Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 15, No. 2 (2016)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol15-Issue2-fulltext-833
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Claves para el análisis de la participación social en los procesos de envejecimiento de la generación baby boom

Resumen

La revolución demográfica de las últimas décadas ha supuesto una transformación en la vivencia del ciclo vital y sus resultados sobre la vejez están aún lejos de haberse revelado completamente. En este sentido, este trabajo se centra en aquella población que en los próximos años experimentará la entrada en la etapa de jubilación, la llamada generación baby boom. Se muestran los resultados de una revisión bibliográfica sobre la participación social como pilar en la promoción del envejecimiento activo de la generación baby boom. Dicha generación se inscribe en una realidad socio-histórica particular, definitoria de las formas de afrontamiento el proceso de envejecer, en general, y de una conceptualización de la participación social diferenciada, en particular. Con la revisión y el análisis sistematizado de la literatura generada en los últimos años, se extraen cinco claves para el análisis de las prospecciones en este ámbito.

Palabras Clave

baby boom, envejecimiento activo, jubilación, participación social

Keys to analyze social engagement in baby boom generation aging

Abstract

The demographic revolution of the last decades has meant a transformation of the vital cycle experience and its implications to old age are still distant from having been completely disclosed. In this sense, this work focuses on the population that will experience retirement in the following years, the generation known as baby boomers. We exhibit the outcome of a bibliographical review about social engagement as the foundation of the promotion of active retirement for baby boomers. That generation is part of a particular socio-historical reality, one that shapes the confrontation of the aging process in general, and of a conceptualization of differential social participation, in particular. We use the review and systematic analysis of the literature generated in recent years in order to draw five keys to analyze the prospects in this field.

Keywords

active ageing, baby boom, retirement, social participation

Recibido

14 enero 2016

Aceptado

Cómo citar este artículo:

Majón-Valpuesta, D. , Ramos, P. y Pérez-Salanova, M. (2016). Claves para el análisis de la participación social en los procesos de envejecimiento de la generación baby boom. Psicoperspectivas, 15(2), 53-63. Recuperado el 06 de octubre de 2016 desde http://www.psicoperspectivas.cl

* Autor para correspondencia:

Dolores Majón-Valpuesta. Correo de contacto: doloresmajon@gmail.com

La Comisión Europea (2011) ha advertido que el envejecimiento de la población está dando lugar a cambios en la estructura demográfica, el mercado de trabajo, la jubilación, la salud, las condiciones de vida y la participación social. En este contexto de cambios demográficos, económicos y sociales, algunos modelos de envejecimiento y de políticas sociales sostienen la importancia de la participación social como un criterio clave para conseguir calidad de vida en el envejecimiento (Raymond et al., 2013). En estas coordenadas, esta revisión de la literatura se propone analizar los hallazgos obtenidos en diferentes investigaciones respecto a la participación social del grupo de personas mayores, pertenecientes a la llamada generación baby boom.

En el contexto de la II Asamblea Mundial de las Naciones Unidas sobre Envejecimiento en 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2002) define el envejecimiento activo como “el proceso de optimización de oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen” (OMS, 2002, p.79). El paradigma formulado por la OMS, pone el énfasis en el derecho de elección de la propia persona, promocionando la agencia, la autonomía, la individualización y la responsabilidad personal del individuo y el grupo (Higgs, & Gilleard, 2010).

En consonancia con esto último, la propia OMS aborda el envejecimiento activo como parte de una comprensión subjetiva de la calidad de vida, de modo que, “la calidad de vida es la percepción subjetiva de un individuo, de su posición en la vida, en el contexto del sistema cultural y el sistema de valores en el que viven, y en relación con sus metas, expectativas, estándares y preocupaciones” (Ahmed-Mohamed, Rojo-Pérez, Fernández-Mayoralas, Forjaz, & Martínez-Martín, 2015, p.1345). Este enfoque del bienestar subjetivo aborda los beneficios de los procesos participativos en términos de mejora de la autovaloración, aumento de las formas de expresión de sus capacidades —de pensar, expresarse y hacer—, demostración de sus posibilidades de aprender y de aportar, así como en el incremento del nivel de reconocimiento externo. Otro enfoque vincula  la actividad participativa y la supervivencia en el ser humano en términos de reciprocidad ya que, por un lado, la actividad social parece ser beneficiosa para la salud y, por otro, una buena salud facilita a su vez la participación de las personas mayores en actividades sociales (Maier, & Klumb, 2005). Sin embargo, cabe señalar, que en la sociedad actual, una elevada proporción de personas llegan a edades avanzadas con una serie de limitaciones, que a menudo las hacen sentir incapaces de alcanzar los estándares de participación implícitos en el envejecimiento “normal”, pudiendo esto convertirse en el marcador de lo que Raymond y Grenier (2013) califican como su muerte social.

Participar socialmente significa “formar parte de” pero también “actuar con”, es decir, ser “en” la sociedad tanto como hacer algo “para” la sociedad (Pérez-Salanova, 2002; Raymond, Grenier, & Hanley, 2014). En consonancia con esto último, la teoría de la generatividad señala la necesidad en las personas mayores de contribuir al bien común para plantear mejoras sociales y asegurar la continuidad entre generaciones (Villar, López, & Celdrán, 2013).

Para Maier y Klumb (2005) la participación social incide en la calidad de vida, en términos del bienestar subjetivo, tanto como la actividad social resulta beneficiosa para la salud. Sin embargo, para conseguir una óptima comprensión de la naturaleza y el significado de estos procesos participativos es importante tener en cuenta la heterogeneidad entre las culturas locales que influyen a las personas, así como sus diferencias socioeconómicas (Agahi, & Parker, 2005). Siguiendo a Charpentier, Kornfeld y Pérez-Salanova (2010), la participación social parte de un distintivo rasgo acorde a las diversas localizaciones socio-culturales.

Se puede observar una extensa variabilidad de formas de participación social en la vejez. Por una parte, hay clasificaciones que responden a criterios de ámbitos de desarrollo de la acción participativa (Van Groenou, & Deeg, 2010), mientras que otros establecen diferentes niveles de participación social en función de la interacción establecida con otros (Levasseur, Richard, Gauvin, & Raymond, 2010). Dicha falta de consenso en torno a una definición de participación social dificulta el desarrollo y selección de instrumentos de medición, sin embargo, la síntesis en una sola definición difícilmente contemplaría adecuadamente todas las posibles dimensiones de este fenómeno humano tan complejo (Levasseur et al., 2010).

Una generación numerosa, cuyo estudio se considera básico para la comprensión de las futuras subjetividades sobre el envejecimiento, es la denominada generación baby boom. El baby boom fue un evento demográfico, ocurrido en los países occidentales, caracterizado por el aumento de los nacimientos, acaecidos entre 1946 y mediados de los años 60 o principios de los años 70, en función del territorio analizado (Bonvalet, Clément , & Ogg, 2014). En España, el fenómeno se produjo posteriormente al ámbito internacional, concretamente entre 1958 y 1977 (Abellán, & Pujol, 2015). Dada su proximidad a la jubilación, el análisis de este grupo de personas resulta clave en la comprensión de los actuales y futuros procesos de envejecimiento, por la amplitud de efectivos y por la incidencia de un contexto socio-histórico determinado. Así pues, en un marco de diversidad existe un elemento común, ya que los miembros de estas cohortes de nacimiento comparten una historia social y cultural, cuyas características, experiencias y eventos afectarán distintivamente sus actitudes durante el ciclo vital (Leach, Phillipson, Biggs, & Money, 2008).

En relación con las características socio-históricas propias de los baby boomers, esta generación ha tenido que luchar en cada etapa vital con el “atasco” que producía su ingente número de componentes, que implicaba una elevada competencia (Lipschultz, Hilt, & Reilly, 2007). Según algunos autores, esta competencia también favoreció el desarrollo de actitudes que atribuyen a esta generación el calificativo de “generación radical”, como defensores del cambio (Karisto, 2008). El espíritu reivindicativo, la ruptura con la moral religiosa, la emancipación de la mujer, la alienación a la sociedad de consumo y el proceso de individualización definen unas historias de vida enmarcadas por los valores de consumismo, autonomía, autoexpresión y placer (Higgs, & Gilleard, 2010; Olazabal, 2009). Para la persona baby boomer el desarrollo del sí mismo y la autodeterminación adquieren un papel muy relevante en los procesos de envejecimiento (Olazabal, 2009).

Ciertas características del contexto socio-histórico vivido por los baby boomers han sido clave en su definición como generación. Algunas de esas características son las mejoras económicas, la movilidad social ascendente (vinculada a un mayor acceso a niveles educativos superiores), los nuevos modelos de relaciones familiares, las mejoras en la atención social y sanitaria (y el establecimiento del Estado de Bienestar), o la incidencia de movimientos sociales como el feminismo. De modo que, la generación baby boom ha sido la protagonista de hitos determinantes en términos de derechos y justicia (Guberman, Lavoie, & Olazabal, 2011; Olazabal, 2009).

Al tratarse de una de las generaciones más instruidas, viajeras e influyentes, plenamente dedicada a su trayectoria profesional y leales a sus organizaciones, son identificadas como la generación del cambio, el idealismo, los movimientos sociales y de la ruptura de paradigmas, siendo protagonistas e impulsores en el pasado de una verdadera revolución cultural (Almeida, 2012). Y es en este contexto de cambios en el que se desarrollan nuevos estilos de vida personal, reflejados en el crecimiento de la cohabitación, las relaciones no matrimoniales, el divorcio y el cambio en el tamaño de las familias (Fingerman, Pillemer, Silverstein, & Suitor, 2012), hechos que han jugado un papel fundamental en la promoción de actitudes importantes para la participación social, como el consumismo activo y la adquisición de comodidades (Leach et al., 2008).

Finalmente, cabe señalar que para autores como Raymond et al., (2014) el concepto de participación social debe revisarse cuestionando si la definición de universalidad de la participación de las personas mayores se corresponde con la realidad vivida, si la participación social es únicamente resultado de una decisión personal o existen otras barreras que intervienen, y cómo la actividad participativa impacta en las identidades de las personas mayores. Por ello, los resultados del análisis de estos procesos de participación en la generación baby boom, constituida por los primeros actores de la sociedad de consumo que han desarrollado sus vidas en un contexto de cambio, supondrá una ruptura con anteriores visiones sobre el envejecimiento (Olazabal, 2009). Se detecta un cambio de conceptualización desde una aproximación basada en la protección -donde las personas mayores son consideradas como vulnerables- a discursos que ponen en valor la participación de la población mayor (Raymond et al., 2013). De acuerdo con esto, se refuerza la importancia de promover la autonomía en la toma de decisiones y la capacidad crítica para que las propias personas mayores puedan decidir cómo quieren participar e intervenir en la sociedad (Serrano, 2013).

Método

Estrategia de búsqueda

La estrategia de búsqueda para localizar el material bibliográfico utilizado se centró en las bases de datos WoS (Web of Science, ISI Thomson Reuters), SciELO (Scientific Electronic Library Online), Dialnet (Universidad de la Rioja, España) e IMSERSO (Instituto de Mayores y Servicios Sociales). La búsqueda electrónica fue completada y profundizada con las referencias bibliográficas presentes en los trabajos elegidos. Dicha búsqueda fue realizada en el período temporal comprendido entre enero y septiembre de 2015.

En el proceso de búsqueda se utilizaron las siguientes palabras claves en lengua inglesa para las bases en lengua inglesa (WoS y SciELO): social participation, baby boom generation, baby boomer, active ageing, retirement, activism, quality of life, volunteering y ageing society. En lengua castellana, en las bases en español (Dialnet e IMSERSO), las palabras utilizadas fueron: participación social, generación baby boom, envejecimiento activo, jubilación, activismo, calidad de vida y voluntariado.

Criterios de inclusión/exclusión

Los criterios de inclusión contemplados fueron:

  • Tipo de documento: artículos, manuales, informes y tesis doctorales.
  • Fecha de publicación: textos publicados entre los años 1996-2015. Se priorizó la cercanía temporal de las investigaciones.
  • Elementos de los textos contemplados:

1ª. fase: Textos que incluyesen en su título alguna de las palabras claves.

2ª. fase: Textos que incluyesen en el resumen información específica sobre población baby boom o tendencias futuras de los procesos de participación de personas mayores.

3ª. fase: Textos completos cuyo contenido se refiriera específicamente a la participación social de la generación baby boom, así como los referidos a contextos demográficos donde el fenómeno de la jubilación de personas baby boomers ya se ha iniciado.

  • Idioma: inglés y español.
  • Texto disponible.

Han sido excluidos aquellos textos que a pesar de tratar el tema de la participación social no lo hacían de manera específica respecto a la participación de la generación baby boom, a las tendencias futuras de participación entre el grupo de persona mayores o cuyo contenido no resultaba de interés.

Material empleado

Considerando los factores antes expuestos, tal y como se muestra en la tabla 1, fueron encontrados 1842 textos, de los que se seleccionaron 380. Tras una nueva fase selectiva consistente en la revisión de los textos completos, se estipularon 148 documentos para la revisión exhaustiva: 69 artículos publicados en revistas científicas ISI (Institute for Scientific Information), 43 artículos de revistas no ISI, 9 manuales, 24 informes técnicos y 3 tesis doctorales. Del conjunto del material consultado fueron seleccionados finalmente para su análisis un total de 79 documentos, concretamente 50 artículos ISI, 15 no ISI, 6 manuales, 7 informes técnicos y 1 tesis doctoral.

Figura 1. Proceso de selección de textos Fuente: Elaboración propia

Figura 1. Proceso de selección de textos
Fuente: Elaboración propia

Resultados

Los procesos de envejecimiento de la generación baby boom

Si bien la generación baby boom ha experimentado mayores niveles de supervivencia, salud y condiciones de vida, mejor acceso a los servicios socio-sanitarios, así como un significativo ascenso en su nivel educativo (Batljan, & Thorslund, 2009), la preparación exitosa para la jubilación y el proceso de envejecer, psicológica y financieramente, no resulta inherente a las condiciones y circunstancias mencionadas (Adams-Price, Turner, & Warren, 2013). La nueva forma de interpretación de la vejez está caracterizada por procesos como la revalorización de la participación social, a través de la expansión del trabajo tras la jubilación; el incremento del compromiso cívico; y los cambios en las relaciones familiares con nuevas formas de solidaridad intrafamiliar e intergeneracional (Olazabal, 2009).

A nivel internacional las personas baby boomers se perciben como una “generación puente”, lo que podría ser fruto de experiencias como la combinación de dos éticas de consumo, la austeridad y el consumismo (Leach, Phillipson, Biggs, & Money, 2013). A pesar de esto, los miembros de esta “generación puente” se sentirían más cercanos, respecto a valores culturales, a las generaciones posteriores que a las anteriores. Este hecho se ha etiquetado en la literatura como “age-shift” o desplazamiento de la edad (Leach et al., 2013), y es uno de los motivos por los que se relaciona a la generación baby boom con una mentalidad equivalente al “forever young” o siempre joven (Karisto, 2008).

En los trabajos consultados se ha identificado a los baby boomers como la generación sándwich, por su posición intermedia respecto a las necesidades de sus hijos/as (a veces incluso de nietos/as) y de sus ascendientes (padre, madre, suegro y/o suegra), pero también por su posición clave entre las demandas de la familia, el empleo y el deseo de vivir sus propias vidas (Künemund, 2006).

En este caso, los baby boomers se caracterizarían por usar flexiblemente la noción de obligación familiar, de manera que las transferencias y prácticas culturales se producen más allá de la estricta familia nuclear o la ascendencia parental, convirtiendo así la inter-generacionalidad en un compromiso cultural (Leach et al., 2013).

Con respecto a la motivación para la formación, tras la jubilación se encuentra una relativa continuidad en la implicación en actividades que suponen aprendizaje, siendo el nivel de educación un buen predictor para dicha acción (Villar et al., 2013). Sin embargo, desarrollar o aprender nuevas actividades implica para los baby boomers; una serie de ventajas (incremento de oportunidades sociales, mejora de la salud o satisfacción de sus aspiraciones educativas) e inconvenientes (posibilidad de sufrir lesiones). Esto sugiere que los baby boomers encuentran más razones para mantener sus hábitos de vida y continuar participando en nuevas actividades, que para abandonarlos (Johnson, & Bungum, 2008). Según Guberman et al. (2011), en un contexto de heterogeneidad se distinguen las personas mayores pertenecientes a la generación baby boom que están comenzando a envejecer con salud y de manera pro-activa, en segundo lugar, los que cuentan con limitaciones físicas y/o psíquicas y, por último, los que viven en esta fase de su vida con pocos recursos materiales y grandes responsabilidades familiares. Lo interesante de esta clasificación sería el modo en que se relacionan y condicionan las expectativas de cada individuo respecto a su envejecimiento.

Conforme a sus expectativas de vida, en la revisión se pone de manifiesto que las personas baby boomers realizan una distinción entre buen envejecer y mal envejecer. El mal envejecer se vincula con la pasividad, mientras que el buen envejecer con la capacidad de las personas para organizar sus propias acciones, ser activo en la gestión de la propia salud, tomar decisiones de forma independiente y participar activamente de la vida social otorgando especial importancia a mantener la autonomía (Blein, Lavoie, Guberman , & Olazabal, 2009).

Por otro lado, cambios en la forma de entender su identidad y su relación con el proceso de envejecer, en términos de edad subjetiva en la sociedad, muestra que el concepto de envejecimiento social adquiere especial relevancia en este grupo de personas, superando al concepto de envejecimiento puramente cronológico (Biggs, Phillipson, Money, & Leach, 2008).

En definitiva, la percepción sobre esta generación hace que el proceso de envejecer sea asociado a la variabilidad. De hecho, algunos autores señalan que el término persona mayor puede convertirse en un concepto impreciso cuando la generación baby boom llegue a completar dicha edad, ya que en ese término se incluirían un amplio rango de circunstancias vitales (Biggs, Phillipson, Money, & Leach, 2006).

La jubilación y los procesos de participación social entre los baby boomers

El análisis de las experiencias de jubilación de la generación baby boom en diferentes contextos internacionales permite identificar tendencias transversales a la participación social de las futuras personas mayores. Durante el ciclo vital de la generación baby boom internacional, se observa el abandono del tradicional concepto de vejez y el surgimiento de nuevas construcciones sociales. Estos nuevos imaginarios sociales incluyen aspectos, como la negación del calificativo de “viejos”, que vinculan a las personas baby boomers como la generación que “espera más de la jubilación” (Quine, & Carter, 2006). En la jubilación, algunos elegirán realizar nuevas actividades que puedan suponer un desafío, reto o aventura en sus vidas, mientras que otros simplemente aumentarán su participación en actividades en las que previamente estaban implicados (Johnson, & Bungum, 2008). De hecho, para McMunn et al., (2009) la participación social en la vejez viene definida en gran medida por la actividad participativa durante la adultez.

La implementación de esta nueva visión de vejez (Haber, 2009; Polivka, 2011) se reforzará por la conciencia de transformación de la jubilación, que apoya nuevos aprendizajes, la conexión con los recursos y la movilidad de los mismos, fundamentada en valores como la elección  individual, la agencia, la autonomía personal y la conciencia de las necesidades de las personas, vulnerables. Pero debe ser considerado también que para algunas personas la jubilación comienza a acontecer como consecuencia de sus propias decisiones de vida, que se realizarían “en el momento adecuado”, por lo que la experiencia estaría asociada a un cambio positivo en sus vidas; mientas que, para otras personas de la generación baby boom, la jubilación surge de presiones externas, incluyendo la aparición de problemas de salud o la necesidad de cuidar a un familiar (Majeed, Forder, Mishra, Kendig , & Byles, 2015).

Respecto a los índices de participación y al compromiso cívico de los emergentes grupos de personas mayores se advierte un debate. Por un lado, Putnam (2000) sostiene que, en contraste con el declive en el compromiso cívico entre la mayoría de las actuales personas mayores, las recientes cohortes han incrementado su compromiso, en los campos formales e informales de la participación social. Son ejemplos el voluntariado, actividades de ocio y contacto con familiares y amigos. En este sentido, Agahi y Parker (2005), desde la perspectiva del bienestar, señalan un incremento del ratio de participación, que relacionan con el aumento de recursos vinculados al bienestar entre los baby boomers cuando llegan a la edad de jubilación. Por otra parte, ese aumento de la participación podría derivarse del mayor índice de personas que participaban con anterioridad a la etapa de jubilación.

Contrariamente a estos argumentos, autores como Johansson y Komp (2015) consideran que los baby boomers son menos activos que las personas de las cohortes anteriores, pudiendo observarse una diferencia significativa en la mayoría de los dominios de actividad (física, espiritual o experiencial), aunque no en actividades culturales e intelectuales. En consonancia con esto, en el contexto español, el informe “Las personas mayores que vienen” (Rodríguez, Rodríguez, Castejón, & Morán, 2013); contempla la tendencia a un desajuste entre las expectativas o deseo de participar y la participación real, desajuste explicado por la ausencia de espacios de participación que respondan a la necesidades reales de las personas mayores.

En definitiva, esta divergencia respecto a si los baby boomers serán más o menos participativos que sus predecesores, conduce a replantearse la conceptualización actual de la participación social durante la vejez, y contemplar la influencia de los contextos sociales atendiendo a su carácter cambiante (Pérez-Salanova, 2002). Estos contextos cambiantes marcan el desarrollo de nuevas preocupaciones manifestadas en aspectos tales como el interés por el cuerpo, el desarrollo de vidas activas, o la búsqueda de libertad después de la jubilación (Guberman, Lavoie, Blein, & Olazabal, 2012). Podría decirse que, la reinvención de la vida adulta y la vejez que marcan los miembros de esta generación favorece que éstos exhiban un interés en su propia experiencia de envejecimiento, contrariamente a la negación de sentirse parte del grupo de personas mayores (Walker, 2000).

Respecto a las expectativas que tienen que ver con el contexto social, se señala la manifestación de dudas por parte de los baby boomers sobre su capacidad para vivir cómodamente después de la jubilación; siendo las condiciones de salud y la situación financiera las claves de dicha preocupación (Adams-Price et al., 2013). Contrariamente a lo expuesto por Agahi y Parker (2005), el grupo de baby boomers expresa un grado de bienestar subjetivo menor que el grupo de sus antecesores (Adams-Price et al., 2013). De hecho, la mayoría de ellos aún están trabajando o quieren ralentizar su salida del mundo laboral, a pesar de tener la posibilidad de jubilarse, debido al contexto de incertidumbre sobre su futuro económico. En este sentido, Van Groenou y  Deeg (2010) señalan una mayor incidencia de problemas de salud en las recientes cohortes de personas mayores en comparación con sus predecesores, independientemente de la mejora en servicios relacionados con el bienestar y la salud. Estilos de vida poco saludables, como la disminución de la actividad física, malos hábitos en la alimentación o el consumo de tabaco, podrían ser el origen de esta disminución del nivel general de salud.

Sin embargo, a pesar de la importancia del estado de salud, se constata un aumento de personas mayores con algún tipo de discapacidad en las futuras poblaciones con altas expectativas referidas a la participación social, lo cual presiona a las autoridades y organizaciones a mejorar los servicios de accesibilidad y proveer mejores oportunidades para la participación social de esta población (Agahi, & Parker, 2005).

Por último, otro asunto importante a tener en cuenta en la actualización de las formas de entender la participación social y su relación con el envejecimiento activo es la agencia de las propias personas implicadas en el proceso. En este sentido, la oferta de oportunidades de participación no debería ser proporcionada de manera unidireccional desde las organizaciones o instituciones, sino que la agencia ejercida por el propio grupo de personas mayores debería favorecer su inclusión en los correspondientes espacios de decisión. Según Barnes (1999), la inclusión de las personas mayores en los procesos de gobernanza sobre los asuntos que les afectan es significativa porque reconoce su competencia y legitimidad. Esta idea es coherente con la consideración de que los baby boomers son resultado de una sociedad más justa, pero también creadores de la misma (Tang, Morrow-Howell, & Choi, 2010).

Cinco aspectos claves en la participación social de la generación baby boom

Ante la heterogeneidad propia de la generación baby boom surge la necesidad de “de-construir” los discursos, a la vez que “re-construir” discursos y prácticas coherentes con las nuevas conceptualizaciones. Por ello, con el análisis de los documentos técnicos y científicos recogidos en las bases de datos bibliográficas, a continuación se propone una selección de cinco aspectos o rasgos, considerados desde la literatura científica como puntos claves para afrontar el debate de la participación social en la nueva generación de personas mayores. Estos cinco aspectos son: prolongación de la vida laboral, actividades socialmente productivas, acción voluntaria, actividad política y activismo social. A continuación se describen con detalle cada uno de dichos aspectos.

La prolongación de la vida laboral

La literatura analizada refleja un elevado interés en el estudio de la extensión en la vida laboral más allá de la edad de jubilación. En la actualidad, existe una concepción del empleo como forma de integración social que estimula la acción participativa, de un modo directo, mediante la ampliación de oportunidades para conocer a otras personas e interaccionar y, de un modo indirecto, por la seguridad financiera y recursos que reporta (Van Groenou, & Deeg, 2010). En este sentido, la erosión actual en las ventajas de la jubilación explicaría la persistencia en las expectativas de continuidad del trabajo de los baby boomers (Mermin, Johnson, & Murphy, 2007), aún más teniendo en cuenta el agravamiento de esta situación desde la crisis financiera mundial que comenzó en 2008. Por otro lado, datos recientes demuestran que las personas que han invertido mucho tiempo en su educación y que cuentan con menos obligaciones familiares tienden a mantener su vida laboral durante más tiempo (Komp, & Johansson, 2015).

Estas preferencias por el mantenimiento de una actividad laboral, llevan a pensar que los nuevas personas que se jubilan buscan actividades que cumplan algunos de los criterios básicos de la actividad laboral, como son la dedicación y el sentido de la responsabilidad, por lo que los baby boomers deberían ser considerados jubilados laborales pero no sociales, ya que entre sus objetivos se plantea continuar siendo activos, proyectarse y enriquecerse social y culturalmente (Requena, 2006).

En definitiva, las oportunidades de desarrollo de actividades laborales, bajo determinadas condiciones, podría favorecer el sentimiento de inclusión activa dentro de la sociedad actual por parte de las futuras personas mayores.

Las actividades socialmente productivas

Se trata de actividades que se caracterizan por generar bienes y servicios que son social y económicamente valorados, como por ejemplo el cuidado personal a familiares. En este sentido, algunos estudios han mostrado que las personas mayores son importantes generadores de capital social, más activos incluso que otros grupos de edad, en la participación ciudadana y comunitaria, estando más involucrados en formas individuales y colectivas de participación cívica (Calvo, 2004; Hodgkin, 2012). Estos hallazgos apoyan las teorías de la generatividad de Erikson (citado en Villar et al., 2013), según la cual, en el paso de la mediana edad a la edad avanzada, las personas invierten tiempo y energía en participar en actividades beneficiosas para otras generaciones.

Respecto a las actividades socialmente productivas dentro del ámbito familiar, el proceso de desnaturalización de los cuidados (Olazabal, 2009) introduce un importante cambio en la concepción de la responsabilidad social de los cuidados dentro del ámbito familiar, ya que este proceso se basa en el valor de la autonomía individual, tanto de la persona que requiere los cuidados como de los miembros de su familia, otorgando al Estado un papel proveedor en la cobertura de los cuidados. Sin embargo, a pesar de este proceso, el apoyo familiar intergeneracional no ha sido completamente desplazado por el cuidado formal, debido a los altos niveles de contacto y la provisión de ayuda práctica que siguen proporcionando los propios baby boomers a sus familiares (Ogg, & Renaut, 2006). En algunos casos, el peso de las obligaciones familiares puede llegar a constituir un obstáculo para la libertad y el desarrollo individual (Clément, Bonvalet, & Ogg, 2011). Esto ocurre porque en la sociedad actual, donde la identidad está profundamente marcada por los valores sociales de la productividad, el crecimiento personal y la autorrealización, las personas baby boomers cuidadoras son presionadas para cumplir en todas las esferas de la vida, como trabajadoras, parejas, padres/madres, abuelos/as, amigas o voluntarias (Guberman et al., 2012).

La acción voluntaria

Una de las vías de participación que está tomando cada vez más fuerza entre los baby boomers son las actividades de voluntariado, las cuales permiten mantener su rol social pero desde una posición menos exigente. De este modo, se trata de restablecer el diálogo con la sociedad de una manera significativa, pero con flexibilidad, reduciendo el nivel de responsabilidad (Haber, 2009). Sin embargo, desde la gerontología crítica se señala la importancia de diferenciar entre los propios deseos para desarrollar acciones vinculadas al compromiso cívico y la exigencia normativa asociada a ese tipo de compromiso (Minkler, & Holstein, 2008).

La vinculación a determinadas acciones voluntarias dependerá no sólo del grado de conciencia social de la persona implicada, sino también del grado de motivación personal para ejercer dicha acción. De hecho, la investigación actual apunta que el voluntariado  formal  entre  los  baby  boomers está más vinculado a razones de satisfacción personal que a motivos puramente altruistas (Pruchno, 2012). Así, la conciencia cívica se establece en virtud de cómo las personas actúan a través de las etapas de la vida (Hodgkin, 2012). Además, según McMunn et al., (2009), el voluntariado constituye una experiencia más útil para potenciar la agencia personal que otras actividades más frecuentes (por ejemplo, la prestación de cuidados informales en el ámbito familiar), lo que contribuye a su mayor atractivo.

La actividad política

El nivel de implicación de las personas mayores en actividades de carácter político se encuentra influido por los recursos financieros y educativos, así como por el nivel de capital social de estas personas (Nygard, & Jakobsson, 2013). Entre estas variables destaca el nivel educativo, por su potente influencia sobre la participación de las personas mayores en las organizaciones políticas, ya que se encuentran más posibilidades de participar entre las personas con mayores logros educativos (Serrat, Villar, & Celdrán, 2015).

Otro de los estudios al respecto, ha sugerido que la vida política de las futuras personas mayores podría ser diferente a la existente en la actualidad (Hudson, & Gonyea, 2012). Argumentado por la transformación del status, las personas habrían pasado de un status “dependiente” a otro “privilegiado” y más recientemente al status “contendiente”. Este fenómeno se explica a partir de la percepción de las personas baby boomers sobre las limitadas condiciones económicas y de derechos sociales. Dicha percepción legitimaría la reivindicación expresiva del status “contendiente”.

Por último, una razón que también legitima la necesidad de potenciar la participación política entre la generación baby boom es la relación que existe entre esta actividad y la actitud participativa. En concreto, se ha manifestado que altos niveles de participación política promueven elevados niveles de actividad en otras áreas de la vida (Nygard, & Jakobsson, 2013).

El activismo social

Vinculado a la participación política, el activismo social es una de las actividades con más potencial en la promoción de la participación social en la generación baby boom. Los baby boomer serán quienes iniciarán las nuevas reivindicaciones socio-políticas de lucha contra el edadismo o discriminación por la edad, de modo que los mayores del futuro parecen llamados a liderar un movimiento anti-exclusión social, en el que las problemáticas de otros grupos sociales –hijos/as y nietos/as– también tendrán un papel clave (Clément et al., 2011). A la vez, pertenecer a estos foros que implican “actividad”, tendría el propósito particular de mantener la autopercepción de sus miembros como personas comprometidas, conscientes y autoeficaces (Barnes, Harrison, & Murray, 2012).

Esta estrategia de elevar la voz para hacerse oír, reclamando un nuevo trato igualitario en su relación con los poderes públicos y privados, se ha denominado metafóricamente el poder gris (Calvo, 2004). Ante la actual crisis social, en la que los derechos de la ciudadanía son amenazados con numerosos recortes en los servicios públicos, la reactivación de este tipo de acción se ha convertido para muchas personas en necesaria y útil. Asimismo, cabe señalar la importancia del ciber-activismo con las nuevas tecnologías, como instrumento facilitador para el funcionamiento de estos movimientos (Williamson, 1998).

Finalmente, es importante señalar que en los cinco aspectos clave propuestos para afrontar el debate sobre la participación social en la generación baby boom, hay que conceder un papel fundamental y transversal a las relaciones sociales intergeneracionales. Los deseos individuales para la vejez que van desde la aspiración de estar conectados con otras personas hasta la de obtener “autonomía relacional”, se vinculan con el desarrollo de nuevas formas de sociabilidad en las que la autonomía y el reconocimiento a través de las relaciones sociales resultan fundamentales (Guberman et al., 2012).

 

Discusión y conclusiones

De acuerdo con la bibliografía analizada, el envejecimiento de la generación baby boom, como grupo que se aproxima a la edad de jubilación, implica cambios respecto a la concepción actual sobre el envejecimiento activo, y más concretamente sobre la participación social de las personas mayores. Partiendo de la existencia de una interacción beneficiosa entre los procesos participativos y el bienestar subjetivo, en el caso de las personas baby boomers estos beneficios se ven reflejados en un aumento de la autovaloración, las formas de expresión y capacidades, y el nivel de reconocimiento externo.

Los baby boomers comparten una historia social y cultural, cuyas experiencias y eventos afectan distintivamente en sus actitudes y comportamientos durante todo el ciclo vital. Al enfrentarse al envejecimiento, los baby boomers muestran un rechazo por estar al margen de la sociedad y un deseo de querer estar “en acción”. Aspectos como las relaciones sociales inter-generacionales, o el cambio en el rol social de la mujer, marcan la entrada de esta generación en la etapa de jubilación, en la que el desarrollo de agencia social constituye un elemento fundamental en la consecución del bienestar. Entendiendo lo anterior, el envejecimiento de la generación baby boom supondrá un profundo cambio en la orientación de las organizaciones y políticas, por razón de equidad social, siendo necesaria la provisión de mejores oportunidades de participación social. La heterogeneidad propia de esta generación y el amplio espectro de definiciones respecto a las formas de participación social, muestran la necesidad de favorecer espacios de reflexión y construcción de las nuevas conceptualizaciones de la acción participativa. Además, es importante que esta reflexión se realice desde los propios grupos de personas mayores, por lo que se debe favorecer la creación de espacios de debate y la consecuente obtención de marcos de compresión específicos y coherentes con la realidad vivida por las personas que constituyen la llamada generación baby boom.

Ante la necesidad de “de-construir” los discursos y las dinámicas que dificultan la participación social de los nuevos mayores, a la vez que se afronta la “re-construcción” de los discursos y prácticas coherentes con los nuevas concepciones, se hace necesario proponer claves para que pueda desarrollarse dicho debate desde una visión amplia y actual. Una visión reduccionista del concepto de participación social dificultaría la toma en consideración de la variabilidad de procesos y acciones incluidos en la acción de participar desde el colectivo de las futuras personas mayores.

En respuesta a esta necesidad, este trabajo expone cinco aspectos claves para la literatura revisada. Entre éstos, la posibilidad de prolongar la vida laboral cumple un papel fundamental, no sólo por la seguridad económica que reportaría, sino por el sentimiento de utilidad y autonomía que promueve entre los que la ejercen. Por otro lado, como respuesta a las necesidades sociales actuales y a la cada vez más acentuada desigualdad social, las acciones voluntarias y socialmente productivas (dentro y fuera del ámbito familiar) se vislumbran como ámbitos de acción en auge entre el colectivo de baby boomers. Asimismo, vinculado a esta situación de escasez de recursos y de inequidad social, las acciones políticas y el activismo social por parte de los incipientes grupos de personas mayores se ha convertido en potentes herramientas de cambio, que además de perseguir unas metas determinadas, favorecen la incorporación de una imagen activa y socialmente comprometida de la vejez.

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