hace suponer que fue en ese encuentro donde se tomó la decisión de pasar a formalizar una institucionalización que se venía produciendo desde otros encuentros.

‘Ahora, es gracias a esa posibilidad de tener esta personalidad jurídica y estar más y más insertos en la producción de libros que en ese mismo año, 2013, comenzamos a trabajar con las personas que estaban señalando que era necesario formar este gremio que era la cooperativa de editores de La Furia (verFigura 6), que comienza sus primeras reuniones en 2013, pero que ya pasa a concretarse como una personalidad jurídica llamada: “Cooperativa de Trabajo de Editores de La Furia”, recién en 2014, 2015. Es decir, que se realizan las reuniones propiamente tal, antes fue prácticamente un año de funcionamiento de reuniones donde todavía no existían estas veinte firmas, que en verdad eran un poco más que conformamos la cooperativa, que eso ya fue un proceso posterior y que de un tiempo a esta parte ya ha aumentado casi al doble de editoriales asociadas’ (N/E)

(Códigos: 1

= Cogobierno cooperativa; 3 = Entrega asistencia técnica; 8 = Trabajo asociado; 10 = Dona; 22 = Difusión). Fuente: Elaboración propia.

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Figura 6

Primer registro de los nombres de las editoriales fundadoras de la cooperativa La Furia. Fuente: Cooperativa Editores La Furia.

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‘Esta etapa de la trayectoria va desde la “personalidad jurídica” hasta la gestión de “la librería” de la cooperativa. Es un “momento de entusiasmo” que los llevó a dibujar un futuro sin considerar las capacidades asociativas, las calidades de la heterogeneidad de cada editorial y las exigencias del modelo de negocio que viaja a través de la política pública del estado chileno. Fue este último factor el que develó las diferencias, las cuales se expresaron como: “mala gestión”, “desorden”, y lo significativo fue cuando la etapa se evalúo como “pérdida de tiempo” y lo que se hacía en la asamblea dejó de tener sentido. La siguiente etapa de la trayectoria de la cooperativa es de dispersión y de trabajo asociado entre editoriales que forjaron una proximidad y representaron sus encuentros desde la fraternidad comercial. El contenido de la convención es: “estar informado, pero no para una participación activa”. Y con el correr del tiempo y con la distancia que da la disminución del entusiasmo, el valor por estar juntos lo dio el reconocimiento de ser un “interlocutor” en la “discusión del libro”’.

‘Nosotros tuvimos un momento de entusiasmo cuando partió la cooperativa legalmente y se armó la librería en barrio Italia, la librería fracasó y era un peso que no podíamos cargar económicamente. Nos ganamos un SERCOTEC (Servicio de Cooperación Técnica, Ministerio de Economía, Fomento y Turismo de Chile) para hacer una distribuidora, la distribuidora también fracasó, por mala administración, desorden. Y yo ahí, yo que era la más metida de los tres, dije: “estoy hasta acá de esto”, y me fui. No me fui legalmente, sino que dije: “no voy a gastar mi tiempo en esto”. Y claro, cuando no funcionó ni la distribuidora ni la librería, todos igual nos disgregamos un poco y ahora están tratando de volver a juntar a la gente, y va el (nombre del asociado a la editorial) a las reuniones como para estar informado, pero no para una participación activa.

E: Perfecto, y la cooperativa, ¿cumple algún rol primordial?

En nuestro caso no, ninguno. Me imagino que para otras editoriales sí, sobre todo porque la cooperativa en el fondo, en ese primer momento en que se armó legalmente, que se armó la librería, se ganó el SERCOTEC, fue un momento de altura, se configuró como un interlocutor válido para la discusión en torno a la ley del libro y de las políticas públicas. Y desde ese lugar claro, digamos que la discusión del libro está en el Consejo, la Cámara, EDIN, las editoriales más grandes independientes desde los ochentas, noventas digamos, Editores de Chile y la Cooperativa. Entonces en una mesa entorno al libro están esos cuatro interlocutores como mínimo. Y si hay un interlocutor en términos políticos, la pega que está haciendo el de (nombre de la editorial de la cooperativa) claro que tiene alguna importancia para los que están generando ese diálogo, porque también ahí generas contactos, redes, pero no es nuestro caso’ (CT)

Saberes objetivados

En la cooperativa hay varios saberes objetivados (SO), entre ellos se encuentran los siguientes:

Interlocutor en la política del libro en Chile

La cooperativa es una articulación que forja a un actor político, y sus fuentes de legitimidad están en la producción de la bibliodiversidad y en la calidad heterogénea de su participación en los espacios públicos, ambos niveles generan “afinidad de los catálogos y ser convencidos que el libro es un instrumento político y social.”

Democratizar el mundo del arte

Se sabe y se busca crear relaciones que promuevan encuentros públicos, gratuitos y de calidad entre: escritores, editores y lectores. Desde ahí se establecen diferentes estrategias.

El trabajo cooperativo de producción y distribución de libros entre todas las editoriales de La Furia es inviable

Los factores relevantes son las experiencias que constituyen la trayectoria de cada persona y de su organización editorial, lo cual puede expresarse de la siguiente manera: “crecimos profesionalmente todos en el bien y en mal, en la ilusión y en las desilusiones y hasta en las diferencias”. Entonces se sabe que es una red socio productiva y socioafectiva articulada sobre procesos asociativos acotados, donde las fraternidades comerciales, productivas y creativas, están basadas en la ubicación que tiene la participación de cada integrante según una “barrera bien particular” entre: los que son editores independientes y escritores que publican en multinacionales, y los que han rechazado esa ruta y se quedan en su proyecto editorial. Para estos últimos, la cooperativa podría llegar a “generar reales cambios” en la política pública del estado chileno, siempre que una parte de la asamblea dejara la “actitud contemplativa”. Entonces se producen varios aspectos “comunes de conflicto” que impiden “tener una visión clara”.

“Mundillo” de recursos

La cooperativa es un fondo de elementos que participan en los procesos creativos y de reproducción de la cadena del libro. Por ejemplo, se enseña el criterio de la legalidad y la formalidad, se desalienta la informalidad, se promueve la formación de una empresa para entrar a librerías, dar guías de despacho y facturas; y hay personas que enseñan cómo se hace “ese conjunto de cosas que, si bien parecían sencillas, en ese entonces pensábamos que eran necesarias y a la larga ya nos fuimos dando cuenta de sus complicaciones”.

Autogestión

La cooperativa reúne a los que saben que el trabajo editorial está basado en la rotación de las tareas entre los integrantes o “el trabajo no está compartimentado como las editoriales grandes”; las actividades son voluntarias, están guiadas por el placer que ellas reportan: “la pasión por el trabajo”, más aún cuando se logra el producto y sus resultados reafirman el objetivo por el cual se está en esa forma de economía; y los demás actores del mundo del arte reconocen su ética, compromiso con la política cultural y la responsabilidad con la producción. Al revisar el estudio de Ruggeri (2018), advertimos que estas cualidades de la autogestión emparentan a las editoriales de la cooperativa La Furia con las organizaciones de la Economía Solidaria y con los “falansterios” de Fourier (2018, p.38).

Filtros informales

En la cooperativa todos pueden participar, pero dado que es una comunidad de expertos en la producción de bienes simbólicos, tiene criterios desde los cuales se deprecia los modos de producción que fabrican libros como mercancías y conciben la editorial como imprenta.

A continuación, mostramos los extractos de entrevistas que recorren las cualidades de los saberes objetivados, o las modulaciones prácticas de las variables que articulan los tipos ideales.

Saber Objetivado. ‘Entonces ahí surge una barrera bien particular porque nosotros, como una cooperativa, no podríamos negarle su participación dentro de este proyecto, pero, al mismo tiempo, vemos que las actitudes o por lo menos quienes tenemos una visión más crítica, vemos también la necesidad de meter la cuchara donde no la tienen. Porque también en las asambleas tienen una partición contemplativa de estar viendo más bien qué pasa con estos grupos editoriales. Entonces, por ahí surge justamente ese propósito antagónico. Que a veces no se le toma el peso que se le podría tomar para generar reales cambios, digamos, en el sentido de aplicar ciertas posturas radicales ante ciertas prácticas que uno no avala. Un espacio de común conflicto, en este sentido, es la Feria Internacional del Libro de Santiago, que es un tremendo negociado para sus organizadores que reciben fondos del estado, que tienen la Estación Mapocho gratis, que tiene auspiciadores y que, más encima, cobran entrada. Entonces, el negocio para ellos está bastante asegurado y, por lo mismo, no lo han querido soltar durante décadas.’ (N/E)

Saber Objetivado 1. Por una parte, el perfil de los editores son todos bien de carrera humanistas, filosofía, historia, literatura, periodismo, creo que eso es importante, por otra parte, está la pasión por el trabajo y sin importar tanto las retribuciones económicas, sino más bien creer en las variables de las que comentamos, ¿qué otra características, así como común?, esta idea de que todos tenemos que hacer de todo en la editorial, el trabajo no está compartimentado como en las editoriales grandes como por un tema económico, creo que eso también es un tema importante y define la forma en que haces el trabajo porque tienes que conectarte con todo el proceso del libro.

E: ¿Y qué papel ha tenido la cooperativa en el funcionamiento de tu editorial?

Yo creo que ha servido como un espacio de encuentro para editores, creo que ese rol lo cumplió bastante bien, y lo otro que ha funcionado bien es canalizar la información que viene del estado principalmente y de los otros gremios del libro, porque acá existen otras asociaciones de editores, entonces, si nosotros no perteneciéramos a la cooperativa no tendríamos acceso a esta información que tiene que ver desde ferias internacionales ponte tú, mejores condicione en la FILSA, claro va como por ese lado’ (DM)

Saber Objetivado 2. ‘Cuando estamos en la cooperativa sabemos que hay dos maneras de proceder: una la clásica, o sea, que cada uno piensa al bien de su casa y la otra, o sea que se piensa al bien de la casa de todos. Y aún a veces es difícil y hasta utópico, movernos juntos lo más que se pueda marcar siempre una diferencia. Crecimos profesionalmente todos en el bien y en mal, en la ilusión y en las desilusiones y hasta en las diferencias.

E: ¿Considera que la editorial y la cooperativa han establecido una propuesta de incorporación de la perspectiva de género?

Absolutamente sí, es cosa de mirar los catálogos, ver el empeño social de varios para descentralizar el acceso al libro y organizar ferias en regiones, pienso en la gran labor que hace (nombre de la asociada a la cooperativa) por ejemplo. Todos repudiamos el machismo y un modelo patriarcal, y pienso que somos conscientes también que en eso hay solo que seguir mejorando’ (E)

Saber Objetivado 3. ‘E: ¿Creen ustedes que participar en la cooperativa ha sido beneficioso?

Yo creo que hay muchas cosas positivas que se dan por el hecho de trabajar en conjunto, y que tiene que ver con el relacionarse con otros editores, y también con la relación que desde una organización puedes tener con otros agentes que participan en el mercado editorial, del estado, de las instituciones. Sí, de todas maneras. [...] Yo creo que es que hay una tendencia bien marcada, por supuesto que ninguna cosa es como exhaustiva o que todas las editoriales sean iguales, pero sí hay una tendencia a la literatura, una vocación a la literatura, una vocación literaria, más que al ensayo, a la no ficción, etcétera, siendo que hay editoriales que tienen estos dentro de su catálogo pero creo que la mayoría tiene una vocación literaria, y que también hay un énfasis en la literatura chilena y latinoamericana, quizás más chilena que latinoamericana, y a la publicación de escritores jóvenes, emergentes en Chile.

Yo creo que la lógica de un grupo incluye excluir de repente a un grupo de editores. Por ejemplo, la asamblea sólo sábados, ahí en proyectos de repente más formales, o más profesionales -no sé cómo llamarle- en que los editores trabajen de lunes a viernes y nada más, porque es trabajo formal, no propio, sino que están contratados, no van a darse la lata de ir un sábado en la tarde a una asamblea. Yo creo que esas cosas pueden funcionar como un filtro informal. De repente el tipo de catálogo: alguien que tenga un tipo de catálogo muy comercial, tampoco lo imagino que esté muy cómodo en La Furia. No me imagino una editorial católica, que haga libros de religión’ (CT)

Saber Objetivado 4. ‘Y si yo tuviera que irme hacia el otro extremo, no al de los principios sino al de la práctica, lo que más ha aglutinado ha sido la posibilidad de resolver y ofrecer oportunidades que antes no existían. Primero, organizarnos en ferias, desde que existe la cooperativa, el gobierno anterior tuvo ese foco, nos sentamos a la mesa como un grupo más. Nos han llevado a distintas ferias como un grupo más en la diversidad, en la bibliodiversidad - como se le llama también- y ahí ya hemos entrado en peleas más tecnocráticas […] (Nombre de integrante de una asociación gremial de libros) nos dijo un día, pero como si nosotros publicamos diez mil libros, y nuestra respuesta fue: “sí, pero del noventa o cien por ciento de los premios de literatura del año pasado nosotros nos llevamos el cincuenta por ciento de los premios de calidad literaria, en este gremio, y tu gremio está en el volumen. Por eso, ¿qué vamos a poner sobre la balanza?, ¿cómo queremos leer la realidad?

Y yo creo que eso es lo que más nos aglutina, lo práctico porque nadie tiene tiempo. Y si alguien tiene tiempo para la editorial, para la cooperativa queda menos. Entonces, donde más nos vemos y nos activamos es en lo práctico. En ferias. Y generar los espacios para que ocurra la discusión sobre los libros, en feria del libro internacionales, ferias nacionales; y cada editorial va tomando su tipo de oportunidades […] Siempre hemos intentado hacer talleres de definiciones, declaraciones, pero no nos resulta. Yo diría que en general, hemos ido tomando distintas cosas, y el estado de desarrollo de cada uno es distinto, los intereses son distintos. Esta plataforma ha abierto cursos en lo formal, capacitaciones, oportunidades de viajar. Entonces es así el aprendizaje. Nos ha servido para tomar contacto con otras agrupaciones similares, en Argentina, en otros países’ (S)

Proceso de producción

El estado en el cual se encuentra la organización de recursos en la editorial-tipo, hace evidente el rasgo flexible de la producción, en esa organización es central la comunidad de trabajo y el saber editar, pero también hay otras dimensiones que no abordaremos en este artículo, entre ellas: la pluriactividad que incide en el tiempo social de los momentos editoriales, las relaciones de la impresión y la distribución; y el saber diseñar proyectos y ferias. A continuación, exponemos los componentes centrales que ayudan a comprender la trayectoria de la editorial.

Comunidad de trabajo

La editorial está basada en una comunidad efectiva animada por los intereses intelectuales, una ética social y la realización práctica de la producción del libro. A veces es un grupo de personas ligadas por las funciones de la división del trabajo que va reflexionando sobre sí misma, a modo de comunidad interpretativa, la que se normaliza en rutinas de socialización donde se enseña y aprehende a ser editor.

Fragmento A. ‘En esta fecha nos reunimos para conversar, evaluar el año pasado, planificar el año que viene y siempre está la pregunta sobre el funcionamiento de la organización, y somos totalmente conscientes que aquel tópico nosotros lo dejamos situado en el ámbito de la plasticidad. Es decir, siempre estamos reformulando esa organización. Siempre estamos armándola nuevamente. En ese sentido somos “rizomáticos” por decirlo en términos deleuzianos, no tenemos una sola estructura que se repita a sí misma constantemente, sino que está permanentemente cambiando en el tiempo en función de las voluntades que nos vamos encontrando. Hay algunas que nos mantenemos desde antes y otras que se van adhiriendo. Hay otras que pasan y se van, pero funciona de esa forma’ (E/N)

Fragmento B. ‘O sea, nos dábamos cuenta que nos interesaba que la poesía tuviera una cierta densidad, en relación como abrir un lugar de pensamiento, ¿cómo la poesía puede pensar el mundo en el fondo?, y desde ese lugar que era más reflexivo nos dimos cuenta que nos faltaba una conexión que fuera más dirigida, y ahí abrimos la filosofía cuando entraron los chiquillos. O sea, el (nombre asociado) se dedica a la literatura, y los tres estudiamos literatura, pero el (nombre asociado) se especializó en literatura infantil, hizo unos diplomados y ahora está estudiando el diplomado de edición. Y el (nombre asociado) se especializó en filosofía hizo un doctorado. Y yo también hago un doctorado en filosofía, entonces estamos como todos medios cruzados, o sea, tenemos ciertos cruces interdisciplinarios, y ahí decidimos abrir la colección de filosofía primero, y después nos dimos cuenta que estaba todo separado como: poetas escriben, filósofos piensan, quedó así, dividida. Dijimos: “¡puta! Necesitamos algo que cruce eso”, y ahí armamos la tercera colección, porque ahí son escritores que piensan. O sea, que no necesariamente los poetas escriben y los filósofos piensan, también los escritores piensan. La consigna es que la literatura como disciplina no solamente es creación, sino que también es una disciplina de pensamiento.

Los tres participamos full, nos juntamos en vacaciones cada año y armamos el catálogo. Y después definimos qué podemos publicar según la plata que tenemos, la plata también la manejo yo, entonces: “hay esta cantidad de plata, esto sale cada plaquette, podemos sacar no sé, con la plata que tenemos diez plaquette en este año u ocho”, y teniendo el número decidimos la cuota’ (CT)

Saber Editar

Es una dimensión del saber hacer en el mundo de vida de la editorial, por lo cual, reporta placer cuando se utilizan los criterios que diferencian las calidades de los contenidos de los libros y las relaciones puramente comercial de las que no lo son. Entre sus indicadores están los siguientes: procesos de lectura de los documentos escritos enviados por los autores y la evaluación comentada en la comunidad de la editorial donde se construye una calificación que hará posible, o no, que la historia leída, su estilo o estética, accedan al catálogo. En caso de aprobación, también supone diálogos entre la editorial y el autor, para mejorar lo elemental: redacción y ortografía, y plantear exigencias al escritor para sacarle rendimiento a sus capacidades; es indudable el uso de software, más aún cuando se trata del trabajo de varios editores en coedición y/o en traducciones.

Fragmento C. ‘El editor es la persona que elige un contenido, lo interviene y se preocupa que dicho contenido funcione mejor, que evidencie un meta-relato, gestiona sus detalles más mínimos eliminando ripios innecesarios. Luego de eso es quien elabora la Carta Gantt del libro. Tu mente como editor siempre está dos años más adelante y seis meses atrás. La composición de cada libro debe estar orientada a la trascendencia de la obra, a que tenga mejor operatividad en el tiempo. Corresponde hacer una distinción entre dos vertientes que se confunden en la definición de un editor: no es un corrector de textos, pues este es un trabajo técnico que no requiere mayor profundidad intelectual. Tampoco es la persona que cobra por asegurar la cadena de producción del libro, cuestión que pasa harto en Chile. Gente que con muy poco tino les dice a otros: “pásame un word, te vamos a leer el libro, te corrijo algunas cosas y te saco la hueá”. La ‘vanity press’, es decir, la publicación subsidiada de obras, es una estafa.

Una de mis ideas rectoras es esta: las editoriales que funcionan son aquellas que tienen claro qué es lo que no van a hacer. Tú sabes que en determinada colección de editorial Acantilado no vas a encontrar una novela pop, o que en la narrativa hispánica de Anagrama no hay trabajos que se salgan mucho del canon. Cuando una editorial se diferencia, adquiere identidad. Las editoriales que no tienen una línea clara y que sus publicaciones atienden sólo a lo que está de moda, tienden a desaparecer. Para escoger qué es lo que publicamos se presenta una doble mediación entre gusto y posibilidad de inscripción del libro. Además, está el factor de desborde, un libro publicable debe tener esta cualidad, hay libros que están muy bien escritos pero que no dicen nada. Cuando sólo se trata de la forma, no logra gustarme’ (Al)

Fragmento D. ‘En mi opinión, el editor no es un agenciador o mediador económico entre un libro y un promotor de un libro. El editor lo que hace es encontrar el valor que pueda tener un texto y mejorarlo en conjunto con el autor. No por separado. Trabajarlo en conjunto, discutirlo en conjunto, pulirlo, sacarle la capita de óxido, enderezar algunas frases siempre respetando el estilo y la obra del autor. Pero el editor, finalmente, tiene que transformarse en un acompañante permanente de la obra del autor. Pero esto tiene un costo que como tú dices, no está valorizado, por lo menos yo no sabría cómo hacerlo, y es que tú tienes que destinar una gran cantidad de tiempo a trabajar directamente con el autor. Entonces vamos discutiendo párrafo por párrafo. O decirle: "mira, aquí de repente este personaje aparece en la página doce y desaparece. No vuelve a aparecer y era interesante este personaje, pero por qué. Hablemos de la historia ¿Qué le pasó a este gallo?". Entonces, alimentar también la inquietud, la curiosidad del autor respecto de sus propios personajes. El trabajo editorial tiene que ser un trabajo creativo con el autor. Y obviamente, hoy, no hay tiempo para eso te dicen. O sea, “cómo vas a tener un editor trabajando, mira, si el libro me llega y es bueno tiene que estar listo y si no, no lo tomo”. O si: “el libro es como el orto, pero el autor tiene cartel”. Entonces el libro puede ser muy malo, lo publicamos igual porque este autor vende. Pero la función del editor es otra, o sea, uno como editor no es gerente, uno como editor no es publicista ni es promotor y agente de un fulano que se dice escritor. Uno como editor busca potenciar al autor. Eso es lo que tiene que hacer’ (N/E)

Discusión y conclusiones

La experiencia de ser editor en Chile conlleva asumir una posición frente al libro, tanto cuando se lo concibe desde su expresión estética hasta cuando se lo trata como mercancía. Un lugar donde esa posición tiene un sentido y juega un papel, es en la cooperativa de editores La Furia, porque sus encuentros facilitan tomar una postura, cambiar la que se tiene o confirmar la que orienta el desempeño editorial.

Entonces hemos advertido que la cooperativa legitima un conjunto de criterios que arriban a la bibliodiversidad, la cual participa como objetivo anhelado y, por lo mismo, es un referente para evaluar el bien cultural que cada editorial pone en intercambio para su desciframiento. Así, la editorial logra una reputación gracias a los juicios que se hacen de su catálogo y que constituyen los resultados objetivos y objetivados de los momentos editoriales, los cuales no se expresan necesariamente en los símbolos del circuito crítico, comercial o publicitario, sino que en la búsqueda que hacen los escritores para trabajar bajo esos criterios de desciframiento, y porque otras editoriales que no son integrantes de la cooperativa, están dispuestas a establecer para co-construir el proceso editorial. Aquí, la cooperativa de editores La Furia es un campo intelectual de legitimación de la autogestión para elaborar bienes simbólicos, por lo cual, la fuerza de esta representación desborda la figura jurídica de la cooperativa, trasciende las prácticas básicas del modo de producción y entrega una razón para comprender la reproducción de la trayectoria de cada editorial.

Un paso más adelante. Las relaciones que se dan entre las editoriales, las mismas que fijan el sentido de pertenencia en la afinidad de catálogos, por ejemplo, producen una acción colectiva que explica la bibliodiversidad en tanto bien común. En estos términos, y siguiendo a Farías (2017), las organizaciones que hemos estudiado son las forjadoras de circuitos amplios, diversos y populares donde la apropiación del bien simbólico es democratizada.

Para finalizar, hemos leído que uno de los saberes objetivados es el que considera a la cooperativa como un lugar de recursos, al respecto podemos agregar que en su versión de red sociotécnica destaca ese recurso que anima a las personas a idear un futuro, a veces ese futuro puede ser una utopía, es decir, un futuro deseado que no empalma con las capacidades asociativas, las calidades de la heterogeneidad de cada editorial y las exigencias del modo de negocio que viaja en la política pública del estado chileno. Entonces, la experiencia de “fracaso” de los proyectos: librería y distribuidora, por ejemplo, constituyen, por un lado, la diferencia entre ese futuro deseado que no consideró el futuro probable; y, por otro lado, indica que luego de esa experiencia hay un saber referido a: la diversidad de prácticas productivas y a las posibilidades de desborde de las lógicas de acción de cada editorial, cuando se encuentran y colisionan con la manera en que el estado de Chile hace las cosas.

Sin embargo, estas tensiones que fijan un saber objetivado sobre la calidad de la intersectorialidad de cada editorial y de la cooperativa con otros actores del campo cultural, se ven circunscritas por las prácticas que representan la fraternidad en la red socioafectiva. Una dimensión de esa representación es la evaluación que se hace sobre la autogestión que no es sino el proyecto ideado y puesto en funcionamiento para producir bienes simbólicos. La revisión de esas prácticas inscribe a cada editorial como habitante del mundo del arte, le entrega carta de ciudadanía para ejercer la soberanía cultural e instituye la idea de compañerismo en el ejercicio del oficio.

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Financiamiento

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