Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 18, No. 3 (2019)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol18-Issue3-fulltext-1661
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Sepúlveda Valenzuela and Valdebenito Infante: ¿Estudiar para trabajar? Transición educativa-laboral de los egresados de la Educación Técnico Profesional en Chile



El aumento sostenido de la matrícula de educación superior y la consolidación de un ‘imaginario colectivo’ que asocia el bienestar de futuro a la consecución de una carrera post-secundaria, es uno de los cambios significativos que ha experimentado la sociedad chilena. En 20 años la tasa de asistencia bruta a la educación superior se ha triplicado, y hacia el año 2017, más del 55% (1.300.000) de la población de jóvenes entre 18 a 24 años estudia en instituciones del sistema educativo, alcanzando un promedio similar al de los países de la OCDE (Consejo Nacional de Educación, 2017).

Detrás de este hecho existe un precedente indiscutible, aunque no siempre destacado; la educación media ha asumido una función formativa de carácter generalista, orientada a favorecer el tránsito de un número creciente de jóvenes a estudios post-secundarios en el marco de una amplia oferta de alternativas curriculares existentes en el ‘mercado’ educativo. Sin embargo, pese a esta característica y hasta el presente, su estructuraLa educación secundaria chilena aún se organiza bajo una lógica de carácter dual (UNESCO, 2013). Por un lado, predomina una organización de tipo científico humanista, enfocada al objetivo de formación en áreas tradicionales del conocimiento y la continuidad de estudios universitarios. Por otro lado, también persiste un canal formativo segmentado, donde la lógica de aprendizaje corresponde al estudio de una determinada ‘especialidad’ vinculada a una actividad productiva y el acceso temprano al mundo del trabajo.

La Educación Media Técnico Profesional (en adelante EMTP) representa el 39% de los estudiantes del segundo ciclo de enseñanza media; cerca de 160.000 jóvenes, estudian en alguna de las 35 especialidades reconocidas por el curriculum oficial. Se trata, además, de una población escolar homogénea desde un punto de vista socio-económico: el 64% de la matrícula proviene de los dos quintiles más pobres de la sociedad, mientras que el 60% de los liceos que imparten esta educación se encuentra en el decil de mayor vulnerabilidad (MINEDUC, 2018).

La EMTP se plantea como un modelo de educación profesional basada en un enfoque de competencias y su objetivo es proporcionar formación teórica y práctica que permita al estudiante el manejo de los aspectos más relevante de la especialidad elegida. Se trata de preparar a los jóvenes en un campo productivo, permitiendo su canalización hacia un primer empleo remunerado, pero con la perspectiva de ampliar las alternativas de futuro laboral y sin abandonar un principio de formación continua (Miranda, 2005). Los programas de este tipo pueden entregar a los estudiantes una amplia gama de competencias comerciales, técnicas y de gestión, que encuentran en el técnico de nivel medio una figura de reconocimiento por parte de los agentes del campo productivo y los propios empleadores (Comisión Nacional para la Productividad, 2018; OCDE, 2017).

En la actualidad, más de la mitad de los egresados de la EMTP continúan estudios de educación superior, priorizando carreras técnicas impartidas por Centros de Formación Técnica (CFT) o Institutos Profesionales (IP), o bien en carreras universitarias de centros educativos no selectivos (Larrañaga, Cabezas, & Dusaillant, 2013; Sepúlveda, 2016). Las aspiraciones de continuidad de estudios de los jóvenes que cursan esta modalidad formativa es similar a la de sus pares del sistema Científico Humanista (Sepúlveda, & Valdebenito, 2014). Sin embargo, sus posibilidades de incorporación y permanencia en las carreras son mucho más reducidas, mostrando una alta tasa de deserción (Farías, & Carrasco, 2012; Farías, & Sevilla, 2015). Además, su acceso a la educación superior es diferido en el tiempo, siendo común la combinación de actividades de estudios y trabajo durante un período de tiempo prolongado (Larrañaga et al., 2013).

Este estudio aborda al análisis de los modelos de trayectorias post egreso de la enseñanza secundaria que experimentan los jóvenes que estudian bajo la modalidad EMTP y el lugar específico que tiene el trabajo en este proceso. Se indaga en el grado de ajuste existente entre las aspiraciones personales y el desenlace educativo laboral de estos jóvenes, el significado del trabajo y el lugar que este ocupa en la experiencia de transición, así como el tipo de empleos a los que acceden. La delimitación de los modelos de trayectoria debería dar cuenta del grado de homogeneidad o heterogeneidad que alcanza el tránsito educativo-laboral de los jóvenes y la interrelación existente entre trabajo y estudios en su experiencia. El reconocimiento y consideración de estos procesos pueden servir como antecedentes relevantes para la discusión de nuevas políticas socio-educativas las que, hasta la actualidad, siguen ancladas a una lógica de tipo secuencial lineal.

La experiencia de los estudiantes de esta modalidad y el tipo de trayectoria que estos desarrollan es un tema débilmente abordado en el debate actual sobre la educación técnica y/o la formación para el trabajo, predominando aun orientaciones de política que enfatizan aspectos organizacionales y de la estructura del sistema educativo (Agencia de Calidad de la Educación, 2016; Camhi, & Vial, 2013; Centro UC de Políticas Públicas, 2018).

En el ámbito de los estudios de la juventud, el análisis de las trayectorias educativo-laborales ha asumido una gran relevancia, toda vez que las sociedades actuales presentan desafíos inéditos a las nuevas generaciones. Entre ellas, la ampliación de experiencias donde los jóvenes combinan actividades educativas y laborales, el aumento de la inseguridad o la precariedad en el trabajo, así como las nuevas relaciones intergeneracionales y el aplazamiento de la independencia del entorno familiar (Moreno, López, & Sagrario, 2012; Woodman, & Bennett, 2015; Wyn, 2013).

El rasgo distintivo de esta transición juvenil consiste en la desaparición de rutas relativamente organizadas y definidas para el tránsito a la vida adulta, existiendo un debilitamiento de los mecanismos tradicionales de reproducción social que caracterizaron el enfoque analítico vigente hasta la década de los 70 y 80 (Beadle, Holdsworth, & Wyn, 2011). Lo anterior ha significado el cuestionamiento a modelos de análisis de la transición como proceso normativo o estandarizado, tal como aún se utiliza en la definición de las cohortes demográficas (por ejemplo, en las llamadas generación X o Z). A diferencia de esto, esta tradición de estudios destaca la existencia de múltiples formas de transición relacionadas a la emergencia de una ‘nueva adultez’ caracterizada por la incertidumbre, lo que rompe con la visión tradicional de concepción de la juventud desde un punto de vista lineal-progresivo, asociada al desarrollo de la ‘madurez’. El tiempo actual, se caracteriza por la diversidad y complejidad de la experiencia de vida que experimentan los sujetos, obligando a una conceptualización acorde a este escenario socio-histórico particular (Andrés, & Wyn, 2010).

El ‘modelo tradicional’ ha enfatizado la consideración de una diversidad de resultados (como, por ejemplo, el tipo de empleo obtenido o la probabilidad de quedar desempleado) a través de un análisis cuantitativo sobre la relación existente entre el contexto externo y la base de recursos personales y familiares de los sujetos. Pese al valor reconocido de este modelo, presenta importantes limitaciones al no considerar la acción de los jóvenes como un factor relevante en los procesos y resultados de las transiciones (Furlong, Cartmel, Biggart, Sweeting & West, 2003).

Las experiencias de vida de las nuevas generaciones han cambiado de manera significativa. De manera creciente, han debido ‘negociar’ un conjunto de riesgos que fueron desconocidos por las generaciones precedentes (Furlong, & Cartmel, 2007). Para lograr obtener una cualificación académica o ingresar a un puesto de trabajo, los individuos deben movilizar una serie de ‘recursos experimentan.

Método

La investigación busca conocer los procesos de transición educativo-laboral de una cohorte de jóvenes egresados de la EMTP. El estudio se planteó con un enfoque metodológico que articula el análisis de las condiciones estructurales con una mirada a las orientaciones subjetivas y las significaciones otorgadas a las experiencias post egreso de los jóvenes. Busca identificar los tipos de trayectorias o recorridos, las transiciones y las capacidades socialmente disponibles para el ejercicio de la agencia en la construcción de los proyectos personales de estos jóvenes. En este contexto, el abordaje metodológico se planteó como un diseño mixto, combinando estrategias cuantitativas y cualitativas.

Participantes

La estrategia cuantitativa del estudio correspondió a una investigación longitudinal de tipo panel donde se siguió entre los años 2011-2016 a una muestra representativa de estudiantes que se encontraban cursando cuarto año medio en 69 establecimientos educativos de la Región Metropolitana de Chile (ver Tabla 1). Empleando reglas estandarizadas de seguimiento, la muestra estuvo representada por los estudiantes EMTP de cuarto medio de la región en el año 2011, sin recibir nuevos integrantes a lo largo de las mediciones.

Tabla 1

Seguimiento Estudio Longitudinal: Distribución por género los participantes

Etapas de seguimiento Hombres Mujeres Total casos Porcentaje del total
Primera medición 49,9 % 50,2 % 1011 100%
Segunda medición 47,3 % 52,7 % 605 59,8%
Tercera medición 49,5 % 50,5 % 540 53.4%
Cuarta medición 52,7 % 47,3 % 326 32.2%
Quinta medición 48,7 % 50,9 % 314 31.1%
Sexta medición 48,9 % 51,1 % 219 21.7%

[i] Fuente: Elaboración propia.

Siendo esta una población diversa, se consideraron a los establecimientos educativos como conglomerados a muestrear y, luego, utilizando un diseño polietápico, se delimitaron otras unidades de muestreo. La unidad primaria de muestreo fueron los “establecimientos educativos”, los cuales fueron seleccionados de manera aleatoria según su dependencia administrativa. Esta variable constituyó el atributo que determinó los estratos de la muestra y los márgenes de confiabilidad asociados (error estándar de un 5% y un nivel de confianza de un 95% por estrato). Adicionalmente, en cada una de las unidades se seleccionó de manera aleatoria a uno o dos grupos curso de cuarto medio, cubriendo en cada uno de ellos a la totalidad de los estudiantes, los que presentaban una proporción equilibrada entre hombres y mujeres. La muestra inicial correspondió a un total de 1869 jóvenes que fueron encuestados presencialmente, mediante un cuestionario auto aplicado guiado por un supervisor, quien explicitó los objetivos de la investigación, los mecanismos de respuesta, los protocolos éticos y los procesos de seguimiento.

Con posterioridad, se aplicaron olas sucesivas de indagación a la muestra de egresados. La medición mantuvo los criterios predominantes en la indagación del año anterior, intentando registrar los cambios y continuidades de la experiencia de los jóvenes a fin de profundizar en modelos de trayectorias presentes en sus experiencias. La Tabla 1 sintetiza la composición por género de la muestra a lo largo de la investigación.

Consideraciones éticas

En la primera medición, por el hecho de tratarse de menores de edad, se aplicaron dos protocolos éticos: consentimientos informados para padres/apoderados y asentimiento para jóvenes. En dichos protocolos se informaron los objetivos de la investigación, los marcos legales implicados, los derechos de los participantes, los mecanismos de anonimato y confidencialidad procedentes y las garantías de resguardo y uso de información. En las mediciones siguientes, se replicó el procedimiento de entrega y firma de los instrumentos, pero esta vez solo se implementaron consentimientos informados a jóvenes. En cada medición el comité de ética de la institución patrocinante procedió a revisar y aprobar los instrumentos aplicados.

Instrumentos

Las encuestas aplicadas a todos los participantes incluyeron preguntas destinadas a caracterizar el grado de cumplimiento de expectativas iniciales (antes del egreso de la enseñanza media), situaciones educativas y laborales, condiciones de contextos laborales y educativos, nivel de satisfacción personal con las experiencias educativas y laborales, percepción de soportes y apoyo familiar, entre otros aspectos.

Los cuestionarios fueron validados en una muestra inicial de 33 estudiantes (un grupo curso) y dos expertos. Las preguntas fueron construidas a partir de la realización de dos grupos de discusión que permitieron delimitar con mayor precisión los ámbitos asociados a cada dimensión analítica.

Plan de análisis

Para el tratamiento de los datos se trabajó fundamentalmente mediante análisis bi-variado, identificando la existencia o no de relación entre las variables consideradas en el estudio.

Para el análisis de las trayectorias, se buscó relevar los distintos recorridos de los jóvenes, reconociendo cada una de las etapas consecutivas que los componen. Con este horizonte analítico, la configuración de los modelos de trayectorias consideró tanto el análisis de las actividades principales desarrolladas en distintos momentos post egreso y de las actividades secundarias complementarias cuando esto así ocurría. A partir de lo anterior, fue posible delimitar el desarrollo de actividades exclusivas o la alternancia de las mismas en un margen de temporalidad que consideró 12 momentos: desde el primer semestre del primer año de egreso de la enseñanza media (2012), hasta el segundo semestre del quinto año de egreso (2016).

Para el análisis de cada individuo se caracterizaron la o las actividades realizadas en cada uno de los momentos, buscando luego identificar patrones comunes que permitiesen describir las características de los recorridos de la cohorte. Para efectos de este análisis se consideraron todos los casos; sin embargo, para clasificación de los modelos de recorridos no se analizaron aquellos casos que presentaban condiciones o situaciones fuera de los parámetros de clasificación inicial, como ocurre entre quienes se autocalificaron como “otra situación” y que escaparan de situaciones comunes, (casos outsiders como se los denomina estadísticamente). El análisis para el año 6 consideró 219 casos, mientras que los recorridos de desenlace abarcaron un total de 95 casos. Sobre la base de la delimitación de los recorridos, se configuraron conglomerados que se ven representados en tipologías de trayectorias.

La profundización cualitativa consideró el desarrollo de entrevistas semi-estructuradas durante los tres primeros años de la investigación. Esta estrategia tuvo como propósito profundizar en el proceso de construcción de proyectos educativo-laborales de los jóvenes y las experiencias de transición. Metodológicamente se trabajó con un enfoque biográfico, buscando profundizar en los puntos de quiebre (Hodkinson, & Sparkes, 1997) y momentos críticos (Thomson, et al, 2002) implicados en las transiciones de 36 jóvenes egresados de la EMTP. La selección de casos estuvo guiada por variables relevantes definidas previamente: especialidad cursada y el género y también estuvo definida por criterios asociados a la diferenciación de recorridos educativos y laborales de los jóvenes. En la sección siguiente se agregan citas textuales de algunas de las entrevistas realizadas en este estudio. Los nombres son ficticios y solo se hace referencia a la especialidad cursada o la actividad actual de los entrevistados.

Realizadas las entrevistas, se llevó a cabo un primer análisis que se orientó a la generación de conceptos que sintetizan la información más relevante mediante codificación abierta. A partir del análisis inicial, se realizó un análisis comparado de las narrativas presentes en el discurso de los entrevistados. Este trabajo se desarrolló mediante un procedimiento de comparaciones constantes (Glaser, & Strauss, 1967) que permitieron dar consistencia a los conceptos y favorecer su transversalidad. En una segunda etapa, se realizó un análisis comparado tendiente a reconstruir las experiencias y discursos de los jóvenes asociados en la etapa de la toma de decisiones y recorridos post egreso. A partir del discurso de los jóvenes acerca de sus procesos de transición educativo-laboral, se identificaron las lógicas a partir de las cuales los sujetos narran las decisiones y sus experiencias. Así, se profundizó en la descripción de los procesos y toma de decisiones, atribuciones causales sobre el propio rol en el rumbo que asume el recorrido, así como satisfacción/frustración con los logros y percepciones de autoeficacia, entre otros aspectos.

Resultados

Situación post egreso de los jóvenes estudiantes de la EMTP

Los antecedentes recogidos en este estudio ratifican que la educación técnica profesional, para un número significativo de jóvenes, no constituye una alternativa de ingreso temprano a la vida laboral. En efecto, los recorridos de los estudiantes de la EMTP, a cinco años de su egreso de la enseñanza secundaria, evidencian que un porcentaje cercano al 40% cursa estudios en la educación superior como actividad principal, mientras que un grupo cercano al 20% del total, experimenta procesos de combinación de actividades de estudio y trabajo, sin que se evidencie en este último caso un proceso de desarrollo de una carrera laboral en sentido estricto.

Los cambios en las dinámicas post egreso de estos jóvenes, originalmente orientados a la búsqueda de un empleo, responderían a distintos factores. Por una parte, el reconocimiento de una mayor demanda por certificación de estudios y años de escolaridad en los mercados laborales (y la correspondiente desvalorización del título secundario), como también a factores de tipo vocacional y el aumento de las aspiraciones, que darían cuenta de la capacidad de imaginar escenarios alternativos a los tradicionales en el proyecto de mediano y largo plazo.

Figura 1

Secuencialidad actividades jóvenes egresados EMTP Período de 5 años (2012-2016). Fuente: Elaboración propia.

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La consecuencia de lo anterior es la construcción de un proyecto temporal donde estudio y trabajo se superponen, extendiendo por un período incierto el proceso de transición a la vida laboral en sentido pleno. Al analizar la especificidad temporal con que se manifiestan los recorridos educativos y laborales para los estudiantes de la EMTP, como se muestra la Figura 1, podemos reconocer que el primer semestre luego del egreso de la enseñanza media es una fase de cierre formativo de la EMTP para un grupo significativo de jóvenes. Un 14,3% de quienes conforman la muestra de este estudio destina este período al desarrollo de su práctica profesional.

Lugar del trabajo en la experiencia post egreso de los jóvenes

Por otra parte, al poner la mirada en las experiencias de trabajo de los jóvenes que al egreso de su enseñanza secundaria se dedican de manera exclusiva a una actividad laboral, se observa una cierta homogeneidad respecto del tipo de empleo al que estos acceden. La Figura 2 ilustra una preponderancia de empleos de tipo dependiente, remunerados y desarrollados regularmente.

Figura 2

Tipo de empleo de jóvenes que tienen como actividad principal el trabajo, 2012-2016 (Valores expresados en porcentajes). Fuente: Elaboración propia.

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La práctica profesional corresponde a una exigencia curricular de finalización del proceso formativo de los estudiantes de la EMTP; consiste en un plan formativo en empresas de 450 horas de duración y que se realiza, por lo general, en los meses de verano inmediatamente después del egreso de 4 año medio.

Las cifras expresan que la participación tardía en la educación superior de algunos jóvenes (10 puntos porcentuales entre el primer y tercer semestre), se relaciona con la actual estructura del modelo formativo de la EMTP, que fija la práctica laboral en un momento que no sintoniza con las exigencias implicadas en los sistemas de ingreso a la educación superior.

Si bien estos datos hablan de un nivel de mayor homogeneidad en el tipo de empleo, también se constata una heterogeneidad de las experiencias laborales, revelando las restricciones actuales de los mercados ocupacionales para los jóvenes. Los resultados de esta investigación indican que un grupo significativo de egresados de la EMTP, alrededor del 60%, trabaja desarrollando actividades que no están asociadas a su formación previa, y solo un 40% de los jóvenes a los dos años de egreso, declara desarrollar actividades que están en correspondencia con el nivel de cualificación adquirido en el nivel escolar. La experiencia de trabajo también incluye a quienes realizan estudios post-secundarios. Los datos del seguimiento de la muestra reportan que las experiencias de alternancia estudio-trabajo, si bien en un principio no son masivas entre los jóvenes que continúan estudios superiores, aumentan a lo largo de este proceso, llegando a cifras de alrededor del 25% en un marco de temporalidad de cinco años (Figura 3).

Figura 3

Porcentaje de jóvenes que trabaja mientras estudia. Fuente: Elaboración propia.

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Tipos de empleos al que acceden los egresados de la EMTP

En términos generales los empleos reportados inicialmente son de tiempo parcial, pero que transitan hacia tareas que se efectúan con mayor regularidad.

Estos datos denotarían un proceso de ajuste inicial, que podría estar asociado a la hipótesis de la prueba-adaptación, entendida como un proceso en el que los jóvenes exploran las exigencias en la educación superior para, posteriormente, una vez consolidados en sus estudios, dar comienzo a la alternancia de actividades de formación y de trabajo con mayor dedicación a estos últimos. La Figura 4 da cuenta de esta tendencia, evidenciando el peso que alcanza la dependencia formal de estos empleos, aun en un período donde los jóvenes continúan estudios regulares. Como se indicó, la mayoría de los egresados de la EMTP continúa estudios técnicos de nivel superior (correspondientes a carreras de cuatro u ocho semestres). Con todo, el porcentaje de egresados al finalizar el ciclo de 5 años es pequeño (no supera el 15% del total) lo que ratifica un modelo de transición extenso, con entradas y salidas de actividades de estudio/trabajo, así como también de inactividad temporal.

Figura 4

Tipo de empleo de Jóvenes que trabajan mientras estudian. Fuente: Elaboración propia.

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Modelos de trayectorias educativo laborales de los egresados de la EMTP

Un último ámbito temático en el análisis longitudinal cuantitativo de las experiencias de trabajo de los jóvenes egresados de la EMTP, refiere a los modelos de trayectorias educativas laborales predominantes y el tipo de desenlace laboral que estos alcanzan durante el período en estudio. Para caracterizar los recorridos educativos laborales típicos de estos jóvenes, se construyó un modelo conceptual que da cuenta tanto de la secuencialidad y movimiento, como de la complejidad que implica la integración de las esferas educación-trabajo en las etapas transicionales, para luego analizarlo a la luz de los datos recogidos empíricamente. Su caracterización no se relaciona con la consecución o finalización de un ciclo, sino que pone en evidencia los movimientos generados en este proceso, traducidos en incorporaciones al mundo laboral y/o recorridos educativos.

Confirmando los datos expuestos, el tipo de trayectoria que predomina en la muestra del estudio es la educativa; el 45,8% de los jóvenes se dedica a estudiar como actividad principal durante todo este tiempo, existiendo una importante proporción de jóvenes en su interior que alternan estudios y trabajo durante el periodo observado. Junto a lo anterior, un grupo significativo, el 21,2%, presenta trayectorias de entradas y salidas del sistema de educación superior y del mundo laboral, caracterizándose como trayectorias de ensayo-error. Los análisis complementarios resaltan la baja proporción de jóvenes que se mantienen en inactividad durante todo el periodo o que pasan de un proceso de formación a la inactividad. La cifra asociada a estas experiencias no supera el 3,4%, lo que confirma que la inactividad es una experiencia acotada a ciertos momentos del tiempo y no es permanente. Cuando nos detenemos en estas experiencias vemos que en el 82% de los casos son mujeres y se vinculan a la experiencia de la maternidad. Un 33% del total de la muestra prosigue trayectorias laborales sin ingresar a una actividad educativa durante todo este período.

Frente a estos resultados, es importante observar que la aparente linealidad de las trayectorias se desdibuja cuando se hace un análisis interno de los recorridos. El estudio confirma que existe un alto índice de movilidad o cambio entre los que siguen una carrera de educación superior, alcanzando cifras que bordean el 47% de este total. Esto ratifica la desestructuración de las secuencialidades y una mayor reversibilidad de los recorridos, cuestión que ha sido destacado en estudios de países desarrollados (Walther, 2009) y que explicaría, además, la baja titulación existente a estas alturas de las trayectorias de los jóvenes.

Por otra parte, el análisis de las experiencias específicas de los jóvenes que al quinto año de egreso se encontraba trabajando, pone de manifiesto que, a pesar de la alta recurrencia de trayectorias educativas en los jóvenes de la EMTP, en este momento de su trayectoria, un 70% mantiene su condición de cualificación de nivel técnico medio, siendo un grupo relevante el que, pese al tiempo destinado, no ha alcanzado una certificación de nivel superior.

Modelos de recorrido-desenlace en las trayectorias de los jóvenes egresados de la EMTP

Frente a la interrogante por los modelos de recorridos-desenlaces de los jóvenes, configuradas a partir de las variables estudio-trabajo y continuidad-cambio que caracteriza su experiencia luego del egreso de la enseñanza media. La Figura 5 grafica cuatro modelos tipo predominantes a partir de los antecedentes disponibles (se trata de una tipología construida a partir de 95 casos de jóvenes trabajadores egresados de la EMTP).

Figura 5

Modelos de recorrido - desenlace jóvenes EMTP, 5 años. Fuente: Elaboración propia.

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En estos, se observa que el grupo de mayor cobertura, tipificado como “Mantención lineal”, representa a aquellos jóvenes que se encuentran trabajando en su especialidad EMTP inicial, pero que no continuó estudios. Paralelamente se encuentra el grupo denominado de “Mantención y bifurcación”, que representa casi un tercio de que los jóvenes que trabaja pero que lo hacen en un área distinta a su especialidad EMTP. Un tercer modelo de “Progresión continua”, corresponde a los jóvenes que trabajan en su especialidad inicial luego de una experiencia formativa superior, y finalmente, “Progresión alternativa” representa a aquellos que cambian luego del paso por un proceso formativo alternativo, es decir, estudian algo distinto a su formación escolar (Figura 6).

Figura 6

Tipo de empleo según tipología de recorrido y desenlace de jóvenes egresados de la EMTP (Valores expresados en porcentajes). Fuente: Elaboración propia.

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El contraste de las características de los trabajos desempeñados por los jóvenes muestra que existe una relación entre el tipo de recorrido-desenlace y las posibilidades de integración social de los jóvenes. Aquellos que prosiguen recorridos de ‘mantención y bifurcación’, tienen empleos que pueden ser tipificados como de mayor precariedad, es decir, que no exigen ninguna cualificación específica para su desarrollo. En estas labores se verifican ocupaciones tales como personal de aseo, cuidado de niños en hogares, garzones, vendedores, personal de seguridad y obreros.

En el caso de las otras tres tipologías existe un mayor predominio de labores que son más exigentes en la cualificación requerida, confirmando dos cuestiones relevantes, la primera, relativamente obvia, es que a mayor nivel de educación los jóvenes tienen mayores oportunidades laborales. Pero la segunda señala que los jóvenes que, sin acceder a cualificación de nivel superior, pero que desarrolla una trayectoria laboral continua en su área, puede desarrollar un perfil que les permite acceder a empleos no precarios o, por lo menos, de menor precariedad en comparación a sus pares que desarrollaron una trayectoria distinta a los estudios iniciales. Para estos últimos resulta clave la capacidad de articular redes y gestionar una trayectoria laboral en un campo donde las credenciales de técnico medio son crecientemente subvaloradas.

La experiencia educativo-laboral de los jóvenes de la EMTP: antecedentes cualitativos

La profundización cualitativa de este estudio confirma la desestandarización de los recorridos y aporta elementos significativos que ayudan a comprender el efecto de las experiencias laborales y las oportunidades del contexto en las subjetividades de los jóvenes. A través de los relatos, es posible reconocer experiencias que revelan las conexiones entre las experiencias de inserción al mundo del trabajo, la formación escolar y la configuración de identidades profesionales.

Un primer elemento para destacar es la importancia asociada a las posibilidades de desarrollo profesional que se ofrecen para los jóvenes en los lugares de trabajo. Su realización permite potenciar capacidades individuales aumentando, en algunos casos, las aspiraciones de estudio futuro o perspectiva de formación a lo largo de la vida. Virginia expone este vínculo, dando cuenta que las oportunidades de ascenso laboral constituyen un factor que la alienta al progreso en sus niveles de cualificación:

‘Trabajo como administradora de ventas en la empresa donde realicé las prácticas laborales. Mi puesto consiste en revisar los procesos de ventas de los empleados relacionados con el área industrial y cargar esos datos al sistema, pero estoy descubriendo que me gustaría tener un contacto más directo con los clientes, e incluso llegar a ser vendedora. Mi jefe me apoya y me anima a seguir esforzándome para hacer carrera en su empresa’ (Virginia, egresada de la especialidad de administración, 2 años de egreso).

El caso de Francisco también ilustra esta conexión. Este joven en su primer trabajo en una empresa del sector servicios, comenzó desarrollando labores de baja calificación técnica profesional, optando posteriormente a desafíos laborales que le permitieron proyectar una ruta de desarrollo futuro. Sus aspiraciones no se limitan a ascender en su empresa, sino que a consolidarse profesionalmente en el área de la administración mediante la integración de la dimensión práctica y la formación académica.

‘Tomada la decisión de no estudiar por un periodo entré a trabajar a Burger. En cuarto medio había trabajado ahí ocho meses durante el fin de semana, pasando primero por la cocina y luego a la caja. Si analizo la experiencia, creo que siempre me ha gustado este trabajo, me gusta relacionarme con los clientes, ofrecerles más cosas, de hecho, mi jefa siempre me considera un vendedor y no un cajero: “me tiraba la talla que poco más podría vender a mi abuela si fuera posible”. Por ello me impulsó a meterme en el proceso de selección para llegar a ser administrador. Un día viernes me dijeron: “ya, el lunes empezamos, pero en otra tienda”. Eso me gustó, el primer día me enseñaron lo que tenía que hacer y aprendí al tiro un montón de cosas que hace un gerente: rendiciones, gestión de los horarios, etc. Como señalé, me encantaría seguir perfeccionándome, por lo que en el mediano plazo tengo pensando comenzar una carrera en la educación superior. Para llegar a eso, me gustaría que existieran más centros de estudios en los que se impartieran la carrera de Ingeniería en Administración de Recursos Humanos. Hasta el momento solo sé que se imparte en una sola parte; en los demás centros de estudios solo imparten la carrera de Administración de Empresas’ (Francisco, egresado de la especialidad de Administración).

En la vereda opuesta, también es posible encontrar experiencias que son destacadas como insatisfactorias. El caso de Andrea ejemplifica una situación, en el que las vivencias laborales obstruyen recorridos de progresión y la apertura a nuevos escenarios. Andrea no logra desplegar acciones que le permitan concretar sus aspiraciones¸ el intenso ritmo de trabajo y la ausencia de oportunidades de crecimiento, son elementos que se conjugan desfavorablemente para ella:

‘Actualmente estoy trabajando en una imprenta, en el mismo lugar en el que había hecho la práctica. Me desempeño como encuadernadora, pero acá no hay posibilidades de aspirar a un puesto mejor, lo que pasa es que la empresa es chica y tenemos mucha demanda diaria… En mi casa están contentos con el hecho de que esté trabajando, pero igual me dicen de cuando en cuando que sería bueno que estudiara algo más. Por mi parte, debo decir que igual me gustaría estudiar, pero no estoy por ahora haciendo nada para eso…’ (Andrea, egresada de la especialidad de Diseño Gráfico, trabajadora de una imprenta. Año 3 de egreso).

Como se expresó anteriormente, el desarrollo de una actividad laboral distinta al área de estudios cursada en la EMTP, puede constituir un factor determinante en la posibilidad de acceso a empleos de mayor precariedad (un desarrollo más extenso sobre este punto se encuentra en Sepúlveda, 2016). Frente a esta constatación, la indagación cualitativa permitió evidenciar que la experiencia educativa de las prácticas profesionales puede cumplir un rol relevante para activar recursos personales y ampliar redes sociales, incidiendo así en la ratificación, cambio o bloqueo de los proyectos de futuro. Irene es un ejemplo de lo anterior. Egresada del sector de la especialidad de ventas, estudia la carrera de marketing en un centro de formación técnica y trabaja desde hace tres años como asistente en una empresa donde realizó su práctica profesional. Su testimonio evidencia que su práctica profesional constituyó una experiencia de aprendizaje de la vida laboral y de las relaciones interpersonales, cuestión que redunda en una mejor adaptación a la vida laboral:

Yo hice la práctica en esta empresa y me ofrecieron seguir después del verano. Ahí comencé como asiste de documentación administrativa; mi pega era como repartir papeles a todo el mundo: esto lo manda alguien; pero eso me salvó caleta. Porque conocí a mucha gente y fui entendiendo un poco como funciona este tipo de empresas; todavía sigo trabajando en cosas que no tengo que aplicar mucho de lo que he aprendido, pero espero que una vez que tenga el título pueda acceder a otro tipo de trabajo (Irene, Egresada hace 3 años de especialidad de ventas, estudia y trabaja).

Confirmando la experiencia de Irene, el caso de Daniela muestra otra expresión virtuosa asociada al vínculo entre experiencias significativas de aprendizaje en práctica profesional y confirmación vocacional. Esta joven se formó en el sector de administración y comercio, y el desarrollo de su práctica profesional no solo le permitió poner a prueba lo aprendido, sino que también confirmar el interés por el sector ocupacional, las dinámicas socio laborales asociadas y las oportunidades de desarrollo que le ofrece el contexto:

‘Las prácticas fueron muy importantes para mí porque marcaron un punto de inflexión en mis planes de estudio. A través de mi tío surgió la posibilidad de trabajar en la Tesorería General o en la corredora de bolsa de un Banco. Elegí esta última opción y no me arrepiento, al contrario, quedé fascinada. Al principio me intimidaba ser una chiquilla de 18 años, trabajando sin experiencia en medio de personas de otro estrato social, pero me acogieron muy bien e incluso me aseguraron que si quisiera realizar las próximas prácticas allá tengo un lugar garantizado para mí’ (Daniela, Egresada de la especialidad de Administración)

Como contraste, un ejemplo negativo lo refleja Antonio, quien realizó su práctica profesional en el servicio técnico de una empresa de retail. La percepción de que las alternativas laborales son limitadas con el título de nivel técnico, lo lleva al convencimiento de que es necesario dar un giro para acceder a un trabajo que ofrezca mayores satisfacciones personales:

‘ahí uno puede quedarse; los que van ahí trabajan mínimo 6 meses, más que los dos meses que en realidad dura la práctica. Pero yo no quise quedarme porque fue una experiencia muy mala. Nos mandaban a reparar cosas de marcas chinas que no tenían arreglo, entonces no aprendía nada. Me dije, no estoy aprendiendo nada y se me va a apagar el cerebro…tengo que seguir estudiando’ (Antonio, Egresado de la especialidad de Electrónica)

Más allá de las decisiones individuales, lo importante de recalcar aquí es que la experiencia de vínculo con el mundo del trabajo real asociado a la práctica profesional tiene consecuencias en la configuración del proyecto de los jóvenes. Eduardo, estudió la especialidad de gastronomía y pese a que se siente satisfecho en el sector de su interés vocacional inicial, reconoce que existen múltiples opciones de futuro dependiendo de lo ocurrido en esta primera experiencia laboral:

‘Nosotros los técnicos tenemos, no sé si es bueno o malo, pero nosotros salimos de 4° a hacer una práctica profesional y trabajamos y todo. Entonces, nosotros ejercemos lo que estudiamos…ahí muchos se dan cuenta que, si les gusta y siguen trabajando o estudiando en un instituto, pero muchos también se desencantan y se salen o no les gusta el trabajo, o también han tenido la mala suerte que les ha tocado un mal ambiente de trabajo y buscan otra cosa’ (Eduardo, Egresado de la especialidad de Gastronomía)

En las entrevistas es recurrente observar que los jóvenes significan la práctica profesional como un “trabajo”. Aunque en sentido estricto debería tratarse de una actividad formativa final, realizada a partir de un plan formativo elaborado por sus profesores, muchos jóvenes experimentan esta actividad como una experiencia laboral de aprendiz, debiendo realizar tareas rutinarias en función de las necesidades de las empresas donde ingresan más allá si esta actividad está en sintonía con los aprendizajes adquiridos en su proceso formativo. Su consideración como un “trabajo” se refuerza, además, con el hecho de que en muchas empresas se entrega una remuneración a los jóvenes durante su período de práctica profesional.

Más allá de lo anterior, estos hallazgos ponen en evidencia que participación temprana en el mundo del trabajo que ofrece la formación de EMTP, no es una camisa de fuerza que limita el diseño de rutas o las alternativas para los jóvenes. Por el contrario, es una experiencia que abre posibilidades de futuro y permite a los jóvenes probar terrenos y alternativas, que los ayudan a delinear proyectos en base a experiencias previas de reconocimiento. El problema es, por cierto, los recursos y competencias que estos jóvenes pueden desplegar para buscar otra cosa y los soportes para la prosecución de sus recorridos. En este sentido, cabe subrayar que, desde el ámbito de intervención escolar, la oportunidad de entregar prácticas profesionales de calidad, constituye un factor que potencia el acceso a experiencias laborales significativas y la consolidación de trayectorias profesionales.

Discusión y conclusiones

Los antecedentes recogidos en este estudio evidencian el desajuste existente entre las actuales políticas educativas orientadas hacia el trabajo (que encuentra en la EMTP uno de sus principales exponentes) y la experiencia de los jóvenes estudiantes de la educación técnica en el tiempo actual.

A diferencia de una transición lineal e ingreso temprano al mundo del trabajo, la situación de los egresados de la EMTP da cuenta de una diversidad de trayectorias, donde el interés por la continuidad de estudios constituye un requerimiento transversal. Esta ‘experiencia de época’ de los jóvenes no es extraña, y en su manifestación evidencia similitudes con antecedentes analizados en estudios recientes sobre la experiencia juvenil en la sociedad actual o post moderna (véase, por ejemplo, Leccardi & Ruspini, 2006).

En los cinco años siguientes a su egreso de la enseñanza media, más de dos tercios de los jóvenes participantes en esta investigación han cursado estudios superiores, ya sea a través de una dedicación exclusiva o bien a través de la alternancia de estudio y trabajo. Para ellos, la actividad laboral representa un soporte a sus objetivos de formación por lo que, en sentido estricto, durante el período de transición puede relativizarse el tipo de actividad desempeñada en relación al objetivo prioritario de alcanzar mayores credenciales educativas. Desde el año 2015, cuando se dio inicio a una política de gratuidad en el acceso a la educación superior de los estudiantes de familias de menores recursos, esta demanda se ha incrementado.

Los antecedentes de esta investigación también relevan que después de cinco años del egreso de la enseñanza media, quienes han finalizado estudios superiores no supera el 15% de la muestra, evidenciando un problema de concreción de las aspiraciones iniciales. Los antecedentes respecto al grupo de egresados que se encontraba trabajando en esta etapa es contundente; más de dos tercios de estos solo contaban con su título de técnico obtenido al finalizar la enseñanza secundaria. La formación para el trabajo recibida en su enseñanza media y la movilización de redes y recursos personales a lo largo de su experiencia, siguen siendo factores fundamentales en la trayectoria de estos jóvenes. Así, la transición educación-trabajo se alarga; sin embargo, no asegura mejores condiciones de inclusión para estos jóvenes, cuestionando las oportunidades y ventajas comparativas que ellos tendrían en el marco de la masificación de la educación superior.

Es posible sostener que la trayectoria de un importante segmento de los jóvenes egresados de la EMTP transita hacia una condición socio-laboral de lo que Standing (2013) denomina el precariado, una experiencia de vida laboral fragmentada, amenazada por las condiciones de inseguridad respecto a la permanencia en el empleo y crecimiento personal en el lugar y funciones de trabajo. Esta situación es evidente para quienes experimentan el recorrido de mantención y bifurcación, pero es extensible para un número mayor de jóvenes que, más allá de sus disposiciones personales, se enfrentan a desafíos de difícil resolución en el marco de una experiencia individualizada y débiles soportes institucionales que les sirvan de apoyo en sus trayectorias.

La pregunta acerca de la pertinencia de un sistema de formación para el trabajo en la enseñanza secundaria en el tiempo actual no admite una respuesta precisa o taxativa a partir de los antecedentes recogidos en este estudio. La experiencia educativo-laboral y los modelos de trayectorias de los jóvenes relevados aquí, indican que la formación inicial constituye un capital experiencial de innegable utilidad para quienes no continúan o terminan estudios en la educación superior.

La necesidad de combinar estudio y trabajo, se evidencia como un imperativo para un grupo amplio de jóvenes, más allá de si esa situación permite el cumplimiento de las metas personales (finalizar una carrera, acceder a un mejor empleo). El trabajo, en la gran mayoría de los casos e independientemente de su calidad y extensión a lo largo de esta trayectoria post egreso, es una experiencia que acompaña a los jóvenes e incide en los cambios o continuidades de sus propios recorridos. En este proceso, la agencia personal, esto es, los recursos emocionales y socio-afectivos; las características de sociabilidad de los sujetos, así como las redes personales y familiares juegan un rol relevante en el grado de éxito de tales trayectorias. Aunque esta dimensión ha sido analizada en la experiencia de inserción de jóvenes pobres a la educación superior (por ejemplo, Reay, David, & Ball, 2005), su consideración en el proceso de transición hacia el mundo del trabajo aparece como relevante y de gran potencial para la orientación de políticas sociales de apoyo a los procesos de transición de los jóvenes, y muy particularmente de aquellos con menos recursos sociales para hacer frente a los desafíos del mundo moderno.

Las políticas de educación para el trabajo deberían readecuarse, considerando los nuevos modelos de trayectoria que experimentan los jóvenes en la actualidad. Los antecedentes discutidos en este trabajo evidencian la necesidad de políticas flexibles y funcionales a la heterogeneidad de las experiencias de los jóvenes y las nuevas formas de combinar experiencias de estudio y trabajo en su larga transición educativa-laboral.

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Financiamiento

2 Financial disclosure FONDECYT, Proyectos No.1110544 y No. 1140596.