Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 15, No. 3 (2016)

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doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol15-Issue3-fulltext-784
Cuidar se escribe en femenino: Redes de cuidados en hogares de madres migrantes

Resumen

En el marco actual de las migraciones femeninas, abordar la organización social del cuidado y los ajustes en las dinámicas familiares, permite problematizar el modelo convencional de maternidad, centrado en que la responsabilidad del cuidado de los hijos está a cargo, de manera exclusiva, de la madre biológica. Modelo sobre el cual se valoran y entienden las dinámicas familiares y las relaciones materno-filiales en nuestra sociedad, como es el caso de la maternidad trasnacional. En este texto interesa plantear las estrategias que las madres migrantes emplean para cuidar de sus hijos que quedan en origen, prestando atención a las prácticas que se confrontan con ese modelo de madre. Para tal propósito, se recurre a las informaciones de tipo cualitativo, recopiladas a lo largo de los años 2009-2012 con madres guatemaltecas que viven en Madrid. Entre los hallazgos encontrados, se hace evidente que las familias de estas mujeres conforman una estructura, basada en una solidaridad inter-generacional, que colectiviza el cuidado, en la que la madre biológica es una pieza clave que cuenta con la colaboración activa de otras mujeres del grupo familiar.

Palabras Clave

cuidado colectivo, familias, maternidad transnacional, migración femenina

Caring is a female issue: Family care networks in home of immigrant mothers

Abstract

In the current context of female migration, addressing the social organization of care and the adjustments in family dynamics, allows us to problematize the validity of the conventional motherhood model, focusing on the responsibility of childcare exclusively in charge of the biological mother. Model on which family dynamics and maternal-filial relations in our society are valued and understood, as is the case of transnational motherhood. This text considers the strategies that migrant mothers employ to manage their remaining at home children care, paying attention to the dynamics confronting the conventional mother model, focused on a single woman. For this purpose, it is used qualitative information compiled over the years 2009-2012 with Guatemalan mothers living in Madrid. Among the findings, it is evident that the families of these women form a structure, based on an inter-generational solidarity, which collectivizes care, where the biological mother is a key piece that counts on the active collaboration of other women of the family group.

Keywords

families, female migration, shared care, transnational motherhood

Recibido

15 octubre 2015

Aceptado

Cómo citar este artículo:

Hernández Cordero, A. L. (2016). Cuidar se escribe en femenino: Redes de cuidados en hogares de madres migrantes. Psicoperspectivas, 15(3), 46-55. Recuperado el 16 de diciembre de 2016 desde http://www.psicoperspectivas.cl

* Autor para correspondencia:

Ana Lucía Hernández Cordero. Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España. Correo de contacto: acordero@unizar.es

En actual contexto de las migraciones internacionales, la discusión sobre el impacto de la migración femenina en la significación del concepto de familia está cobrando relevancia, nuevos tipos de familia, la organización de la reproducción social, tensiones y conflictos ocasionados por las ausencias de quienes migran y el impacto de esta misma en cuanto a las relaciones de género, son algunos de los temas en los que se ha profundizado (Pedone, & Gil, 2008). La maternidad transnacional, entendida como la separación física de las madres migrantes del núcleo familiar y las formas en las que mantienen sus vínculos afectivos en la distancia, representan una oportunidad para debatir sobre la vigencia del modelo de maternidad intensiva que Sharon Hays (1998) señaló en los años noventa y que, a pesar del tiempo, sigue formando parte de nuestros imaginarios colectivos. El binomio madre que abandona/ madre que se sacrifica por sus hijos sigue manteniendo como referente de análisis un concepto de maternidad en el que la madre es única o la responsable más importante del bienestar infantil, material y afectivo.

En este texto, me interesa reflexionar sobre esas estrategias que las madres que migran emplean para continuar atendiendo y cuidando a sus seres queridos y las respuestas de las familias que se quedan en el país de origen en esta labor, en un marco de prácticas novedosas al modelo más convencional de maternidad. Para ello, en primer lugar recurro a la revisión del concepto de maternidad intensiva, y analizándolo como fenómeno multidimensional (fisiológico, simbólico y social), dimensiones desde las cuales es posible desarrollar pautas alternativas en el ejercicio materno. En segundo lugar, planteo los arreglos familiares en torno al cuidado que están sucediendo en el marco de las migraciones internacionales y que dan lugar a la maternidad transnacional, precisamente como un ejemplo de prácticas de cuidado y crianza diferentes. Todo ello como parte de una dinámica que traspasa las fronteras de la relación materno-filial.

De esta cuenta, con este artículo pretendo plantear respuestas a cuestionamientos centrales en el tema de los cuidados transnacionales como pueden ser ¿Cómo se organiza la atención a los infantes y su cuidado dentro de las familias cuando la madre es quien migra? ¿Quiénes asumen la responsabilidad de ese cuidado y qué estrategias emplean? ¿Hasta qué punto es posible plantear una re-significación del rol de madre desde lugares físicamente distantes? Para tal propósito me valgo de testimonios recopilados durante los años 2009 al 2012, en el marco de la elaboración de mi tesis doctoral realizada con madres guatemaltecas inmigrantes en Madrid y sus familias. La relevancia de este texto se relaciona con el tratamiento del colectivo guatemalteco en el contexto español, y con la obtención  de informaciones tanto en Madrid como en Ciudad de Guatemala. Es decir, una aproximación con las madres migrantes y con las personas que han quedado a cargo del cuidado, cruzando las narraciones recogidas en los dos lugares geográficos, para describir y entender esas formas de organizar y gestionar la atención y el cuidado en cada hogar migrante.

La madre como la principal responsable de los cuidados familiares

El concepto de maternidad se ha construido con base en la capacidad biológica de reproducción que poseen las mujeres (Ortner, 2006). Además de ser un evento fisiológico (gestación, embarazo y parto) es también un hecho social que supone la creación de los nuevos individuos de manera integral (física y social). Una labor encargada de producir seres humanos y de asegurar su permanencia en el mundo a través de la provisión de cuidado y bienestar. Aunque es un hecho cargado de simbolismo social, se insiste en que las mujeres naturalmente procrean, aman a sus criaturas y se implican en su cuidado y crianza. Esto supone un único modelo explicativo de maternidad que entiende la procreación biológica y las labores principales de socialización centradas en la mujer madre (Imaz, 2010).

El actual concepto de maternidad es relativamente nuevo en el mundo occidental. Antes del siglo XX, las ideas en torno a la maternidad, la familia, la infancia y las mujeres poco tenían que ver con lo que se asume actualmente (Badinter, 2011). La madre buena, abnegada y consagrada al bienestar de sus hijos es una imagen que se ha ido construyendo y consolidando en un modelo de maternidad individual, naturalizado y con dedicación casi exclusiva. En 1998 Sharon Hays propone el término maternidad intensiva que condensa ese modelo planteando un conjunto de prácticas que las madres deben cumplir para llegar a ser “buenas madres”. En palabras de Hays, este modelo subrayaba la omnipotencia materna y a las mujeres se las consideraba responsables de todo lo que era bueno en los niños y deseable, desde el punto de vista moral, en la sociedad; o culpables por los desórdenes psicológicos individuales de sus hijos y los males sociales más amplios que surgían de ellos (Hays, 1998, p. 85).

Numerosas investigaciones en el ámbito de la sociología y la antropología (Canovas, 2010; Imaz, 2010; Stack, & Burton, 1994, entre otras) han señalado que el acto biológico de parir no siempre convierte a la mujer en la persona encargada de proteger y cuidar, es decir, en la madre socialmente reconocida. Cuando este compromiso se asume, no sucede solamente por una determinación genética, se trata también de un acto social cargado de significados, interpretaciones, sentimientos y comportamientos que están definidos culturalmente. Por ello, y con el interés de entender la maternidad y sus prácticas de forma detallada, se reconocen tres dimensiones que la constituyen: fisiológica, simbólica y socio-cultural (Hernández Cordero, 2013).

La dimensión fisiológica está ligada directamente a la reproducción biológica y sus implicaciones (Bernis, López, & Montero, 2008). Lo que hoy en día entendemos por una madre se basa principalmente en esa capacidad física de procreación, el propio hecho de que sea en los cuerpos femeninos donde se produce el embarazo coloca al componente biológico como punto de partida, haciendo imposible eliminar todas las implicaciones de carácter físico que supone la gestación de un ser humano. Aunque el auge de las técnicas de reproducción asistida (TRA) ha venido a revolucionar los procesos “naturales” de fecundación humana centrada en una sola mujer 1el peso de lo biológico se mantiene fuertemente arraigado en nuestras sociedades (Bonaccorso, 2008). De hecho, cuando existen dificultades para concebir, se recurre a las TRA porque éstas posibilitan la existencia de un vínculo biológico con el futuro hijo (Rivas, & Jociles, 2009), es decir, una parentalidad que se construye preferentemente a partir de una conexión consanguínea entre sus miembros. Esto hace evidente la importancia en la actualidad de esta dimensión en la maternidad.

La segunda, es la que vincula la identidad femenina con la posición social que se obtiene cuando se es madre (Canovas, 2010). Se trata de una dimensión de tipo simbólica que relaciona maternidad y feminidad. Es decir, la maternidad como la institución fundante de la subjetividad de las mujeres y que representa la cúspide de los deseos femeninos, un deseo que forma parte del orden de las cosas y que a su vez crea una identidad universal en todas las mujeres (Chodorow, 1984). Además, esta identidad encaja con el alcance de una posición aceptada y valorada de acuerdo a esa función de crear y criar a las nuevas personas de nuestro grupo social. En ese sentido, la maternidad es la puerta de entrada a un lugar social, reconocido y legitimado por el grupo de pertenencia.

Finalmente, la dimensión socio-cultural será la que se vincula a los modelos de cuidado y crianza infantil o el maternaje (Juliano, 2007). El buen desarrollo de esta dimensión está estrechamente vinculado al seguimiento de las indicaciones, las sugerencias y las buenas prácticas sobre el desempeño mejor y más apropiado del rol materno. Es lo que Silvana Darré (2013) denomina como pedagogías maternales, entendidas como el establecimiento social de las maneras adecuadas de atención a la infancia: quién debería criar a los niños, qué supone su crianza y por qué es la mejor opción para los niños y la sociedad. En nuestra sociedad, el concepto de crianza adecuada privilegia el papel de las mujeres como cuidadoras, un rol que se desempeña en la esfera doméstica y que se relaciona directamente a esa naturalización y universalización de lo que se entiende por maternidad. De esta cuenta las formas alternativas a la labor de socialización informal (no educación) son difícilmente aceptadas (Hernández Cordero, 2015).

En la actualidad, se sigue manteniendo como modelo convencional la maternidad intensiva (Hays, 1998), en este modelo las tres dimensiones están presentes y se entretejen unas a otras.

En la práctica el proceso de convertirse en madre se vive en permanente confrontación con el ideal de madre. Entender la estructura, culturalmente producida, que sostiene las prácticas, los significados y los sentimientos específicos de estas maternidades y sus dimensiones apunta a politizar el concepto (Gregorio Gil, 2010). La maternidad como fenómeno multidimensional nos lleva a analizar cómo se traduce cada una de sus dimensiones en esas experiencias personales que están en constante movimiento, y que son objeto de abundantes contradicciones, ambigüedades y cuestionamientos, como es el caso de las madres migrantes que han emprendido su movilidad individualmente dejando a sus hijos al cuidado de otras personas.

La feminización de las migraciones y la maternidad transnacional

En las últimas dos décadas, el estudio del cuidado o el care ha ido adquiriendo relevancia en los debates sociales y políticos (Recio, 2010). Su protagonismo en las ciencias sociales, guarda estrecha relación con dos fenómenos presentes en nuestras sociedades hoy en día. El primero, tiene que ver con el proceso de reorganización de la forma tradicional de atención a la población dependiente (niños, enfermos y adultos mayores) que estaba a cargo de las familias y que con la incorporación de la mujer al mercado laboral y la falta de respuesta estatal para la atención del cuidado se ven en la necesidad de recurrir a ayudas externas. El segundo evento íntimamente relacionado con el primero, se refiere a la creciente participación de las mujeres en los flujos migratorios internacionales como respuesta a la demanda de mano de obra para ocupar puestos de trabajo en el sector de los servicios de proximidad (Acosta, 2015). En años recientes, esta dinámica ha ido adquiriendo dimensiones globales, dando lugar a un trasvase de cuidados entre países, donde las mujeres inmigrantes son las responsables de estas tareas (Pérez-Orozco, 2009).

La inserción laboral de las mujeres migrantes en este sector ha dado lugar a las llamadas cadenas globales de cuidados entendidas como los encadenamientos de personas que atraviesan fronteras y que se conforman con el objetivo de sostener cotidianamente la vida, ya sea de manera remunerada y no remunerada (Hochschild, 2001). En este concepto se recoge la idea de movimientos transnacionales en los que se enlazan personas que proveen cuidados y personas que reciben estas atenciones (Gonzálvez, 2013). Pero además de esa compra y venta de tiempo para cuidar, las mujeres migrantes mantienen conexiones estrechas con sus familias, motivadas por el compromiso del sostenimiento económico, generando nuevas formas de organización del parentesco y de la vida familiar (Mummert, 2010).

En esa línea, la amplia bibliografía producida en los últimos veinte años desde la perspectiva feminista 2, está poniendo en evidencia la enorme flexibilidad de las formas organizativas de las familias vinculadas a la migración. De esta cuenta, se habla de nuevas maneras de cuidado y de la construcción de relaciones afectivas en la distancia (Hondagneu-Sotelo, & Ávila, 1997; Salazar-Parreñas, 2003) a la vez que se pone en cuestión las concepciones tradicionales de lo que se entiende por familia, maternidad, paternidad, y parentesco. En otras palabras, se habla de “situaciones familiares/parentales transnacionales” (Rodríguez, 2010, p. 129) para hacer referencia a las familias que viven en diferentes países y que mantienen dinámicas de producción y reproducción social, en la que participan padres, madres, familia extensa o incluso redes vecinales.

Uno de los fenómenos que se ha estudiado como consecuencia de estas dinámicas globales es la maternidad transnacional, entendida como esas redes y prácticas de soporte emotivo y material-económico que transciende las fronteras nacionales y que se insertan dentro de las relaciones materno-filiales (Hernández Cordero, 2014; Hochschild 2001; Largomarsino, 2014; Wagner, 2008). En ese sentido, la transferencia transnacional del trabajo reproductivo están forjando nuevos desafíos y significados de la maternidad (Gregorio Gil, & Gozálvez, 2012), constituyendo así nuevas formas de crianza, construcciones que implican variaciones en el significado, prioridad y formas de organización, y que a su vez dan lugar a nuevas negociaciones en las formas de cuidados en el lugar de origen, a la redefinición de roles de género dentro de la unidad doméstica (tanto en el lugar de origen como en el de destino), a la construcción de relaciones afectivas en la distancia y a procesos de autonomía personal para las mujeres que migran.

Cuando abordamos el tema de los cuidados transnacionales (encadenados o en circulación, formales o informales, familiares o no) y entendiéndolos como una práctica feminizada, naturalizada y en muchos casos desigual, el binomio madre-hijo/a sigue ocupando un lugar fundamental y un punto de arranque. Sin embargo, la propuesta teórica de Baldassar y Merla (2014) de circulación de cuidado como un el intercambio reciproco, multidireccional y asimétrico de cuidados que depende del contexto donde se lleva a cabo, complementaría los análisis sociales sobre estas dinámicas que atraviesan fronteras, precisamente porque ambas autoras proponen incluir a todos los actores que forman parte de esos tejidos de afectos, emociones y atenciones transfronterizas, que tienen como punto de partida la maternidad

Metodología: Etnografía de maternidades que se mueven

La metodología empleada para el desarrollo de esta investigación es cualitativa, basada principalmente en la propuesta metodológica de etnografía multisituada de Marcus (2001) donde se ha puesto atención a las trayectorias de los discursos de las entrevistadas respecto a su maternidad, identificando las trayectorias de esos discursos a lo largo del trabajo de campo.

A través de entrevistas en profundidad e historias de vida a madres migrantes guatemaltecas y a sus familias en el lugar de origen, me he preocupado por entender las conexiones y los vínculos que se tejen en ese entramado de relaciones familiares transnacionales donde la diada materno-filial es el punto de partida. Por ello ha resultado primordial conocer la perspectiva de los hijos y las otras mujeres cuidadoras. Además, a través de una etnografía urbana en la ciudad de Madrid ha sido posible captar las rutinas cotidianas y ahondar en las historias personales de estas madres.

La decisión de esta estrategia metodológica responde al deseo de poner atención a las prácticas de cuidado, antes y después de la migración, y cómo a partir de ellas, estas mujeres definen sus subjetividades en tanto madres. Entre 2009 y 2012 se realizaron en la Comunidad de Madrid 35 entrevistas abiertas a madres guatemaltecas, y partir de ellas, se llevó a cabo quince entrevistas en profundidad y cinco historias de vida, complementando la información con nueve entrevistasa cinco familias (hijos y mujeres cuidadoras) en Guatemala.

La conformación de la muestra, no representativa, ha sido a través de la técnica de bola de nieve, la cual consiste en que a partir del establecimiento de los primeros contactos, éstos nos enlazan con otros más que cumplan con los requisitos necesarios para formar parte del grupo de trabajo (Borderías, 1997). Los criterios de selección han sido los siguientes: que las mujeres fueran de nacionalidad guatemalteca, madres y que sus hijos (o algunos de ellos) residieran en Guatemala. El momento de frenar la búsqueda de nuevas entrevistas tuvo lugar cuando se llegó al punto de saturación teórica, entendido como el momento justo de retirarse del campo 3 (Taylor & Bogdan, 1987), el cual estuvo determinado por 1)la redundancia de los contenidos en torno a la maternidad y la organización de los cuidados y 2)la repetición de las narraciones referidas a las trayectorias migratorias.

Con cada participante se ha seguido unos pasos necesarios para asegurar el cumplimiento de una conducta ética propia de la investigación social. En primer lugar, se informó que las entrevistas eran anónimas, confidenciales y voluntarias; que la información que iban a brindar era exclusivamente para este estudio y solamente la autora iba a conocer los datos. Además, al inicio de cada entrevista, se explicó el contenido del guión de entrevista, el cual fue el mismo en todos los casos, para obtener el mismo tipo de información. Las entrevistas fueron registradas en soporte digital de audio, siempre bajo la autorización de cada una de ellas. Al finalizar cada encuentro, siempre quedaba a su disposición para posteriores aclaraciones acerca de la investigación, facilitándoles  datos de contacto.

Para su análisis, se ha utilizado la metodología cualitativa. Los núcleos temáticos y las principales cuestiones en los que se basó el análisis fueron: 1)El proyecto migratorio; 2)La organización del cuidado antes y después de la migración; 3)Las percepciones y vivencias relacionadas con la separación de los hijos/as; y 4)Las prácticas sociales que permiten mantener las relaciones de materno-filiales. Además en los puntos 3 y 4 se consideraron las 3 dimensiones de la maternidad.

 

Resultados y Discusión

Los cuidados como expresión de una maternidad transnacional: Presentes en la ausencia

A continuación se presenta el análisis de la información obtenida con las entrevistas y las reflexiones en torno a las experiencias de maternidad a pesar y a través de las fronteras. Dado que el argumento central del texto se basa en las prácticas de maternidad transnacional, esta sección se divide en tres sub-apartados: 1)la migración femenina y el sentimiento de culpa en el marco de la crisis de cuidados en el norte, 2)la organización familiar del trabajo de cuidado, y 3)las prácticas sociales que permiten mantener las relaciones de materno-filiales.

Migrar por los hijos: Culpas y contradicciones por cuidar a otros para cuidar de los propios

En la actualidad, migrar supone separarse de la familia y de los hijos para vivir a miles de kilómetros de distancia, pero aunque es difícil estas madres han resuelto hacerlo por el bienestar familiar. Las mujeres entrevistadas afirman que esta decisión está determinada en gran parte por su rol de madre y su deseo de satisfacer las necesidades materiales de los hijos. Poner en el centro de sus actos a los hijos y que ellos figuren como la motivación principal de su movilidad les dota de una aprobación personal (y social) que les sostiene en momentos de dificultad, sobre todo por el sentimiento de culpa que ellas mismas y su entorno desarrollan ante esa separación física del hogar.

´Me dicen que si le pasa algo a mis hijos va ser por mi culpa, porque me fui… pero no entienden que yo no podía más allá y que me vine por ellos, porque la situación era ya difícil… no me alcanzaba para nada. Pero yo confío en que ellos me respondan, que no se desvíen, mi mamá está ahí, siempre con ellos, por eso digo yo que no les va pasar nada´ (Mónica 4, Madrid, 2010).

´Yo siempre me recuerdo de gente, de señoras que se van al norte, y la gente decía se fue y dejó a sus hijos, ¿cómo puede hace eso? Pero yo siempre pensé que era por necesidad y ahora veo que es cierto. Yo dejé a mi hijo de diez meses, y porque ni modo, yo no tenía para mantenerlo, y venir aquí a trabajar de cuidar niños, te das cuenta de la contradicción de todo esto´ (Marisol, Madrid, 2009).

En los testimonios se puede observar cómo la maternidad está altamente regulada, con expectativas y normativas definidas en su actuar (Darré, 2013; Pedone, 2008). Estas mujeres viven una contradicción interna entre cumplir con el modelo de madre presente (intensiva) y la necesidad de desplazarse a otro país y ausentarse del hogar familiar. Se mueven constantemente entre el papel de la madre que hace de todo para proveer bienestar a su prole y la mala madre que les abandona. Esa presión que reciben las madres migrantes corresponde al hecho de valorar esa movilidad siempre bajo la expectativa más convencional de la maternidad, es decir, como la encargada de proveer afectos, cuidados y atención a los miembros de la familia de forma presencial (León, 2014; Largomarsino, 2014).

Las condiciones en las que se configuran estas migraciones y tiene lugar esa separación física de familias están determinadas también por factores macro sociales. Estas mujeres migran para dedicarse laboralmente al sector de los cuidados, y lo hacen principalmente en modalidad de interna, es decir, que residen en el lugar donde desempeñan su trabajo: la casa de la familia empleadora. Esto a su vez significa que han tenido que migrar solas. Muchas familias prefieren la contratación bajo esta modalidad porque necesitan “disponer” de su empleada casi en cualquier momento, con lo cual no tener a la familia en España supone una ventaja para acceder al puesto de trabajo (Acosta, 2015). Esto hace que las migrantes atraviesen una experiencia de familia transnacional y pongan en marcha prácticas desde la distancia, no como consecuencia de su migración, sino como consecuencia de las condiciones del empleo que obtienen. De hecho, ellas mismas señalan que aunque quieren reagrupar, tanto su situación jurídica como laboral se los impide. De hecho la empleadas de hogar internas no pueden cumplir con los requerimientos de la reagrupación familiar que exige la administración pública española (Hernández Cordero, 2013; Pedone & Gil, 2008), tal como sucede en otros países, por ejemplo Italia (Largomarsino, 2014).

´Yo te voy a decir una cosa, ahora que voy a Guatemala mucha gente me pregunta si me voy a traer a mis hijos, y yo lo que pienso es ¿para qué? y ¿cómo van a vivir aquí? Si me los traigo, tengo que tener un piso, además otro trabajo porque ni modo que los meta en la casa donde estoy ¡la señora no me deja! o me los traigo y les pago a una persona extraña para los cuide ¡no! Entonces tengo que tener un trabajo que me permita estar y no puedo… ´ (Mercedes, Madrid, 2012).

En ese sentido, estamos ante un fenómeno trasnacional que hace visible no solo un trasvase de provisión de cuidados como consecuencia de una resolución parcial y deficiente de esta crisis en los países del centro (Pérez-Orozco, 2009), sino que como consecuencia de ello, se crean espacios transnacionales desiguales, asimétricos y feminizados, en los que tiene lugar el fenómeno de la maternidad migrante, en otras palabras madres que cuidan de unos remuneradamente, para que les sea posible cuidar de los suyos, a través de redes de afectos transfronterizos.

Cuidados que circulan, que vienen y van

Las madres entrevistadas se dedicaban al empleo remunerado antes de migrar, combinaban trabajo productivo con trabajo reproductivo. Para ello, han contado con una red familiar que les apoya tanto en las labores del hogar (cuidados y atención a dependientes) como de tipo material. En ese sentido, la ausencia física de la madre ha puesto de relieve los arreglos familiares que ya existían antes de la migración, y que a partir de ésta se hacen más explícitos. En todos los casos se trata de una red femenina, es decir, que la provisión de cuidado va más allá de la diada madre-hijo/s.

´Yo he trabajado de todo, en Guatemala hasta tuve una cafetería, pero por situaciones que suceden tuve que cerrar. Cuando mi hijo nació yo todavía la tenía, entonces iba a trabajar, no me acuerdo ahora cuánto tiempo fue… Como mi hermana tiene su casa a unas pocas calles de la mía, en la mañana preparaba todo lo del bebé y se lo llevaba. Y cuando regresaba, lo recogía. Y después era lo mismo, mi hermana me ayudaba con el niño, porque todos los días me iba a buscar trabajo, hasta que no pude más y se lo dejé para venirme aquí´ (Isabel, Madrid, 2009).

´Cuando yo me casé no dejé mi trabajo, entonces lo que hacíamos era que los lunes me iba yo a la casa de mi mamá y ahí me quedaba toda la semana. Cuando nació Ximena todo siguió igual y estábamos toda la semana con mi mamá, entonces se encargaba de los dos nietos, del hijo de mi hermana y la mía. La otra abuela la cuidaba pero no tanto… Por eso cuando nos venimos digamos que todo siguió igual…´ (Andrea, Madrid, 2010).

Las historias de estas mujeres nos permite constatar que sus experiencias de cuidado maternal no reproducen ni reproducían el modelo de maternidad intensiva. A su vez, se revelan unas formas alternativas de cuidado, haciendo visible los acuerdos a los que llegan para la organización de la asistencia y la atención familiar, antes y después de su migración. Sus historias son expresiones de formas heterogéneas de gestión familiar, que en estos casos manifiestan un compromiso de cuidado y del mantenimiento de los vínculos materno-filiales y parentales a la vez que se preocupan por el sostenimiento económico de sus hogares.

´A mí me gustaría mucho traérmelo a mi sobrino, que venga a conocer… cuando vaya por Ximena voy a ver si puedo hacerlo, es que él no puede viajar a Estados Unidos donde está mi hermana´ (Andrea, Madrid, 2011).

´Mis hermanas siempre han visto por mis hijos, y yo también por mis sobrinos, es que somos familia… lo mismo con los que están en el pueblo, o en los estados (EEUU) , o con mi papá… mi hermana la grande siempre ahí, ahora que está mal mi papá yo me siento impotente porque no puedo estar ahí, pero envío dinero y sé que si estuviera en Guatemala no podría dar ni la décima parte que les doy´ (Sonia, Madrid, 2010).

Se trata redes sociales y familiares, que a su vez se encuentran marcadamente feminizadas. Es decir, tejidos de apoyo que están constituidos por mujeres que forman parte del círculo más cercano: madres, hermanas, tías, amigas, vecinas o las propias hijas mayores y que están pendientes y se responsabilizan de la familia, pero que esta asunción de las tareas de cuidado se entienden y se justifican por ese rol materno que implícitamente se mantiene presente, todas las cuidadoras son madres o se asume que lo serán, como en el caso de las hijas. En ese sentido, es la dimensión socio-cultural de la maternidad la que cobra relevancia en estas dinámicas, y es también en esta dimensión en la que podemos observar diferencias, mostrando esa configuración de cuidados recíprocos y en diferentes niveles.

´Mi mamá nos enseñó a hacer todo y ahora nos toca a nosotras, pero todo es fácil, a veces con los niños no tanto, pero lo de la casa es fácil. Además mi mamá siempre está pendiente y nos llama seguido´ (Sandra, tercera hija de Rosa, Guatemala, 2011).

 ´Ximena extraña mucho a sus papas, eso es seguro. Pero ella está muy bien con sus abuelas, con la mamá de Andrea y con mi mamá, ha estado con ellas desde que nació y claro que debería estar con su mamá ¡así debe ser! Pero sus abuelas son como dos mamás más´ (Cuñada de Andrea, Guatemala, 2011).

 ´Nosotros queremos que regrese pero también entendemos que está allá trabajando mucho y que gana mejor que aquí… yo siempre miro a los patojos (hijos) y le llamo a ella, le cuento que están bien, cree que están mal y no, son muchachos salen pero están bien y todos queremos que ella allá esté bien´ (Marta, hermana de Sonia, Guatemala, 2011).

A partir de la migración de las madres, como punto neurálgico de esta configuración de cuidado, las dinámicas familiares de ayuda mutua se consolidan y se formalizan. Tal como señalan Osorio, Olivares, Whitford, Castillo, & Torres (2013) la existencia de esa red con la que cuentan estas mujeres se vuelve fundamental para todos los miembros, precisamente porque  dentro del núcleo familiar los hombres no están asumiendo ninguna laboral de cuidado (Herrera, 2013). Las experiencias de soporte familiar tanto para la organización del trabajo reproductivo como para los apoyos materiales y logísticos, se basan en una constante activación de recursos y capital social y de parentesco. Independientemente del tipo de familia de origen, se reporta una colaboración continuada y un apoyo intenso en el desarrollo de sus vidas. A este propósito, podemos afirmar que la propia posibilidad de migrar no sería posible sin la existencia de esa red, así como tampoco la permanencia y realización de cada uno de los proyectos migratorios de estas madres.

Ser madre a pesar de la distancia: La maternidad más allá de las fronteras

Como hemos señalado con anterioridad, esas prácticas maternales de cuidado se localizan en varios puntos geográficos distintos y físicamente distantes. Las madres forman parte de una estructura de cuidado que existía antes de su migración y que se sostiene gracias a la participación de varias mujeres en origen.

´Dejar al hijo de uno no es fácil, pero ella se fue para estar mejor incluso para que todos estemos mejor, y Sebastián lo sabe. Sabe que su mamita Isabel está lejos pero que lo quiere mucho, que está allá para que él esté bien, y la quiere mucho, yo le he enseñado a que la quiera mucho… y si te digo la verdad ella a nosotros nos ayuda mucho, es un apoyo grande también´ (Victoria, hermana de Isabel, Guatemala, 2011).

 

Por su parte, en destino las madres migrantes también cuidan, se preocupan por atender materialmente a sus seres queridos al mismo tiempo que mantienen sus vínculos familiares y materno-filiales. El envío de remesas y de regalos, así como una comunicación constante, regular y continua, consiguen que estas madres reafirmen y estabilicen su presencia en la vida de los hijos (Hernández Cordero, 2015). El contacto y la comunicación a través de diversos medios como las cabinas telefónicas, la telefonía móvil y las nuevas aplicaciones de Internet (correo electrónico, Messenger, Skype, Facebook, WhatsApp), se convierten en mecanismos fundamentales para reducir las distancias físicas entre estas madres y sus hijos/as. Así, a pesar peque no se comparte el espacio físico, cada una de ellas consigue participar de la vida que sucede al otro lado del océano (Hernández Cordero, 2015). Siguen siendo y haciendo familia (Peñaranda, 2010).

Todas estas estrategias se mantienen mientras estas madres no consiguen reagrupar a sus hijos y familiares. Como hemos visto, la reagrupación no es una cuestión fácil para las madres migrantes que trabajan en el empleo de hogar y de los cuidados. Mientras consiguen realizar la reagrupación, o regresar definitivamente a sus países de origen, en cuanto pueden salir del país, estas mujeres combinan estas prácticas con viajes cortos a sus países una vez cada año, precisamente porque reconocen que el contacto físico y presencial es muy importante.

Por otro lado, es necesario apuntar esas prácticas de cuidado también se reorganizan según pasa el tiempo y según se dan circunstancias particulares, provocando nuevos movimientos internos y una re-acomodación de los roles que cada miembro juega en ese tejido familiar. Un ejemplo de esto es el caso de Andrea, que en 2012 reagrupó a su hija de 10 años, después de pasar cinco años al cuidado de su abuela materna. Tiempo después esta mujer, que seguía encargada de otro nieto, fallece por un infarto. La muerte de la abuela en Guatemala significó un re-acomodo de las responsabilidades de cuidado que involucraba a toda la familia. Andrea ya nacionalizada como española decide adoptar a su sobrino para poder reagruparlo y darle la nacionalidad, una vez que el chico cumpla 18 años, podrá decidir si desea reencontrarse con su madre que vive en Los Ángeles (EEUU) desde el año 2004 o quedarse en España con Andrea y el resto de su familia.

Con esta historia se pone de manifiesto la plasticidad de esa dimensión socio-cultural de la maternidad, en donde es posible modificar e involucrar a otras mujeres, al mismo tiempo que no se modifica ese lugar social de la madre al que se llega a partir de la experiencia física de reproducción. Las madres migrantes siguen siendo madres, desde la distancia y a través de nuevos mecanismos virtuales que permiten materializar su presencia, al mismo tiempo que comparten ese trabajo de cuidado, que circula a través de las fronteras físicas y simbólicas.

Con base en todo lo anterior se pone en evidencia la existencia de una colectivización de la maternidad. Una maternidad que en su dimensión sociocultural se vive de manera compartida. La presencia de más personas encargadas de esas labores se amplía el abanico de arreglos familiares y domésticos, y contrario a las valoraciones negativas de la ausencia materna, esa red de apoyo inter-generacional se encarga de complementar toda esa estructura de cuidado que se organiza y se gestiona con sello femenino. El rol que desempeñan estas otras cuidadoras resulta fundamental para entender esas formas alternativas de cuidar.

 

Conclusiones

La maternidad transnacional, se desarrolla en una dinámica compartida que permite gestionar los vínculos afectivos desde la distancia. Por lo tanto, las consecuencias de la separación física de la madre que migra estarán determinadas por las formas específicas con las que esa red de solidaridad cuida de sus miembros, así como de las dinámicas que se entretejen a partir de la migración de una figura importante para el grupo familiar como es la madre. La edad de los hijos, la duración del proyecto migratorio, las relaciones entre los miembros que cuidan y son cuidados, la situación en la que se encuentran estas mujeres en términos económicos, laborales, legales y personales serán condicionantes de las formas en que se trenzan los afectos y los vínculos.

En el caso estudiado, todas las madres formaban parte de un tejido colectivizado y femenino de atención a la familia en su conjunto, de esta cuenta la ausencia materna no ha significado fracturas substanciales en cuanto a la estabilidad emocional de sus hijos. Por el contrario, la migración para estas mujeres ha sido un cambio estratégico en términos del sostenimiento económico de la familia, que ha repercutido en un bienestar para todos sus miembros. Al mismo tiempo que se han preocupado por el mantenimiento de esas prácticas de cuidado en la distancia.

Los cuidados, la socialización, la atención y la provisión de bienestar, como centro de esa dimensión socio-cultural de la maternidad, se desarrolla dentro de una lógica colectiva y comunitaria. Esto se consigue respetando los roles de cada una de las mujeres que participan en esta dinámica transnacional de cuidados. Las madres en destino y las otras cuidadoras en origen, construyen un entramado de atención a la infancia que se alimenta desde los dos sitios geográficos y que permite adaptarse a ese cambio que supone la migración de la madre. Es así, que las madres logran permanecer en las vidas de sus hijos y estar presentes en todos los eventos que marcan su desarrollo físico y social, principalmente a través de distintas herramientas como son el uso de las TICs para materializar sus afectos, preocupaciones y atenciones, así como el envío continuado y periódico de las remesas económicas. Estas estrategias forman parte y se alimentan por medio de la existencia de ese tejido de cuidados articulado y organizado para proveer bienestar al grupo familiar.

En ese sentido, podemos afirmar que esa separación física del hogar familiar, no ha supuesto una sustitución de la madre ausente, por el contrario las madres migrantes hacen hincapié y refuerzas las conexiones exclusivas que tienen con sus hijos, creadas a partir de la experiencia del embarazo y parto, y de hecho, su migración es motivada por ese rol como madres. Estos vínculos exclusivos y su lugar como madres, se reivindican y mantienen aún con la separación física, es decir, que las dimensiones física y simbólica no se modifican. Este lugar privilegiado de la madre migrante, tiene que ver con el hecho, como bien señala Largomarsino (2014), de que además de plantear que existen formas diversas de ser madres, no podemos correr el riesgo de transmitir la idea de que las madres, los hijos y las familias en general no necesitan la proximidad y el contacto físico. Sino más bien, reconocer que ante una situación de separación forzada, estas familias responden con formas alternativas y novedosas para la continuidad de sus vínculos, sus afectos y sus emociones.

El cuidado distribuido entre varias personas es posible gracias a una solidaridad de mujeres que forman parte del entorno más inmediato de las familias. Así, las madres desde la distancia, han conseguido re-plantear y re-organizar sus vínculos con el hogar lejano y con la crianza y el mantenimiento del vínculo afectivo con su prole. En ese sentido, la maternidad intensiva, individualizada y exclusiva ha dado paso a unas prácticas de crianza colectivas dentro de un entramado de reciprocidad entre las integrantes de una misma red de parentesco. Como bien señalan Gregorio, & Gonzálvez (2012), la migración de estas mujeres no ha incitado a que los hombres y padres que quedan en origen se involucren en labores de cuidado, por el contrario estas responsabilidades siguen siendo una “cuestión femenina” ya sea que se trate de un trabajo remunerado o no.

Notas

  1. En función de las etapas de la reproducción se habla de distintos actores: donantes, material genético (ovocitos, semen, embriones), “tipos de madres” (genética, de nacimiento, adoptiva) (Marré, 2009), la mujer procreadora no sale fácilmente de la escena, aún se mantienen vigentes los temas de naturaleza, genes e instinto, conservándose como la columna vertebral de la reproducción (Grau, 2010).
  2. Véase entre otros, Hondagneu-Sotelo y Avila (1997), Dreby, (2010), Rodríguez, (2010), Largomarsino, (2014).
  3. Para este caso concreto el momento de “retirarse” no significaba terminar con el trabajo de campo, sino detenerse en la búsqueda de informantes nuevas, para dar paso a las historias de vida.
  4. El nombre de cada entrevistada es ficticio y fue elegido por cada una de ellas con el objetivo de mantener el anonimato.

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