Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 19, No. 2 (2020)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol19-Issue2-fulltext-1882
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Hernández Zapata and Ceballos Tabares: La psicologización del mal-estar social: Imaginarios sobre la psicología en estudiantes de ingreso reciente a la carrera



La formalización de la psicología en Colombia data de mediados del siglo XX y se revoluciona en la década de 1970 cuando se multiplican las facultades de psicología en distintas ciudades del país (Peña, 2007). En 1973 había 609 psicólogos graduados en el territorio nacional (Ardila, 1973), en 1985 alrededor de 4,300 y 5,700 estudiantes de este pregrado (Peña, 1986), para el año 2011 se contaba con cerca de 40,000 profesionales de la disciplina y existían alrededor de 106 programas de Psicología (Montoya, 2011).

Actualmente, según datos del Sistema Nacional de Información de Educación Superior, existen 138 programas de psicología, ofertados por 78 instituciones, concentrados especialmente en el departamento de Cundinamarca con 36 programas, Antioquia con 26, Santander y el Valle del Cauca con 11 cada uno (SNIES, 2019). Estas cifras son significativas, considerando que en los años ‘80 solo existían quince programas de psicología en Colombia (COLPSIC, 2012). Según este panorama, se estima que la tasa de crecimiento de los psicólogos egresados en Colombia es de 6.87% cada año, teniendo como base las cifras de egreso entre 2001 y 2016 (Ossa, Cudina, & Millán, 2017).

Según la tasa de crecimiento, se calcula que en 2017 hubo alrededor de 9,301 egresados, en 2018 aproximadamente 9,939 y en 2019 cerca de 10,621, sin considerar que entre 2014 y 2016 la tasa de crecimiento es mayor. En esta lógica, se encuentra que en los últimos cinco años hubo un rápido crecimiento de graduados de educación secundaria que buscan formación en psicología, configurándose esta carrera profesional como una de las más estudiadas en Colombia. Sin embargo, las cifras de desempleo de profesionales, muestran que la cantidad de psicólogos excede las demandas del mercado laboral en el país. Dicha descompensación entre oferta y demanda afecta sustancialmente los salarios y devalúa los servicios psicológicos (COLPSIC, 2016).

Es preciso situar este panorama de la psicología en Colombia a un nivel de análisis global, donde el capitalismo y su lógica instrumental imperante se extiende y aplica sobre diferentes dimensiones de la vida, a saber, sobre la naturaleza humana y no humana, sobre el arte y la cultura (Horkheimer, & Adorno, 2016). Ello implica que la educación, como proceso cultural, es permeada por la lógica instrumental, lo que lleva a entenderla en cuanto a stock de mercancías. Convertida la educación en un mercado global, se pasa a definir aquellos saberes que pueden transitar libremente, en cuanto contribuyen con el empuje al capital y a fomentar los valores del sistema económico, como es el caso de la psicología mainstream (que se desarrollará en el transcurso del artículo). Por otro lado, se define los saberes que deben desaparecer, como es el caso del declive paulatino de carreras como la filosofía, sociología y la antropología en la oferta académica de las universidades a nivel mundial. Visto así, la mercantilización de la educación se centra en la producción de conocimientos rentables, privilegiándose el principio económico frente al académico.

Dado este panorama, se debe mencionar que el perfil subjetivo del estudiante no se mantiene intacto en todos los momentos históricos, siguiendo a Foucault (1998, 2001) dicho perfil es una forma histórica debidamente constituida en el seno de entramados discursivos, en los cuales se guían las conductas y deseos de los sujetos. Así, en la presente formación histórica emerge con mayor fuerza el sujeto consumidor de educación, aquel que alinea sus intereses de formación académica basándose en las demandas del mercado y/o en los valores del capitalismo.

Figura 1

Egresados de los programas de psicología entre 2001 y 2016. Fuente: Análisis descriptivo de los programas de formación en psicología de Colombia. ASCOFAPSI, 2017.

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Lo anterior implica que, para analizar la elección de una carrera, no solo se debe tener en cuenta factores vocacionales, sino, además, una comprensión detallada de los procesos de subjetivación del estudiante, en donde intervienen saberes y tecnologías para el gobierno de la subjetividad, que señalan las formas esperadas de relacionamiento del sujeto con el saber, la profesión, el mercado y el sistema económico. Desde este abordaje, el sujeto es considerado una producción discursiva que cobra inteligibilidad en el marco de determinados modelos de sujeto, para este caso, modelos de ser estudiante y profesional, cargados de una serie de normas y predisposiciones que terminan por dictaminar lo que debe ser, donde orientar sus deseos, elecciones y prácticas, proceso que implica su configuración identitaria.

Para analizar la elección de la psicología como carrera, se deberá rastrear el entramado de fuerzas discursivas que hacen de la psicología una profesión atractiva en el mundo contemporáneo; revisar los discursos neoliberales que fomentan el individualismo y la gestión del self como práctica para el desarrollo humano; los discursos de la especialización y la experticia, que implican prácticas divisorias de los sujetos, como las de ser interventores o intervenidos, legos o expertos; discursos como el de la resiliencia, promotor de técnicas y modelos para la adaptación de las personas, mas no para la transformación de las estructuras sociales que producen mal-estar. Ante tal escenario, emerge la pregunta respecto de los imaginarios sobre la psicología presentes en estudiantes de ingreso reciente a la carrera en dos universidades privadas de Medellín: la Universidad Cooperativa de Colombia y la Universidad Pontificia Bolivariana. Según los imaginarios se aportará insumos para responder las preguntas: ¿Por qué es atractivo estudiar psicología en este momento histórico? y ¿Cómo se relacionan dichos imaginarios con el crecimiento exponencial del gremio de psicólogos?

Sintetizando, en este artículo se analiza la relación entre la elección creciente de la carrera y los imaginarios sobre la psicología presentes en los discursos. Tal empresa investigativa encuentra cabida en un contexto sociolaboral donde el incremento de psicólogos dificulta la empleabilidad, fomentando la precarización laboral y de remuneración profesional. Resulta pues pertinente analizar los significados relativos a la figura del psicólogo, aportando un panorama sobre el modo en que se ha venido comprendiendo la psicología en Colombia, así como los discursos estereotipados y figuras retóricas que construyen la imagen del profesional, imagen que circula mediante diversos canales discursivos influyendo en la elegibilidad, atractividad y significación de la carrera. Así, este artículo describe elementos de la identidad y praxis e la psicología colombiana, señalando los impactos de dispositivos e ideologías contemporáneas en el pensamiento y la acción social.

Sobre la elección de carrera

Investigaciones indican que los estudiantes están influenciados por una multiplicidad de factores contribuyentes a la elección de una carrera universitaria, entre estos: la capacidad intelectual, estilos personales, perspectivas de empleo, antecedentes familiares, presión de los padres, percepciones sobre las disciplinas, enfoque de mercado, plan de estudios, opciones de las universidades, etc. (Farías, García, Monforte, & Prott, 2004). Estas influencias convergen sobre el sujeto y se configuran dentro de un marco social específico donde se ve estimulado a reproducir sus simbolismos y prácticas.

El estudio sobre la elección de la carrera de psicología desde la teoría de los imaginarios sociales no ha sido abordado, sin embargo, se han realizado trabajos desde categorías como las representaciones sociales y la motivación, conceptos reconocidos en la literatura científica como factores implicados en la elección. Así, en investigaciones sobre factores motivacionales se ha observado la prevalencia de motivos altruistas y prosociales (Álvarez-Uría, Varela, Gordo, & Parra, 2008). Existe un número considerable de estudios cuantitativos que emplean el Cuestionario de Motivación para Estudiar Psicología (MOPI), que relacionan la elección de la carrera a motivos como la superación de problemas personales y al prestigio social (Durán, González, & Rodríguez 2009), estos resultados son disímiles a los presentados por Rovella, Pitoni, Delfino, Díaz y Solares (2011), que indican que la superación de problemas afectivos tiene poca incidencia en la elección, así mismo, a los hallazgos de Villamizar y Delgado (2017), que señalan ciertos motivos extrínsecos como el poder y el prestigio como secundarios.

Estudios sobre las representaciones sociales de la psicología ponen de manifiesto su reducción al enfoque clínico (Sierra, et al. 2005), identificándose que la psicología educativa, social, jurídica, deportiva, entre otras, gozan de menos preferencia (Lodieu, Scaglia, & Santos 2005; Sans de Uhlandt, Rovella, & De Barbenza, 1997). Esto lo reafirman Lima y Ramos (2020), quienes identifican que, en Ecuador, la especialidad más demandada por estudiante y empleadores es la psicología clínica, seguido de la demanda de la psicología organizacional por parte de empleadores. Así, se muestra cómo el carácter individualista de la sociedad nubla la percepción que se pone sobre otros campos laborales y agudiza la mirada frente a la labor clínica (Scaglia, Lodieu, Arias, & Noailles, 2002). Algunos estudios sobre representaciones concluyen que estudiantes recién ingresados a la carrera perciben al psicólogo como un profesional idealizado, comprometido socialmente, humanitario y habilitado para resolver distintas problemáticas (Torrez, Maheda, & Aranda, 2004).

Otras investigaciones señalan la existencia de personalidades de marca en estudiantes de psicología, predominando en estas, el factor competitividad (Denegri, et al. 2009), agudizado por las dificultades para acceder al mercado laboral, dada la amplia oferta formativa. Contrariamente, Espinoza, González y Loyola (2018), evaluando la satisfacción con la carrera en egresados, señalan como eje fundamental de análisis la satisfacción con el empleo, encontrando que en Chile los titulados en psicología no presentan mayores dificultades para acceder al empleo, así el 90.3% de encuestados se encontraban trabajando y sus ingresos se ubicaban en un rango medio. Por otra parte, Sánchez, Miramontes y Ramos (2015), plantean la necesidad que, en Ecuador, se reflexione si el incremento de la oferta formativa en psicología y la falta de medidas tomadas por instituciones responsables, no marcan por anticipado las situaciones de desempleo y subempleo futuro de los titulados.

Contextualizando la formación en psicología en Colombia, se encuentra que el Congreso de la República (2006) indica su pertenencia al campo de la salud, razón por la cual, muchas discusiones al interior del saber, se realizan desde modelos biomédicos. Por otro lado, los currículos de los programas no se especializan en campos ocupacionales específicos, ciñéndose la formación a modelos generalistas, por tanto, los títulos de pregrado no disponen de especialidades. Según COLPSIC (2012), las áreas en que mayormente se desempeñan los profesionales son: psicología de las organizaciones y del trabajo con un 30.6%; psicología clínica con un 20.5%; Psicología Educativa con un 15.9%, Psicología Social, Ambiental y Comunitaria con un 14.7%, entre otras. Así mismo, las dos principales áreas de estudio en que se realizan posgrados son: Psicología Organizacional, Gerencia de Recursos o Talento Humano con un 10.2% y Psicología Clínica con un 6.1%.

Las investigaciones en Colombia relacionadas con los imaginarios sobre la psicología, son escasas, resultando pertinente, analizar cómo los participantes, entienden, reproducen y deconstruyen los discursos sobre la psicología. La reproducción de discursos señala procesos de subjetivación de los estudiantes, marcando las formas en que la profesión debe ser entendida, estas, inexorablemente se relacionan con su acción presente y futura.

Discursos e imaginarios sobre la psicología

Esta investigación se cimenta, teórica y epistemológicamente en el construccionismo social, entendiendo la realidad como fabricación sociolingüística; desde esta perspectiva, se considera que los discursos tienen capacidad performativa para producir subjetividades y modos de relacionamiento particulares (Gergen, 1996). De este modo, surge el interés por analizar aquellos discursos que estructuran los modos de hablar y pensar la psicología, los significados que se atribuyen a la elección de carrera, y puntualmente, aquellas figuras retóricas que soportan los imaginarios sobre la profesión.

Se asume la subjetividad del estudiante como producto de fuerzas discursivas y prácticas simbólicas contingentes a su contexto cotidiano (Foucault, 1998, 2001), ya que: “las formas por medio de las que conseguimos la comprensión del mundo y de nosotros mismos, son artefactos sociales, productos de intercambio situados histórica y culturalmente” (Gergen, 1996, p.73). Además, se concibe que el estudiante es responsivo ante lo social, invariablemente sus acciones, constituyen procesos sociales específicos (Gergen, 1996). Así, la realidad social tal como la comprende, le lleva a buscar en la psicología un quehacer y un espacio social para desplegar su ser; comprensión que no puede desligarse de los discursos desde los cuales se subjetiva, que de manera categórica entregan las formas de pensar, sentir, elegir y actuar en sociedad. En el entramado de estos discursos, se promueve la circulación de significados e imaginarios compartidos frente a esta profesión, donde se puede rastrear claves analíticas para comprender la situación actual del gremio de psicólogos en Colombia.

Los imaginarios sociales sobre la psicología, se entienden como la construcción incesante de significaciones que tienen efectos en la realidad, en este caso, en la elección e interpretación del saber psicológico. Esta función práctica del imaginario, brinda sentido existencial al estudiante, marcando el horizonte de su acción, lo que termina por generar y reproducir lo real, a partir de: “relaciones significantes que no corresponden a elementos racionales o reales y no quedan agotadas por referencia a dichos elementos, sino que están dadas por creación” (Castoriadis, 1989, p.68). Es mediante los imaginarios, que cada colectividad se da forma a sí misma, sosteniendo e inyectando nuevas significaciones sobre el mundo (Lizcano, 2006), trazando claves de percepción, explicación e intervención de la realidad en los sistemas colectivos, que pasan a consolidarse cuando fluyen entre grupos y se institucionalizan (Castoriadis, 1989).

Los imaginarios tienen dos dimensiones, instituida e instituyente, la primera entendida como la capa más solidificada de las significaciones, donde reposan las formas de pensamiento y actuación relacionadas con ideologías del sentido común. Lo instituyente alude a la capacidad de los actores sociales para pensar lo cristalizado mediante nuevos significantes, posibilitando formas alternativas de compresión y relación con las situaciones sociales (Castoriadis, 1989).

Es esta línea, Lizcano (2006) considera que la identificación de metáforas en el relato de un colectivo, es un potencial analizador de la capacidad de un grupo para darse forma creativamente o autoafirmarse en lo que es. Sobre el imaginario social, el autor plantea que “no son conceptos, ideas o imágenes las que lo pueblan (…), el imaginario es el lugar de donde estas representaciones emergen, donde se encuentran pre-tensadas. Esa pre-tensión es la que se manifiesta en la metáfora” (Lizcano, 2006, p.61), por tanto, las metáforas “nos hacen ver por sus ojos, sentir por sus sensaciones, idear con sus ideas…” (p.65). Así como el discurso constituye un conjunto de prácticas que promueven y mantienen determinadas relaciones (Íñiguez, & Antaki, 1994), lo mismo hacen los imaginarios, ambas propuestas, corresponden a la visión de un mundo que se sostiene y recrea en la interacción lingüística.

Método

Diseño de la investigación

Se empleó un diseño cualitativo y el análisis del discurso como método, en la tradición de los repertorios interpretativos propuesta por Potter y Wheterell (1996), como estrategia coherente con los planteamientos de Lizcano (2006) en lo relativo al acercamiento al imaginario social, el cual, se estructura en torno a metáforas vivas y muertas presentes en los discursos; así, la metáfora como figura retórica constituye un elemento organizador del repertorio interpretativo. Las metáforas muertas darán cuenta de la dimensión instituida del imaginario, de aquellas significaciones sobre la psicología que yacen cristalizadas, cobrando el carácter de interpretaciones dadas por sentado. Las metáforas vivas, darán cuenta de la dimensión instituyente, es decir, de la apertura a nuevas significaciones sobre la profesión que posibilitan interpretaciones emergentes y posiblemente una nueva praxis psicológica.

Siguiendo las estrategias analíticas de Potter y Wetherell (1996), se identificaron repertorios interpretativos, entendidos como unidades de sentido, a través de las cuales los participantes construyen sus versiones sobre la realidad, estas se estructuran sobre la base de figuras retóricas que sirven para construir y reconstruir interpretaciones sobre la psicología y su práctica. A partir de allí, se identificó la variabilidad discursiva, es decir, aquellas interpretaciones con matices, a veces contradictorias sobre la profesión; como también, la función del discurso, que implica reconocer el potencial efectivo del lenguaje para realizar prácticas determinadas.

El objetivo de este tipo de análisis es señalar cómo los estudiantes, mediante sus prácticas lingüísticas, mantienen y promueven cierto tipo de relaciones e interpretaciones sobre la psicología en cuanto a disciplina y gremio; en esta lógica, se analiza el lenguaje como “una práctica constituyente y regulativa” del mundo social (Íñiguez, & Antaki, 1994, p.64).

Participantes

La muestra estuvo conformada por 24 estudiantes matriculados en primer semestre en los pregrados de psicología de la Universidad Cooperativa de Colombia y la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín), doce participantes de cada universidad, doce mujeres y doce hombres cuyas edades oscilan entre los 17 y 28 años. Dentro de los criterios de inclusión de la muestra se tuvo presente que no hayan estudiado otras carreras profesionales con anterioridad.

Consideraciones éticas

El proyecto de investigación fue revisado y aprobado por el comité de ética de las instituciones de afiliación de los autores. En el proceso de generación de información se utilizó el consentimiento informado respectivo y la autorización para la grabación de entrevistas, documentos que fueron debidamente firmados, asegurando la confidencialidad y anonimato de la identidad de los participantes.

Instrumentos

Se realizaron entrevistas semiestructuradas empleando una guía flexible, con preguntas relacionadas a la psicología y al rol del psicólogo en la sociedad, estas entrevistas fueron grabadas en audio y transcritas.

Análisis

Se realizó procesos de codificación, identificando unidades de sentido, figuras retóricas (especialmente metáforas) y relatos clave presentes en los discursos; los códigos fueron agrupados en familias, atendiendo a la variabilidad y a la función discursiva. Como apoyo al análisis se utilizó el software Atlas.ti en su versión 7.5.

Tabla 1

Códigos asignados a los participantes según edad, sexo e institución universitaria

Código participante Edad (años) Sexo Universidad
P1 17 Masculino Universidad Cooperativa de Colombia
P2 17 Femenino
P3 17 Masculino
P4 18 Masculino
P5 18 Masculino
P6 18 Masculino
P7 18 Masculino
P8 18 Femenino
P9 19 Femenino
P10 19 Femenino
P11 20 Femenino
P12 20 Femenino
P13 17 Masculino Universidad Pontificia Bolivariana
P14 17 Femenino
P15 18 Masculino
P16 18 Femenino
P17 18 Femenino
P18 19 Masculino
P19 19 Femenino
P20 20 Femenino
P21 21 Masculino
P22 22 Masculino
P23 24 Femenino
P24 28 Masculino

[i] Fuente: Elaboración propia.

Resultados

Se identificó como metáfora central la psicología como remedio social, mediante la cual, los estudiantes imaginan la profesión, soportada en tres repertorios interpretativos: La sociedad del malestar; El sujeto de la mirada privilegiada; Extender el dominio de la psicología en la sociedad. Dichos repertorios, se articulan lógicamente para legitimar el lugar del psicólogo en la sociedad.

La sociedad del mal-estar

El concepto sociedad del mal-estar, alude a una forma organizativa y estructural de la vida sociopolítica, de donde derivan padecimiento a nivel subjetivo e intersubjetivo. Teóricamente, esta idea es desarrollada por diferentes autores, que acuñan análisis específicos. Han (2017), señala como el exceso de positividad del mundo contemporáneo, caracterizado por el hiper- rendimiento, produce violencia de tipo neuronal, enfermando los cuerpos y provocando infartos psíquicos, de allí, que los diagnósticos más comunes actualmente sean la depresión, ansiedad y el estrés. Por otro lado, Beck (2019) describe el malestar como producto del reparto desigual de las riquezas y riesgos, justificado a partir del proceso de individualización de la desigualdad social en occidente. En esta línea, Lipovetsky (2016) señala como valor predilecto del mundo contemporáneo: la ligereza, característica en que emerge una gran paradoja, pues los ritmos de la ligereza dan paso a la experiencia de la pesadez subjetiva. Hay otras teorías que ayudan a graficar la sociedad del mal-estar que no son objeto de desarrollo en este artículo.

Según lo anterior, esta investigación encuentra que, el 90% de participantes narra la experiencia humana en sociedad como vivencia de mal-estar, repertorio que da cuenta de un estado indeseado de las cosas, frente al cual la psicología sabe y puede intervenir.

Saber y hacer sobre lo que no opera bien, el sufrimiento, el dolor, la tristeza… la psicología se basa en eso, uno conocer los problemas que la sociedad tiene y saber ayudar a esa sociedad’ (P11)

El mal-estar se presenta como aquello que debe resolverse, en un intento de anular la negatividad de la vida, de liberar al sujeto de la herida. Así, aparece la psicología como un saber encargado de elaborar y suministrar los remedios sociales para transitar del mal- estar al bien-estar, lo que constituye una metáfora muerta. Dicho actuar, fomenta aquel ideal moderno, de traer luz allí donde hay oscuridad, de imponer el logos y la episteme sobre la doxa, siendo esta última la responsable de la herida.

El dolor viene por el desconocimiento que tiene la gente de sí misma, porque hacen muchas cosas irracionales. Todos deberían ir donde el psicólogo para mejorar su calidad de vida’ (P13)

En esta lógica, el mal-estar constituye una experiencia que brota del desconocimiento y la irracionalidad, y ser estudiante de psicología aparece como camino para legitimar categorías divisorias de razón superior: un nosotros del saber frente a un ellos de la ignorancia. Así, los estudiantes discursivamente, enuncian la acción del conocedor de una verdad relativa al mal-estar, caracterizada de antemano por estar encubierta en la cotidianidad, por lo cual, es necesaria la injerencia directa de un saber que permita ver allí donde otros no ven. Este saber, es la psicología y su representante el psicólogo. En el quehacer de este último, se pone en juego su sabiduría misma, el hecho de estar autorizado por el poder, para decir y hacer, para enunciar las verdades desde un lugar donde el otro no sabe, visto así:

Un psicólogo trabaja buscando la verdad, trata como de romper el imaginativo de la gente y contar lo que, en realidad pasa, lo que pasa aquí, lo que nosotros no podemos controlar’ (P1)

Este discurso del experto que aparece en los relatos, siguiendo a Bauman (1997) debe desentrañarse a partir de un análisis de la etiología de los intelectuales en la sociedad. El complejo poder/conocimiento que opera en sociedades primitivas sigue actuando en sociedades contemporáneas, efectuándose una distinción entre los que saben y los que no. Si bien, la figura del intelectual ha cambiado, ya no siendo representada por sacerdotes, chamanes, pitonisas, sino por científicos y políticos. La estrategia de poder no se ha modificado contundentemente, esta consiste en considerar que el mundo está lleno de peligros que solo pueden superarse de maneras específicas, esto es, conociendo las leyes que rigen la vida, lo que liberaría al sujeto de la incertidumbre y el dolor. Sin embargo, el conocimiento de dichas leyes no es público y es cambiante, caracterizado por una suerte de esoterismo, así, el poder/conocimiento expresa un mecanismo que se autoperpetúa.

El sujeto de la mirada privilegiada

Este repertorio, ubica al psicólogo en el lugar de una mirada privilegiada, así, el camino de la formación implica un proceso de trasformación subjetiva que da lugar a un sujeto particular: la figura del sabio, quien ayuda a gestionar al otro sus competencias internas para el mejoramiento de su calidad de vida, en medio de un mundo precario, angustiante y del riesgo. Saber y subjetividad, implican pues, dos procesos codependientes, en que se articula la dimensión privada y pública del sujeto, dado que la formación en psicología no supone únicamente el desarrollo de competencias laborales, si no la estructuración misma de un sujeto arropado de la imagen de sabio que va a relacionarse con un otro carente. Esto, señala un dispositivo de distinción social, que divide al mundo entre legos y expertos, como se muestra:

Una persona normal no tiene ese conocimiento que tiene un psicólogo y no ve la vida como la puede ver un psicólogo, porque para eso se estudia’ (P14)

La vida social desde el imaginario de los participantes, está constituida por sujetos comunes y por la figura del sabio, este último, portador de un saber-poder (Bauman, 1997) aplicado sobre las conductas de los primeros, los cuales, aparecen en la escena en el lugar de la heteronomía.

Las personas no se pueden manejar ellas mismas, no. Las personas comunes y corrientes necesitan que alguien les diga cómo se deben manejar’ (P6)

Lo mencionado, visibiliza al saber cómo instrumento para el gobierno y producción de subjetividades (Foucault, 2001), así, con la formación académica, se inicia un proceso de transformación identitaria que implica al menos dos pasos: i. Adquirir el saber psicológico y aplicarlo al sí mismo, como proceso de actualización y gestión del self (ver extracto A); y ii. Ayudar a otros a gestionar su sí mismo, desde el desarrollo de competencias personales (ejercer la labor profesional) que, desde el individualismo metodológico propio de los discursos psicologicistas, implica intervenir el mundo social (ver extracto B).

Extracto A. Hacer ver

La psicología aportaría, me ayudaría a ver pues literal, otro universo que hoy en día no conozco. Y con el tiempo… creo que me ayudaría como a madurar, a aplicar la psicología en mi vida para vivir mejor’ (P16)

Extracto B. Hacer hablar

La psicología, creo que me va a ayudar muchísimo en mi vida personal, inseguridades, miedos, no sé, muchas cosas, y eso que adquiera lo voy a trasmitir después. Es como entregarle eso que uno va a aprender sobre uno mismo a otros, para ayudarlos a mejorar también. Eso es lo que voy a aportar a la sociedad’ (P23)

Deleuze (2014) dirá que el poder es lo que hace ver y hablar. En este sentido, en el Extracto A, se cataloga la psicología, como aquel saber qué hace ver lo desconocido, así, la imagen del psicólogo es la de un vidente que conoce las leyes para conducir las vidas hacia el bienestar. A partir de la metáfora de la mirada privilegiada, el saber psicológico se muestra como un dispositivo de gobierno de la subjetividad, que trasciende incluso el ejercicio laboral, significando para el estudiante un bien codiciado:

Es una profesión que con todos los obstáculos que pueda tener, siempre va a estar dando retribuciones a nivel de conocimientos, aprendizajes y experiencias, los conocimientos que ofrece son muy prácticos en la vida…es más que una profesión, estudiarla le enseña a uno a vivir por uno mismo’ (P7)

En síntesis, esta profesión que trasciende la actividad económica y se instaura como técnica de vida, regala al estudiante la sensación de estar exento de la necesidad de un Otro que le regule y encare en su modo de habitar el mundo, imaginando un horizonte de autodeterminación y ausencia de malestar subjetivo. Así, en el imaginario, el saber psicológico parece posarse en el cuerpo, el discurso integrarse a su materialidad: “yo lo que busco es que me deje (la psicología) algo acá (se toca la cabeza)” (P24). Se entiende pues el saber como algo que se vierte sobre el estudiante para aclararle la visión, a partir de allí, él y su lugar en el mundo cambian.

Por otro lado, el discurso psicológico además de permitir ver permite hablar, como se evidencia en el extracto B. La mirada privilegiada que posibilita transformar el self del rofesional, se hace voz, entonces, este se convierte en predicador de una verdad legitimada por la institución laica de la ciencia. Hablar y difundir sus discursos, constituye la imagen de un sujeto con voz privilegiada, la de un sanador que ha dejado de estar herido, un sujeto testimonial legitimado para guiar a otros en la gestión de su self.

En los discursos, emergen dos nociones relativas a la forma como se interiorizan los símbolos que soportan la mirada privilegiada del psicólogo: informarse y experimentar. Esta variabilidad es referida en los Extractos C y D respectivamente.

Extracto C. Adquirir la mirada, informarse

Uno en estos momentos es una esponjita, todo lo escucha y lo guarda, y creo que en todos los semestres. Pero en primer semestre más, porque uno es absorbiendo todo el conocimiento que le entregan los que saben’(P12)

Extracto D. Adquirir la mirada, experimentar

Se necesita en realidad mucha práctica. Es muy fácil aprenderse los paradigmas, lo biológico, sobre la interacción en las familias, lo emocional. Pero cuando tu entras en contacto con el individuo e intentas entender lo que le pasa, ahí, yo creo que empiezas a aprender lo que realmente es psicología’ (P2)

El Extracto C corresponde a un posicionamiento pasivo frente al aprendizaje: hacerse a dicha mirada, depende de tener acceso a cierta información que se instaura sin esfuerzo, apareciendo el saber bajo un dominio de positividad y credulidad ante la voz del profesor (quien profesa una verdad). Ello dibuja un proceso formativo sin negatividad, crítica, contradicciones o heridas. Aquí emerge una variabilidad, dado que, en el Extracto D, hacerse a la mirada privilegiada, implica un proceso que se consolida en la aplicación del saber al mundo de la vida, así, se refiere que:

Un psicólogo debe tomar lo académico y aplicarlo en la vida real para obtener experiencias, para darse cuenta si aprendió a mirar la vida como es, si aprendió a usar los conocimientos’ (P3)

Así, aparece la figura del psicólogo como normalizador social, que admite la existencia de formas correctas e incorrectas de ver la vida, ello en sintonía con los principios modernos de objetividad y universalidad. En este sentido, su quehacer se orienta a la adaptación de los sujetos a marcos normativos.

Recapitulando, en el imaginario la formación en psicología funciona como una estrategia para integrarse a la sociedad desde un estatus social especial, el del sabio- vidente, lugar alcanzado al recorrer el camino de la formación académica, significada como acción efectiva y fundamental para la cualificación y gestión del Self. Así, en una sociedad neoliberal productora de angustia, ansiedad y sensación contínua de riesgo (Bedoya, 2018), aparece el psicólogo como poseedor de una respuesta legitimada frente al mal-estar, respuesta de la que se dice conocedor al haber escudriñado las leyes del psiquismo.

La figura del psicólogo es la de un sujeto habilitado para escanear el alma del otro y guiarlo en la gestión de su self, acción que termina por fomentar las interpretaciones neoliberales sobre la privatización del mal-estar, donde el responsable de la precariedad y el dolor, es el sujeto que no ha gestionado adecuadamente su interior, mas no la sociedad que produce mal-estar, como se muestra:

Hay personas que dentro de ellas viven un infierno, con muchos problemas que no pueden solucionar, no saben cómo, no tienen herramientas. El papel del psicólogo es ayudarlos a salir de ahí’ (P9)

La metáfora del infierno personal que aparece anteriormente, pone en evidencia una estructuración discursiva de corte neoliberal, cuando se plantea un infierno privado y no social, la culpa del mal-estar recae en el individuo, por tanto, es este quien debe intervenirse y no la sociedad.

El trabajo del psicólogo es algo muy personal, de una persona a otra, pero que puede influenciar mucho en la sociedad’ (P3)

Este relato alude al impacto indirecto del trabajo del psicólogo en la sociedad, no obstante, hay ausencia de referencias sobre perspectivas de intervención o acompañamiento comunitario, lo que implica concebir la sociedad mediante un individualismo metodológico, es decir, como si la sociedad no fuera más que el número de sujetos que la componen, así, en el imaginario instituido de la intervención psicológica, las acciones van dirigidas al uno-por-uno, reivindicando una psicologización del mal-estar social, esto lleva a considerar que las claves para salir de esta sociedad de la herida, residen al interior de los sujetos autocontenidos, en cuya profundidad se esconden los elementos que permiten explicar tanto el mal-estar individual como el colectivo, por tanto, en esta misma profundidad, habitan los recursos para construir el bien-estar, que deben ser gestionados por el individuo según la orientación del psicólogo.

En síntesis, la sociedad del mal-estar, está constituida por sujetos autocontenidos que no hacen gestión adecuada de sus procesos internos. La herida, no parece provenir del afuera sino del adentro, de la incapacidad de autogestionarse; bajo esta lógica psicologizante, la idea de una sociedad que produce riesgo, incertidumbre y angustia, no tiene sentido; todo mal-estar es responsabilidad del sujeto, allí la importancia de una disciplina como la psicología, legitimada por el poder, para demandar al sujeto la auto-responsabilización por el padecimiento.

El actuar del sabio-vidente, promueve una asimetría social que divide el mundo entre expertos y legos, relación que nubla el reconocimiento de otro tipo de saberes y prácticas (distintas al dispositivo clínico) que pueden fomentar el bienestar socio-individual y orientar la acción de los sujetos en el mundo. Estos imaginarios promueven relaciones de dependencia y redibujan el cuadro de un Virgilio guiando a Dante por los círculos de su infierno personal; en términos kantianos, promoviendo la minoría de edad, esa falta de valor del sujeto para andar en el mundo sin la guía de maestros (Kant, 2000). Sin embargo, al lado de esta figura del sabio como respuesta y camino, aparece en menor medida, la figura del sabio como pregunta, mostrando una variabilidad discursiva que indica que las interpretaciones y actitudes frente a un mismo objeto de análisis pueden ser móviles.

Extracto E. El sabio como respuesta

Las personas van a que las direccionen porque no saben cómo tomar decisiones, cómo guiar su vida, necesitan que alguien le diga, mira vos tenés que hacer esto, actúa por esa ruta’ (P23)

Extracto F. El sabio como pregunta

Obviamente no te va a decir, aunque sepa: “por Dios, aléjate de ese hombre”. Jamás. Simplemente como: “¿qué te parece?, ¿qué estás viendo?, ¿en qué estas fallando?”. Uno mismo saca la deducción, no le tiene que decir “usted está haciendo esto mal’ (P20)

Con relación a la figura del sabio como respuesta, se ha mencionado suficiente, sin embargo, en el Extracto F, aparece el sabio como pregunta, figura presente en el 20% de los entrevistados. Esta se muestra menos directiva, marcando un lugar de autonomía donde el sabio, si bien imaginariamente, representa un banco de respuestas para el otro, desde su acción dice no saber sobre su deseo. Desde esta lógica, las respuestas se van tejiendo en la conversación hilvanada por preguntas y comentarios. Sintetizando, mientras el primer sabio tiene respuestas preconcebidas, el segundo, posibilita espacios para su emergencia.

Extender el dominio de la psicología

Junto a la imagen de la sociedad del bien-estar, aparece la figura del profesional poco valorado, como barrera que impide acercarse a dicha imagen. El psicólogo es representado como un instrumento para el cambio social, al cual no se le da el reconocimiento suficiente; herramienta mal empleada, remunerada y acogida.

Extracto G. Extender el dominio de la mirada

No se valora el trabajo de los psicólogos, y ahí entra la comunidad en general, la sociedad, el gobierno, pues, no se le da tanto peso al papel de los psicólogos en distintos procesos… sería importante tener la visión de un psicólogo en muchos campos, tendríamos una mejor sociedad’ (P17)

El Extracto G muestra un escenario donde el psicólogo tiene poca incidencia, narrándose su rol, solo en cuanto potencia y pertinencia. Así, se dibuja discursivamente, un espacio ideal, donde las diversas realidades sociales deberían incorporar su mirada.

Extracto H. La psicología como lujo

En las grandes ciudades tal vez si se pueda utilizar, en las pequeñas y en los pueblos, eso por allá no llega. Entonces digamos que un psicólogo se vuelve más que un lujo, porque muy pocas personas tienen acceso’ (P24)

En el Extracto H, aparece la psicología como un servicio de lujo, al cual, solo minorías afortunadas pueden acceder, señalándose un horizonte donde la democratización del servicio psicológico pueda efectuarse. Según lo anterior, extender el dominio de la psicología en el campo social se señala como función de este repertorio. La idea de la acción psicológica sobre el mal-estar, permite la supervivencia de la lógica pragmática que pesa sobre la educación en el contexto contemporáneo, propone a la psicología como un saber para el hacer (hacer precisamente una sociedad mejor desde el individualismo). Las imágenes vinculadas en este repertorio, expresan las expectativas laborales de implicarse en un proceso productivo, donde se realice una labor altruista que jalone el progreso social. Sin embargo, los estudiantes no consideran que la psicologización de la vida reflejada en sus discursos, promueven la individualización y los valores neoliberales.

En lo anterior, se plasma una variabilidad discursiva que instituye un dilema, si bien, la psicología mainstream aparece como un saber conforme al corazón del neoliberalismo, en que se legitima y difunde la psicologización del mal-estar social, al mismo tiempo, aparece la figura del psicólogo como un profesional poco valorado. En otras palabras, en medio de una sociedad psicologizada, la figura del psicólogo es imaginada con poco valor y extensión, aspecto que resulta contradictorio.

Finalmente, se considera que el análisis de los imaginarios sobre la psicología presentados, estructurados conforme al corazón del neoliberalismo, sirven como insumo para examinar la atractividad de la profesión y el crecimiento exponencial de psicólogos y estudiantes de psicología en el país.

Discusión y conclusión

La metáfora la psicología como remedio social estructura los hallazgos obtenidos en la investigación. El término “remedio”, es definido como: “1. m. Medio que se toma para reparar un daño o inconveniente. 2. m. Enmienda o corrección. 4. m. Aquello que sirve para provocar un cambio favorable en una enfermedad”, en el diccionario de la Real Academia Española (2019). Según estas definiciones, se muestra como un componente o mecanismo, que, en su interacción con un cuerpo o estructura afectada negativamente, produce un efecto favorable y/o curador. Haciendo la analogía, el componente o mecanismo sería la acción del psicólogo, y el cuerpo o estructura afectada, la sociedad.

La imagen sobre la psicología que aparece en los discursos no hace ruptura con el paradigma médico, así, la función del psicólogo sería: la administración de una medicina social suministrada sujeto por sujeto, según la lógica del individualismo metodológico; reivindicando los hallazgos de Scaglia, Lodieu, Arias y Noailles (2002) sobre la hegemonía de la representación clínica de la figura del psicólogo.

Sin embargo, esta forma de entender la sociedad, cimentada en el individualismo metodológico y que sirve de catapulta para extender el imaginario del psicólogo como sujeto de la práctica clínica individual, debe problematizarse, advirtiendo los posibles efectos iatrogénicos que de allí pueden derivar. En esta vía, Platón (1992) hablará de la farmaqueia (farmacia), que alude a la administración de un Fármacon (droga) que implica de antemano un efecto paradójico, dado que puede actuar simultáneamente como remedio o como veneno. Así, en el Fedro y el Timeo, alude al Fármacon como aquello que si bien, se suministra bajo una pretensión sanadora, puede terminar agudizando la enfermedad. Por tanto, la reflexión crítica en las ciencias sociales, debe fomentar un pensamiento dispuesto a perpetrar violencia contra sí mismo, presto a cuestionar aquellas prácticas, que, partiendo de la buena fe, pueden terminar robusteciendo las problemáticas.

Si imaginamos que, en una sociedad determinada, el Estado construye un edificio tan alto que impide que el sol y el viento llegue hasta la población y por ello los habitantes desarrollan una serie de enfermedades, se podría implementar diversas acciones interventivas:

  1. que los ciudadanos asistan uno-por-uno al médico, para que les suministre los medicamentos y terapias respectivas para que su organismo se adapte a las condiciones adversas (metáfora adaptacionista);

  2. que las personas con o sin la compañía del médico, realicen acciones conjuntas para transformar su contexto social, articulando las demandas singulares, lo que implicaría la constitución de un pueblo, que hasta ahora no eran más que victimas individualizadas. Así, por ejemplo, el nuevo pueblo constituido decidiría si derribar el edificio o trasladarse de lugar (Laclau, 2008; metáfora transformacionista);

  3. realizar acciones conjuntas, en pro de construir una nueva arquitectura o ingeniería de materiales, que permitan el paso del sol y del viento, saberes que respeten el hábitat de los ciudadanos (metáfora deconstruccionista).

Según lo anterior, debe señalarse que la psicología mainstream colombiana, así como los imaginarios encontrados, son fieles a la metáfora adaptacionista, habrá que preguntarse críticamente si la función del psicólogo es adaptar o deconstruir. Como se mostró, sostener y difundir la metáfora adaptacionista trae consecuencias como: la privatización del malestar social, fomento del individualismo y des-resposabilización estatal con el padecimiento subjetivo. En esta lógica, la ideología neoliberal actúa como plataforma para la difusión académica del individualismo metodológico y de la metáfora adaptacionista.

Estos hallazgos, son cercanos a los presentados por Bedoya (2018), quien considera que el neoliberalismo, convierte el espacio psi en nicho de mercado, persuadiendo al individuo a gestionar mejor sus procesos internos, como posibilidad de convertirse en un sujeto más competente dentro de la sociedad del riesgo, contexto sobre el cual, la psicología y otros saberes Psi adquieren gran demanda. He allí una respuesta provisional a la pregunta sobre la relación entre los imaginarios y el crecimiento exponencial de psicólogos en Colombia.

Precisamente en una formación histórica neoliberal, caldo de cultivo de prácticas individualistas y competitivas, la psicología goza de atractividad. El sujeto interesado en el mundo psi, es formado en el corazón de un dispositivo en el que circulan un conjunto de prácticas discursivas que le invitan a intervenir su self y terminan subjetivándolo (Foucault, 1998, 2001). En una sociedad productora de riesgo (económico, laboral, profesional, sanitario, afectivo) caracterizada por un exceso de positividad, se producen a granel sintomatologías asociadas a la ansiedad, depresión y estrés (Han, 2017).

Bajo este escenario, los saberes Psi aparecen como esperanza para la adquisición de aquella seguridad obstruida por las dinámicas de la sociedad del riesgo. Sin embargo, los saberes Psi hegemónicos más que denunciar y deconstruir aquella sociedad productora de mal-estar, terminan fomentando sus discursos y valores, y con sus pretensiones sanadoras paliando el mal-estar, mientras la sociedad del riesgo continúa bombardeando más dimensiones de la vida. A partir de la metáfora adaptacionista, la psicología se utiliza para llevar la responsabilidad del sufrimiento al sujeto; anteponiendo la inadecuada gestión del self como causa del malestar personal, cercenando la visión de un sistema social que genera angustia.

Los repertorios evidencian una clara distinción temporal, planteando el tránsito del presente inadecuado al futuro idílico; lo que responde a la creciente producción discursiva contemporánea respecto a la felicidad, movimiento difundido por multiplicidad de actores sociales organizados bajo la idea de progreso como componente medular del imaginario neoliberal actual (De la Fabián, & Stecher, 2018). Tal aspiración de contribuir a la construcción de una sociedad mejor se dibuja cual promesa del estudiante, una vez lograda su formación e incorporarse al mundo laboral.

Lo anterior explicaría la demanda de este saber en nuestro contexto, a partir del auge de las ciencias psi como estrategias de gobierno de la subjetividad, la psicología como saber legitimado para contribuir a la solidificación del modelo social imperante. Así, el conocimiento sobre el sujeto permite el desarrollo de tecnologías para su control (Foucault, 1998, 2001), emergiendo prácticas divisorias que producen saberes sometidos sobre los cuales se impone la mirada y voz del psicólogo.

Tal búsqueda de la verdad sobre el mal-estar impartida por el estudiante, no está exenta de los sistemas de poder donde se produce, escenario donde se legitiman las instituciones para su difusión. Allí, aparece la universidad y su disposición al mercado, convirtiendo la relación sujeto-saber en vínculo mercantil, se ha sabido presentar el conocimiento como un gran bien para extraer rentabilidad. En esta medida, hay una pregunta ética que debería encarar a las universidades, los programas de psicología, al ministerio de educación y al modelo económico: ¿Cómo gestionar la alta demanda de población que quiere formarse en psicología, a sabiendas que las dinámicas laborales y de mercado, dejarán por fuera a un gran porcentaje de esta? actualmente, la respuesta de los implicados, es la de la libertad individual: la gente estudia lo que quiere, sin embargo, allí, el beneficio es para el mercado del saber y el perjuicio para personas con expectativas, que no encontrarán trabajo o estarán obligadas a aceptar sueldos indignos, situaciones que hicieron oportuna la creación del Sindicato de Psicólogos y Psicólogas en Colombia en 2015.

Resumiendo, algunos resultados son cercanos a los presentados por investigaciones realizadas en otros contextos y con presupuestos epistemológicos y metodológicos distintos. En México, por ejemplo, se ha identificado al psicólogo como un profesional idealizado, comprometido socialmente, humanitario y habilitado para resolver diversos tipos de problemas (Torres, Maheda, & Aranda, 2004). En Argentina, se ha identificado la labor clínica como campo laboral hegemónico (Lodieu, Scaglia, & Santos 2005). Frente al predominio del imaginario del psicólogo como sujeto de la clínica individual, cabe preguntarse sobre la visibilidad de otro tipo de prácticas psicológicas en el contexto; siendo preciso interrogar la labor de difusión, no solo científica y académica, sino también publicitaria de la profesión.

Los imaginarios sobre la psicología dan cuenta de la psicologización del malestar social, comprensión que se adecúa cómodamente a los discursos y valores fomentados por el neoliberalismo, ideología que consolida una sociedad del riesgo, dentro de la cual, los saberes Psi como promesa de seguridad, se difunden y adquieren demanda, situación que coadyuva a la atractividad de la carrera y al crecimiento exponencial de psicólogos en Colombia. Simultáneamente, se encuentra que la psicología imaginada por los participantes, se estructura en torno a la metáfora adaptacionista y al individualismo metodológico.

Respondiendo al objetivo planteado, se tiene como hallazgo, la identificación de una variabilidad discursiva que conlleva una contradicción, pues en una sociedad que psicologiza el mal-estar social, aparece como situación dilemática, que los imaginarios frente al psicólogo estén vinculados a la poca valoración y extensión de su saber en el territorio. Es decir, la sociedad se psicologiza al mismo tiempo que los representantes del saber advierten su poca valoración. Cabe resaltar que los participantes no tienen conciencia frente a las prácticas psicologizadoras del mal-estar social, ni en cómo estas alimentan el neoliberalismo.

Tanto la teoría de los imaginarios como el construccionismo, enfatizan la forma en que el poder instituido hace ver, hablar, sentir, elegir y pensar a los sujetos, a partir de metáforas normalizadas y de textos instituidos socialmente. Si la sociedad es un texto, cuyas metáforas actualmente son trazadas por el neoliberalismo, queda la posibilidad que la psicología y sus representantes puedan repensarlas, atreviéndose a construir textos emergentes que cuestionen la mercantilización del saber, la psicologización del mal- estar, el individualismo metodológico, la figura del sabio y otros recursos discursivos, que constituyen la argamasa de los imaginarios sobre la psicología en Colombia. Si no se construyen otros textos, cabe esperar que la tasa de psicólogos incremente significativamente, pues, los imaginarios identificados tienen efectos prácticos sobre la realidad social, y pueden ser, en cierta medida, compartidos por la población general. Como se mencionó, el sujeto nunca puede estar aislado de los marcos simbólicos en donde se constituye.

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