Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 17, No. 3 (2018)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol17-Issue3-fulltext-1238
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Gálvez Osorio, Berroeta, Castro Fernandez, Vergara Miranda, and Alarcón Valenzuela: Producción de lo común en cuatro organizaciones sociales autónomas



Las paradojas de un modelo político en decadencia

A pesar de las pasmosas cifras macroeconómicas que marca el aparentemente triunfante Chile neoliberal, el creciente malestar subjetivo y la aguda crisis de su sistema de participación política, caracterizada por una contundente disidencia cívica y masivas movilizaciones contra la mercantilización y destrucción de los bienes comunes, han alarmado a las elites políticas y académicas constituyendo un “problema” relevante en el debate público. Esta paradoja de la modernidad se manifestaría actualmente en un clima desconfianza y deslegitimación mutua entre las elites y las bases sociales, antagonismo que resultaría imperioso resolver para un adecuado “proceso de politización” (PNUD, 2015).

Para Mayol (2012), esta crisis política repercute del proyecto neoliberal de la dictadura militar que introdujo en la población cambios en su subjetividad para que esta asumiera lo público no desde lo común sino desde un individualismo despolitizado. Paradójicamente, esta lógica incorporada en la sociedad sería la responsable del aumento del “malestar social” que detonara en las movilizaciones de la última década y que muestran una repolitización “no tradicional” sustentada en una práctica cotidiana que ha conseguido un “aumento del espesor del espacio público y una mayor sensibilidad sobre los asuntos comunes” (Mayol, 2012, p. 13). Esta repolitización hallaría en la crisis de legitimidad de las instituciones estatales una importante grieta para el despliegue de un “principio de ciudadanía” (Mayol, 2012, p. 363), el cual -constantemente socavado por las elites políticas- jamás se habría expresado realmente. Se trataría entonces de una oportunidad histórica; pues la trayectoria de larga data de los movimientos sociales en Chile mostraría que estos estarán aún inconclusos hasta que logren constituirse como “ciudadanía soberana” con la capacidad de ejercer su “poder constituyente” y -por fin- refundar el estado de acuerdo a sus propias exigencias (Salazar, 2012). “Problema crónico” denunciado también por de Boaventura de Sousa (2015) quien advierte que los movimientos sociales a nivel Latinoamericano encuentran sus limitaciones en una “falta de vocación de poder” (de Sousa, 2015, p.132) que coarta su capacidad de impacto a nivel estatal para democratizar el espacio público.

¿Finalmente se consumaría la llamada (re)politización en Chile en vías de un proceso constituyente refundacional del estado-nación? ¿O quizá se trata de otros horizontes de transformación? Abordaremos estas interrogantes en esta investigación cuyo objetivo fue analizar los significados sobre las acciones políticas asociadas al espacio público en cuatro organizaciones sociales autónomas de Valparaíso; a través de la descripción de su cultura política y de los vínculos que establecen con otras organizaciones.

Culturas políticas antagónicas irrumpiendo en los espacios

Para comprender las dinámicas políticas del presente abordando cultura política y espacio público, nos valdremos de la noción de memoria colectiva y espacio (Halbwachs, [1950]1996), el cual comprende las subjetividades individuales a partir de su composición grupal en la ocupación de un suelo. Así, un grupo social en su estratificación interna, recrea la estructura material del espacio en el que se encuentra en un entrecruce en el que las imágenes espaciales y la estructura misma del espacio encarnan la memoria colectiva como huellas históricas sedimentadas, de manera que existen tantas maneras de representar el espacio como grupos sociales hay en el mismo.

De acuerdo a ello, se vuelve fundamental para nuestro estudio, situar nuestro marco interpretativo en el propio suelo que habitamos, lo que conlleva necesariamente comprender el hecho colonial fundacional de este continente y cómo ésta estructura las dinámicas socio-espaciales a abordar. En esta dirección, el trabajo de Silvia Rivera Cusicanqui (2015) constituye un aporte significativo para situar este estudio en la búsqueda de una “episteme propia” que corresponda a nuestra modernidad. Para la socióloga boliviana, las formas locales de conocimiento constituyen una verdadera episteme que se pronuncia a través de los significados que emergen del cuerpo y la acción. Se trata de una modernidad alterna que articula legados culturales heterogéneos y hasta contradictorios en forma contenciosa, las que, sin fundirse en una sola amalgama homogénea, se yuxtaponen conflictivamente en una dialéctica sin síntesis.

Esta idea de lo ch’ixi1 nos conduce a comprender retóricas, imaginarios y prácticas de potencial universal, y “nos permite vivir al mismo tiempo adentro y afuera de la máquina capitalista, utilizar y al mismo tiempo demoler la razón instrumental que ha nacido de sus entrañas” (Rivera, 2015, p. 207). Así, esta cultura política ch’ixi ha adoptado, incorporado y subvertido las violencias impuestas en los sucesivos horizontes coloniales y republicanos hasta nuestro presente asediado por la globalización, el multiculturalismo neoliberal y el imaginario dominante del desarrollo. Praxis descolonizadora que elabora las contradicciones culturales como una ventaja y desde dentro de cada subjetividad individual, pues el colonialismo interno no sólo implica la reactualización de las estructuras coloniales en el presente, sino también opera como un activo incorporado en el habitus de las personas.

Abordar el espacio público a partir de este marco interpretativo nos conduce a realizar el esfuerzo de identificar y radicalizar los heterogéneos sustratos que lo construyen, descubriendo así su anclaje eurocéntrico y patriarcal, pues “el derecho y la formación histórica moderna de lo que se conoce como ‘espacio público’, tienen en Europa un anclaje renacentista e ilustrado a través del cual re-nace el ser humano como Sujeto Universal (y masculino)” (Rivera, [1997]2010, p.203). Así entendido, esta noción de espacio público fue introducido en América Latina junto al nacimiento de los estados nacionales seculares, un “paquete cultural de ciudadanía” netamente emblemático e ilusorio cuando se trata de su ejercicio por las clases subalternas -indias, cholas y urbano-marginales-, perpetuando la doble moral del colonialismo interno (Rivera, [1997]2010, p.130).

Para Silvia Federici ([2004]2010) la escisión del espacio en lo público y lo privado constituye una construcción mistificadora fundamental y fundacional para todo ciclo de acumulación capitalista. De acuerdo a la pensadora italiana, el encubrimiento y naturalización del “cercamiento” de las relaciones entre hombres y mujeres; el cual confina el área femenina de la reproducción de la vida a un espacio privado no asalariado que escapa del control público de la producción; debe ser comprendido como forma de acumulación originaria en tanto la actividad femenina -el cuidado familiar, la sexualidad, la vinculación con redes comunales, entre tantísimas otras prácticas y saberes- ha sido y es generadora de la fuerza de trabajo necesaria para el capital en cada fase de su desarrollo.

Es en esta dinámica que resulta crítico para el capital la esfera de los “comunes” -relacionados estrechamente con la reproducción de la vida- ya que reprimir su despliegue contribuye directamente a las lógicas de acumulación. Precisamente por ello, plantea la autora que también desde allí reside el potencial para el diseño de horizontes alternativos de transformación social, pues en la producción de espacios comunes autónomos se disputan los espacios “cercados” por el capitalismo. Así, desde este frente teórico y político antipatriarcal y anticapitalista, lo que se pretende es rastrear y potenciar los “comunes”, entendidos como:

(…) las diversas prácticas y perspectivas adoptadas por los movimientos sociales de todo el globo que buscan mejorar la cooperación social, debilitar el control del mercado y el Estado sobre nuestras vidas, alcanzar un mejor reparto de la riqueza y, en definitiva, poner límites a la acumulación capitalista. (Federici, 2018, p. 86)

En este sentido, ante la “crisis de la forma-Estado” estamos hoy viviendo un nuevo y potente despliegue de la “política de los comunes” (Federici, 2018, p.110). No obstante, también se advierte del peligro de que los “comunes” sean cooptados como formas de producción de bajo costo para el circuito especulativo del capital. Y en efecto, hasta los estudios clásicos de Elinor Ostrom sobre lo común han sido celebrados por el neoliberalismo (Caffentzis, & Federici, [2013]2015, p. 54).

Ante esta paradójica fama en auge de los “comunes” ¿Qué distinguiría una política orientada a la creación de una vida alternativa al capital de aquella que es funcional a las elites capitalistas en decadencia?

[Los comunes] No son senderos hacia un capitalismo con rostro humano. Los comunes tienen que ser el medio para la creación de una sociedad igualitaria y cooperativa o se arriesgan a profundizar las divisiones sociales, creando paraísos para quienes se lo puedan permitir y que, por ende, puedan ignorar más fácilmente la miseria por la que se encuentran rodeados. (Caffentzis, & Federici, [2013]2015, p. 66)

En ese sentido, la producción de lo común no implica únicamente la gestión colectiva de recursos ni proporcionar servicios sociales que amortigüen el destructivo paso del capital; son pues espacios de producción solidaria y colectiva enfocadas en la reproducción de la vida en completa autonomía respecto del estado y del mercado transnacional. De esta manera, los “comunes” en coexistencia con la esfera pública y privada -como defendiera Ostrom- difieren sustancialmente de los “comunes” anticapitalistas.

No obstante, lo público constituye también una gran parte de las riquezas y del trabajo invertido, de tal manera que aparece como imperiosa necesidad comunal el que este no quede apropiado por las empresas privadas. Por ello la importancia de “conectar la lucha por lo público con aquellas por la construcción de lo común” (Caffentzis, & Federici, [2013] 2015, p. 68) sin que por ello esta última sea subsumida por la primera.

La disputa de los espacios públicos también resulta fundamental para bloquear los circuitos del flujo financiero especulativo propia de la “acumulación por desposesión” que opera, entre otras formas, a través de “vastos proyectos infraestructurales, como presas y autopistas -de nuevo, todos ellos financiados mediante la deuda [y que] están transformando el paisaje” (Harvey, 2012, p. 31).

Lo público ausente y las luchas por lo común en América Latina

Desde Argentina, Maristella Svampa (2008) analiza el fenómeno posterior a la crisis de diciembre del 2001 caracterizado por una cooptación de los movimientos de desocupados por parte del gobierno. Ante la institucionalización de las fábricas tomadas y el despojo de las economías campesinas étnicas por parte de la expansión de los monocultivos transgénicos, la autora resalta un clima de tensión política atravesado por “contradicciones discursivas” por cuanto las organizaciones sociales consignan la auto-organización a la vez que demandan orden institucional. Advierte una explosión de conflictos socio ambientales y de asambleas populares que se orientan en la conformación de una “red de territorios” cuyo potencial está asociado a horizontes políticos radicales que se prolongan desde coyunturas críticas específicas hasta dinámicas de largo aliento.

Gutiérrez, Tzul, Pérez y Maldonado (2013), en cuya reflexión a partir de una investigación de trabajo de campo en tres municipios del estado de Puebla, México, abordan lo político extrapolando la ampliación del debate sobre procesos de democratización en Sudamérica. Concluyen que lo público figura “ausente” desde un anclaje histórico colonial donde “lo común” se ha diezmado hasta llegar a lo que hoy es la República Mexicana y sus actuales intervenciones de “patrimonialismo”. Además, las autoras alientan a investigaciones para “rastrear la capacidad colectiva y local de apropiación, gestión y usufructo de la riqueza pública y/o común: más allá -y en ocasiones contra y más allá- de las formas estatales” (Gutiérrez, et al., 2013, p. 128).

Para nombrar esta forma de lo político Raquel Gutiérrez Aguilar (2017) utiliza la expresión de “política en femenino” ya que constituye un foco crucial de la actividad de las mujeres. En esta esfera, las dinámicas de producción de lo común se encarnan en hombres y mujeres que “necesariamente someten a crítica, también, el orden, la posición y la sensibilidad masculina moderna dominante históricamente entrelazada con la acumulación del capital y la constitución del estado” (Gutiérrez, 2017, p. 122).

En este punto es necesario detenernos en los detalles de estas dos culturas políticas divergentes y en la posible relación entre ambas. Por un lado, la política estadocéntrica posee una lógica fundamentalmente totalizante pretendiendo una abstracta representación universal. En su contraste, la política autónoma es siempre concreta y particular, y se dirige a “la desestabilización parcial, apertura particular y concreta de aquellas normas e instituciones que impiden su despliegue” (Gutiérrez, 2017, p. 62). El antagonismo de estas políticas a veces las lleva a confrontarse, pero no siempre, y -ante todo- no necesariamente, en tanto la política autónoma “no puede admitir límites exteriores y anteriores a su propio despliegue y decisión” (Gutiérrez, 2017, p. 65).

Por su parte, Colectivo Situaciones (2009) analiza este punto a partir del impacto que las dictaduras militares y el triunfo del neoliberalismo introdujeron en el continente en la fundación de una nueva forma de gobierno que le despoja al estado su rol monopolizador de la soberanía, desdoblándose en infinitas instancias de gestión y articulación, e inventándose permanentemente nuevos dispositivos políticos de gobierno.

Estas transformaciones de la cultura política masculino-dominante abren nuevas preguntas respecto a cómo se gestan los sentidos de inclusión en la política de los comunes frente a este nuevo poder disperso entre el gobierno y los administradores de la acumulación de capital (Gutiérrez, 2017).

En este sentido, resulta fundamental para nuestro estudio rastrear las habilidades tácticas comunales para enfrentar estas nuevas complejidades; la capacidad de gestionar diversidades en simultáneo en medio del permanente riesgo de cooptación y extracción de plusvalía simbólica desde la política dominante (Rivera, 2015). Esta última ha demostrado -luego de cada ciclo de transformación política radical- la adopción de una identidad estratégica como disfraz y puesta en escena, actuando “como si” las contradicciones capitalistas, patriarcales y coloniales estuvieran ya superadas dentro del espacio democrático y ciudadanista del desarrollo (Rivera, 2014, p. 37).

En su contraparte, las formas de identificación táctica que se tejen desde la vida cotidiana se encarna en comunidades interpeladas por las causas indígenas y modos de vida alternativos a la depredación urbana, cuyos logros -no exentos de amenazas y limitaciones- radican en una apertura a la pluralidad de personas y perspectivas para la formación de comunidades de vida; a la vez que denuncian y acosan a las intervenciones de mercantilización de los espacios en que habitan. Así, través de múltiples medios de comunicación, la combinación de diferentes estrategias políticas, y la formación de alianzas regionales, locales y planetarias; esta política autónoma “mantiene el fuego de la rebelión en el seno de las comunidades” (Rivera, 2014, p. 56).

Método

Desde una aproximación de tipo cualitativa optamos por una metodología abierta a adaptaciones obedeciendo al deseo de abordar las perspectivas contingentes a las situaciones que atraviese el proceso de la investigación (Martín-Crespo, & Salamanca, 2007a). Los casos presentados son de tipo teórico, en tanto seguimos criterios elaborados en función de las coordenadas teóricas que fundamentaron los objetivos y preguntas de la investigación (Martín-Crespo, & Salamanca, 2007b).

El diseño de la investigación corresponde al estudio de casos múltiples de tipo global pues se pretende abordar aquellos contenidos comunes en un análisis transversal de cuatro organizaciones sociales autónomas de Valparaíso (Rodríguez, Gil, & García, 1996). Para dar cuenta del dominio subjetivo de sus participantes recurrimos a la técnica de los grupos focales, abordando sus relatos orales que actúan como representación, comprensión y proyección de la experiencia vivida (Canales, 2006).

La primera etapa de este estudio se desplegó en medio de la histórica crisis post-catástrofe que irrumpió recientemente a Valparaíso: el mega incendio de abril de 2014, que arrasó con casi 3 mil viviendas, dejó más de 10 mil personas damnificadas y 15 personas fallecidas -según los datos oficiales-, crimen todavía impune.

Realizamos en total cuatro grupos focales -uno por cada organización- en los cuales propusimos a los y las participantes a que nos relataran su experiencia vivida en el espacio público; sus objetivos y prácticas organizacionales; las características relativas al espacio en que habitan y trabajan como colectivo; y sus dinámicas relacionales con otras organizaciones civiles, estatales y no gubernamentales.

Los aspectos éticos para este trabajo fueron cuidados por medio de documentos formales entregados a cada uno de los y las participantes para dar a conocer los objetivos y usos de la información de estudio, asegurando un consentimiento previo, expreso, libre e informado, cuidando las confidencialidades individuales.

A continuación, presentamos una breve descripción de la vida de estas cuatro organizaciones hacia fines del año 2014.

Centro Comunitario El Coligüe2

Desde la ocupación de una infraestructura en desuso en un barrio de Valparaíso, en sus inicios las labores se orientaron a cubrir apoyo psicosocial a jóvenes infractores de ley y luego hacia la juventud en general del mismo vecindario por medio de talleres artístico-musicales, escuelas alternativas, prácticas ecológicas, campamentos de verano y salud comunitaria. Se compone por unas 15 personas activas que habitan el mismo barrio y sus edades fluctúan entre los 16 y los 36 años. Posterior al mega incendio de abril del 2014 -que afectó casi la totalidad de la población en la que se ubican- su labor se centró en el enfrentamiento de la crisis por medio de la gestión coordinada con otras organizaciones y conjuntos vecinales afectados, apoyando en tareas de reconstrucción habitacional, sosteniendo un comedor comunitario permanente y conformando un comité ejecutivo para la solución de problemas. Las 6 personas participantes en el grupo focal se describen en forma general en la Tabla 1.

Tabla 1

Grupo Focal Centro Comunitario El Coligüe

Tramo etario Género Años en la organización
Participante 1 25-30 Masculino 4
Participante 2 25-30 Masculino 1
Participante 3 25-30 Masculino 1
Participante 4 25-30 Masculino 4
Participante 5 25-30 Masculino 4
Participante 6 30-35 Femenino 4

[i] Fuente: Elaboración propia.

Espacio Las Quilas3

Se constituye como organización social de base con personalidad jurídica como organización comunitaria de carácter funcional sin fines de lucro compuesta por una veintena de personas. Tiene financiamiento en base la autogestión como también a fondos estatales adjudicados. Destaca en su cuidado del carácter participativo y horizontal en la toma de decisiones, materializada en las asambleas y el trabajo compartido a través de comisiones. Promotor de procesos de apropiación territorial a través de la recuperación y ocupación de espacios, donde destaca la restauración de una antigua capilla ubicada en cerro Cordillera habilitándola para múltiples actividades comunitarias.

En la Tabla 2 se expone algunas características de las personas participantes en el grupo focal.

Tabla 2

Grupo Focal Espacio Las Quilas

Tramo etario Género Años en la organización
Participante 1 30-35 Femenino 6
Participante 2 30-35 Masculino 5
Participante 3 25-30 Masculino 4
Participante 4 35-40 Masculino 6
Participante 5 75-80 Masculino 4

[i] Fuente: Elaboración propia.

Piuke Ko

Piuke Ko -Laguna Corazón de Agua- se ubica en la periferia urbana de Valparaíso en medio de un espacio clave para el ecosistema regional; comprendido dentro de un corredor bilógico declarado Reserva para la Conservación de la Biósfera La Campana-Peñuelas por la UNESCO y ubicado en las proximidades del Santuario de la Naturaleza Acantilados Federico Santa María. Cuenta con personalidad jurídica sin fines de lucro como centro cultural y su labor se ha focalizado sustancialmente en el cuidado del área verde Humedal el Criquet, espacio rico en biodiversidad nativa y conocida por su laguna al cual concurren diversas personas que la usan como balneario. Por medio de una actividad cotidiana sostenida por más de tres años en este espacio, este colectivo ha desplegado labores que abarcan desde la limpieza del humedal; reforestación nativa; difusión de artes, oficios y saberes abiertos a la población en general; la fundación de una escuela libre y autogestionada; iniciativas festivas, artísticas y espirituales; hasta los esfuerzos jurídicos para el resguardo del lugar frente a la planificación urbana y mercantil.

Algunas características generales de los y las miembros de esta organización que participaron en el grupo focal aparecen en la Tabla 3.

Tabla 3

Grupo Focal Piuke Ko

Tramo etario Género Años en la organización
Participante 1 18-25 Masculino 3
Participante 2 18-25 Masculino 3
Participante 3 25-30 Femenino 2
Participante 4 30-35 Masculino 3
Participante 5 35-40 Femenino 3
Participante 6 25-30 Femenino 2

[i] Fuente: Elaboración propia.

Radio Placeres

Es un medio de comunicación alternativo e independiente fundado en el año 1989 compuesto por más de 25 personas. Inicialmente ligado a los barrios del cerro Los Placeres, luego se desplegó en una cobertura comunicacional y relacional al resto de la ciudad de Valparaíso también alcanzando redes internacionales a través de su señal por internet. Constituye un proyecto radial novedoso definido por la autogestión de sus recursos, lo que permite la libertad para elaborar una propuesta editorial autónoma. Sus contenidos musicales y discursivos giran en torno a la promoción de expresiones alternativas a la hegemonía capitalista, a la defensa de los derechos humanos y el rechazo hacia cualquier forma de opresión y discriminación racial o sexual. Importante es también su nexo informacional con las luchas eco-territoriales a nivel local, nacional e internacional, así como su compromiso con la difusión de música no comercial y local, aspectos que constituyen la propuesta de esta radio que se expresa a través de una veintena de programas.

En la Tabla 4 se ofrecen algunos datos sobre los y las participantes en el grupo focal.

Tabla 4

Grupo Focal Radio Placeres

Tramo etario Género Años en la organización
Participante 1 45-50 Femenino 8
Participante 2 25-30 Masculino 5
Participante 3 25-30 Masculino 5
Participante 4 20-25 Femenino 1
Participante 5 25-30 Femenino 2

[i] Fuente: Elaboración propia.

Los relatos orales de estos colectivos fueron grabados, transcritos y luego sometidos a un análisis de contenido categorial temático. En forma inductiva, los datos textuales fueron codificados en unidades que luego agrupamos en categorías considerando similitudes y semejanzas entre los datos empíricos en función de las coordenadas trazadas por los objetivos de la investigación. Así, a través de analogías interpretativas emergentes de los datos manifiestos se propone obtener significados que sobrepasen dichos datos, lo cual permite realizar lecturas sobre las condiciones de su producción (Vásquez, 1994).

Una vez finalizado este análisis, atestiguamos que nuestro procedimiento se veía desbordado por la experiencia analítica vivida en el contexto de crisis que marcó la primera etapa de esta investigación.

Aquellas experiencias comunes emergentes desde el enfrentamiento a la crisis post-incendio -en donde nos “autoconvocamos” junto a las organizaciones que luego pasaron a ser nuestros sujetos de estudio- nos colocaba, aun sin saberlo en principio, en sintonía con la sociología de la imagen, metodología propuesta por Rivera (2015) de la cual tomamos algunos elementos para el análisis de la “política visual” manifiesta en el relato de los colectivos de estudio incorporando nuestra propia mirada en las experiencias de co-participación investigativa.

A partir de esta constatación generamos nuevas interrogantes que se desprendieron de una relectura de los resultados preliminares, y -cuidando de no caer en una construcción teórica a priori- desde los datos empíricos sistematizados y la propia experiencia vivida como investigadores/as fueron reclamadas nuevas fuentes que pudiesen completar de la mejor forma nuestro análisis, en forma acorde al “framework approach” (Ritchie, & Lewis, 2003).

Desde aquí incorporamos los aportes como los de Federici (2018) y Gutiérrez Aguilar (2017) respecto a las dinámicas de producción de lo común, las cuales resultaron medulares para este trabajo. En forma especial, tomamos la noción ch’ixi de Rivera (2015) que nos permitió esclarecer sugerentes contradicciones que atraviesan los tópicos iniciales de nuestra investigación -cultura política y espacio público-. De esta manera, incorporamos lo ch’ixi no sólo como recurso teórico y epistémico sino también como parte de nuestro método de investigación, aspecto que se explica y queda plasmado en la elaboración final de la escritura de los resultados.

Resultados

Desde el análisis de contenidos emergieron una serie de categorías temáticas que llamamos: ‘Matriz ideológica-cultural’, relativa a los componentes identitarios y cognitivos implícitos y explícitos en los relatos; ‘Apropiación transformadora de los espacios’, referida a las prácticas organizacionales en relación a los diferentes espacios implicados; y ‘Relaciones entre organizaciones y comunidades’, que abarca los relatos en torno a la cualidad de los vínculos inter-organizacionales/ comunales que despliegan.

Dichas categorías, como ya hemos señalado, constituyen los resultados preliminares que fueron releídos desde lo ch’ixi, lo cual no permitió explicitar el carácter antagónico que las atraviesa a las tres, tensando sus significados en dos polos opuestos. Pero lejos de presentar un esquema de disyunción excluyente, esta contradicción revela también una “zona de contacto”; espacio de negociaciones, traslapes y luchas simbólicas que se entretejen en las tácticas de las comunidades para internalizar ciertos contenidos hegemónicos y resistir otros (Rivera, 2015).

Precisamente, la noción misma de espacio público se evidenció en forma contradictoria en el relato de nuestros colectivos estudiados, dotando a esta expresión de un doble sentido sugerente y que sirve a la vez como estrategia expositiva de los resultados: por una parte, se pronuncia el espacio público a partir de su riqueza disponible para la apropiación y gestión comunal; y por otro, se lo significa como espacio “adueñado” por intervenciones impuestas desde una lógica contrapuesta a los intereses comunes. En función de este hilo conductor se seleccionaron las unidades textuales más relevantes para ser aquí expuestas.

De esta forma, abordaremos secuencialmente estos dos polos del significado de espacio público en el relato de nuestras organizaciones estudiadas, luego nos ocuparemos en detalle del espacio fronterizo de esta disyunción y, finalmente, abordaremos las formas de identificación colectiva de nuestros sujetos de estudio.

Espacio público comunal

Desde el cerro Cordillera de Valparaíso, en medio de un barrio rico en memorias de reivindicaciones populares, un heterogéneo colectivo recuperó una vieja capilla abandonada con el propósito de trabajar por el empoderamiento y bienestar de la comunidad. El espacio público es enunciado aquí desde su transformación comunal, en tanto constituye un bien común disponible para la gente y donde su ocupación reactualiza la memoria colectiva (Halbwash [1950], 1996) en actividades que van desde el cotidiano, resolución de problemas vecinales y hasta la gestión de eventos festivo/culturales:

‘…el pretexto de recuperar una capilla, pero obviamente es algo mucho más profundo que es volver a agruparse en comunidad y volver a mirar la vida como en comunidad y recuperar tradiciones antiguas donde la gente se agrupaba, hacía grandes carnavales como también se juntaba para dar soluciones a distintas problemáticas de la vida cotidiana como la recuperación de una calle, de una vereda o de la misma casa ¿no? (…) en espacios públicos como yo le llamo. Eso es lo que me convoca, poder encontrarse con una persona o con otro u otra totalmente distinta a uno’ (Centro Comunitario Las Quilas, participante 4)

La capacidad para el encuentro con la otredad constituye una riqueza concreta del espacio público comunal, en tanto facilita los vínculos necesarios para la gestión y usufructo de la misma. Vital tráfico de gentes y saberes que se aprecia también en Piuke Ko a partir de las riquezas identificadas y los objetivos dispuestos en su función (Gutiérrez, 2017), donde lo material y lo social se dan la mano en las prácticas de trabajo común:

‘Se puede materializar, esa es la palabra, para mi acá arriba, probar materializar lo que se intentaba desde una ideología en la ciudad iba a ser un poco más difícil’ (Piuke Ko, participante 2)

Sin la mediación de estructuras rígidas de organización, la ética construida en la cotidianidad muestra su capacidad para la gestión de actividades y toma de decisiones, incluso manejando aparentes contradicciones, como el producir vitales instancias de encuentro comunitario a la par que se financia el mismo espacio. Así, por ejemplo, fiestas y veladas culturales:

‘Han tenido el objetivo, una de poder financiarse en parte los costos de la casa, y eso ha sido siempre una necesidad, y la otra es que ha generado como una instancia de encuentro’ (Centro Comunitario Las Quilas, participante 2)

También la posibilidad para la autoeducación comunitaria es parte de la riqueza de estos espacios, como destaca el Centro Comunitario El Coligüe, quienes trabajan con la población en una:

‘Educación de esa po’4, no de la vertical, sino que, así como amistad po`, como familia, como mucha gente que comparte aquí y converge’ (Centro Comunitario El Coligüe, participante 4)

‘Ahí uno es gestor coordinador de ideas que salen de las mismas juventudes, de también los papás que pasaron por este mismo espacio, porque también tiene que ver un tema de territorialidad, la gente aquí se siente dueña del espacio, y se empodera, y llevamos tiempo, como te decía, unos abuelos, los tíos que han pasado por aquí, es conciencia’ (Centro Comunitario El Coligüe, participante 3)

Lejos de permanecer cerrados y aislados en sus espacios estos colectivos generan múltiples vínculos hacia afuera, donde las experiencias previas, las afinidades y expectativas compartidas permean, filtran y condicionan el vínculo dentro de parámetros políticos contextuales. De esta manera, la praxis de auto sustentabilidad y cuidado de la naturaleza que se cultiva en el Parque Ecológico se conecta con grupos vecinos en:

‘Una relación similar a las mingas5 (…) y ellos vienen a ayudarnos y nosotros vamos a ayudarlos y generamos una reciprocidad (…) se expande lo que es el propósito del Parque hacia la población también, porque allá se está cuidando bosque nativo, se está reforestando’ (Piuke Ko, participante 5)

El entramado micropolítico posibilita así la conformación de redes más amplias, desplegándose en un espacio mesopolítico de autocuidado intercomunitario que permite tomar un rol activo ante las intervenciones y transformaciones impuestas. Potencial espacial comunal que se ubica en el afuera y más allá del estado y el capital (Federici, 2018) cuyos límites y dificultades fuimos testigos como “auto convocados/as” para afrontar la crisis del incendio del 2014:

‘Esa red venía de antes del incendio; antes del incendio nos habíamos articulado de tal manera, como que estábamos tan preparados como pa’6 lo que vino del incendio mismo’ (Centro Comunitario El Coligüe, participante 6)

Espacio público adueñado

Nos fijaremos ahora en los relatos sobre las formas de apropiación del espacio desde intervenciones estatales, ONGs, o capitales privados, que describen lo público desde la restricción de la comunidad para auto reproducirse:

‘Hay muchos espacios inactivos (…) por varios motivos, pero a veces la inactividad es porque alguien se hace dueño del espacio, digamos, ¿cachai7?, alguien se hace dueño de la sede, alguien se hace dueño de la junta de vecinos’ (Espacio Santa Ana, participante 3)

Este “alguien” que “inactiva” y se “adueña” de los espacios también referirá a la especulación mercantil y a las intervenciones estatales que representan una amenaza de los espacios comunes, lo cual se manifiesta en los relatos sobre la responsabilidad del estado en el mega incendio del 2014, junto al oportunismo de ONGs, empresas del retail y de especulación inmobiliaria durante y después de la crisis:

‘Organizaciones del estado se han acercado un montón po’ cachai, como a ofrecer cosas y a organizar y a tratar de meterse en la organización’ (Centro Comunitario El Coligüe, participante 5)

Y aparecen paralelamente ONGs:

‘…con los que no hay vínculo, pero aparecieron y se han ganado todos los proyectos, y se van a seguir ganando todas las lucas los hueones ¡de todo! ¿cachai?, entonces vienen con una maquinaria súper grande’ (Centro Comunitario El Coligüe, participante 5)

‘Se ejercen como estas situaciones de poder, como dualidades, así como claro, como que te viene a preguntar, pero igual te tiran el camión encima. Muy comunitaria será la práctica que se va a hacer ahí, pero viene desde una industria cultural. Es lo mismo po’, simbólicamente es lo mismo, un conteiner que viene con productos y lo dejan acá en el cerro. (…) Aunque nosotros digamos que nos parezca bien o nos parezca mal el conteiner lo vamos a tener igual ahí la próxima semana, porque la calle es pública’. (Centro Comunitario El Coligüe, participante 6)

Aquel “como que” manifiesta un ejemplo elocuente de un uso estratégico y ficcional de lo comunitario y lo público, como forma de extracción de plusvalía simbólica (Rivera, 2014, 2015). Esta disociación de las palabras con los actos -intrínseco a la idea de espacio público de anclaje eurocéntrico y androcéntrico (Rivera, [1997] 2010).

Formas a veces sutiles de intervencionismo instrumental pero que se cruzan con la violencia sistemática generadora de estrategias de desarticulación explícitas, como representa el testimonio de Radio Placeres sobre la tentativa de:

‘…silenciar a muchas radios comunitarias que funcionaban sin licencia porque el 2010 se venía la ley, la ley nueva de radios comunitarias y todo eso. Entonces el proceso lógico entonces era “ya -dijeron- antes de la ley nueva hagamos un barrido, eliminemos a todos los locos que no son parte del sistema que están fuera de la ley y saquémoslos del aire. Es una operación con nombre y apellido y se llama “Operación Silencio” (…) Por ejemplo, en la radio Galáctica, en Rosario, hay unos locos que fueron procesados, fueron allanados en la radio’ (Radio Placeres, participante 2)

Espacio público contencioso

El antagonismo entre estas dos políticas contrastantes que disputan la riqueza de los espacios tensa la noción de lo público en direcciones opuestas, generando una imagen espacial manchada y que se observa con nitidez en esta descripción de Piuke Ko.

‘Este cuarto de la laguna donde estamos nosotros se ha ocupado el eucalipto para construir, se ha despejado y han crecido los nativos y así se han mantenido. Ha crecido hermoso la vegetación nativa igual, pero tú te mueves hacia los militares y te das cuenta de lo que era anteriormente, (…) es bacán poder tener ese punto de vista porque ves todo lo que está pasando, porque miras hacia al lado y ves como el eucalipto afecta y como no deja crecer otras cosas. Están los militares disparando allá y nosotros estamos plantando, comiendo flores acá (risas)’ (Piuke Ko, participante 1)

En esta importante área verde de la ciudad de Valparaíso, no sólo cohabita el Parque Ecológico Piuke Ko con un campo de entrenamiento militar, aparecen también la ampliación del puerto y las mega carreteras para el flujo de capitales que encadena el puerto de Valparaíso al muevo ciclo extractivista-desarrollista impuesto en toda Sudamérica por el plan IIRSA (Iniciativa de Integración Regional Sudamericana).

‘Están todos los poderes simbólicamente acá y nosotros al medio de todos esos poderes, cachay, como que tení8 el poder militar, la represión de la cárcel, la marginalidad de la población’ (Piuke Ko, participante 3)

La presencia de estas estructuras de poder es percibida como una continua amenaza de desposesión de espacios para sostener formas de acumulación capitalista (Harvey, 2012). No obstante, la actividad de Piuke Ko en este espacio rodeado de poderes contrastantes genera la imagen de un espacio público contencioso:

‘Contención, literalmente; bueno si no estuvieran [los militares], nosotros podríamos no sé po` expandir la flora nativa pero bueno la cosa es que informalmente a veces nos tomamos unos mates con ellos. Y formalmente hablando, bueno, cuando fue el incendio llegó una retroexcavadora e hizo un hoyo en la laguna porque era “pa` que la gente no pase al otro lado de la laguna”, no sé, cualquier excusa. Pero estaban haciendo una excavación por este lado como de tres metros ochenta. Y esta laguna, aunque lo queramos o no, es publica, la gente viene acá desde antes de que estuvieran los milicos, entonces que lo cierren con cerco o no, siempre va a llegar gente a bañarse’ (Piuke Ko, participante 6)

Por otra parte, este carácter contencioso de lo público se revela también en las importantes contradicciones discursivas (Svampa, 2008) que estas organizaciones experimentan en torno a su propia relación con el estado, en tanto es posible evidenciar, junto a la valorización de una política auto-organizada, también una necesidad de orden estatal:

‘La institución (…) ahí hay un proceso, porque ellos deberían regularizar, en principio, el espacio. Porque son ellos los que tienen el comodato, deberían ellos entregar contratos de arriendo, pero hasta ahora lo único que se ha logrado es que hagan una reunión el administrador con todos los vecinos’ (Piuke Ko, participante 5)

En esta dirección, a continuación, se percibe una necesidad de “reconocimiento” estatal, refiriéndose a la gestión de algunos gobiernos progresistas en Latinoamérica -para fines del 2014-como tipo ideal de estado:

‘Nosotros todavía estamos en esta, en una instancia mucho más previa a los caminos que han recorrido en Argentina, en Venezuela, donde la sociedad organizada, reconocida, digamos, dentro de los espacios jurídicos. Entonces, por lo tanto, nosotros al no ser reconocidos dentro de los espacios jurídicos como una organización, estay en un tema de que si o si necesitamos solucionar un conflicto que tenemos aquí que es la capilla misma que es un espacio que pa’ nosotros es un espacio colectivo’ (Centro Comunitario El Coligüe, participante 4)

En efecto, estas organizaciones también activan ciertos vínculos con el estado y los otros múltiples dispositivos de gobierno neoliberal (Colectivo Situaciones, 2009), pero lejos de hacer un gesto de subordinación pasiva, estas comunidades cuidan que este contacto no condicione su autonomía y que se exprese en forma específica al visualizarse una oportunidad de desestabilización parcial del estado, o bien, una problemática en la que se precise de este en forma circunstancial para su posterior despliegue autónomo (Gutiérrez, 2017):

‘El ejemplo directo es la reconstrucción de la capilla. Quizá se ha tenido que postular a fondos y que, en un comienzo de los comienzos, cuando todavía estaba la capilla, cachai, era una discusión, así como súper fuerte de que no po’, no había que ser, no había que tomar los recursos del estado para financiarse, sino que teníamos que financiarnos por las nuestras. Y ya con el tiempo nos dimos cuenta de que claro ser así como, tener al estado como, utilizarlo solamente con fines instrumentales, (…) sabiendo que con esos recursos que nos entregan nosotros podemos hacer lo que tenemos estipulado como organización’ (Centro Comunitario Las Quilas, participante 1)

Desde el cuidado de su organización y cultura política interna, los colectivos despliegan selectivamente redes y operaciones conjuntas con entidades externas cuya pertinencia descansa en el aporte significativo que implique en un contexto dado. Por ejemplo, el Centro Comunitario El Coligüe destaca su trabajo con un Centro de Salud Familiar (CESFAM) del Ministerio de Salud, un jardín infantil y algunas ONGs, las cuales se adaptaron a las formas comunitarias internas de la organización. Estas organizaciones externas tomaron

‘… un compromiso con nosotros de trabajar, y como que nos compraron la propuesta po`, que es una propuesta diferente a otras propuestas porque en realidad rompe con los modelos metodológicos que tienen ellos’ (Centro Comunitario El Coligüe, participante 1)

Esta habilidad táctica de incorporación se sustenta de su propia cultura política y también se expresa en operaciones donde es la red de afinidades la que se infiltra en espacios institucionales dominantes, a través de lazos personales que burlan la vigilancia burocrática:

‘El tema es saber ocupar esos espacios de manera inteligente, ¿cachai? porque en el fondo tener una persona que está trabajando en [el diario] “La Estrella de Valparaíso” y que es afín a la radio no se logra todos los días. Teníamos, por ejemplo, a una persona que trabajaba en la radio y en su vida de ser humano normal, el loco trabajaba en el Congreso [Nacional], ¿cachai? Entonces vo` decí ‘pero de adónde el loco’9, pero aun así cada vez que nosotros pretendíamos sacar un llamado al aire o hacer un contacto o lo que fuera, el loco hacía el contacto a través de su oficina en el Congreso y nos salía gratis’ (Radio Placeres, participante 1)

Son momentos de apuestas cotidianas donde se confrontan los poderes dominantes con prácticas que implican ambigüedades políticas tácticas -mas no así una indeterminación pasiva- lo cual implica adoptar una conciencia fronteriza que bien dialoga con la idea de lo ch’ixi (Rivera, 2015), entrando en:

‘una dualidad de la acción. Y eso ha sido en base porque el estado no te la pone fácil po`, o sea, nosotros no estamos convencidos de esa opción, la tomamos porque no nos queda otra (…) Por mi parte no tengo ningún interés de mejorar la política pública, pero sabiendo al mismo tiempo la necesidad que tenemos y cómo mierda enfrentamos esta situación también de poder un poco doblarle la mano en el momento de los quihubos10, digamos, al estado, o sea, es una pequeña lucha’ (Centro Comunitario Las Quilas, participante 5)

Identificaciones contradictorias: (Des)instituyendo el espacio público

Hemos constatado hasta aquí cómo la cultura política ch’ixi constituye un poderoso recurso en la vida organizacional de estos colectivos en la reapropiación de espacios para la reproducción de la vida. En este plano, la gestión de las diferencias y divergencias se muestra en formas de identificación que aglutina las diversidades. Al respecto, la Radio Placeres relata un tránsito en su identificación, la cual pasó de forjarse en base a la oposición con la política dominante, para luego construirse en formas más “propositivas”:

‘Todos nuestros conceptos, nuestros slogans y todas nuestras como consignas tenían que ver con “ir en contra” (…) como “al choque con algo”, “en contra del monopolio comunicacional”, “al servicio de los que están luchando”. Y de ahí surgió la idea de en vez de ser tan negativos o tan contestatarios, ser más propositivos ¿Y qué se logró de ahí? (…) en el fondo que apoyamos todos los movimientos, todas las divergencias, todos los sistemas de organización que intentan mostrar diversidad en el mundo’ (Radio Placeres, participante 1)

Sin embargo, paradójicamente, esta identificación contra hegemónica, admite también que aquello contra lo que se lucha se halla precisamente dentro de cada individualidad:

‘De repente nosotros mismos somos fascistas pa` algunas huevás11, si entre lo que nosotros planteamos de lo que estamos conversando acá y el sectarismo no alcanza a haber un paso, hay medio paso. Hay mucha gente que critica la radio desde afuera y que plantea eso, que nosotros somos súper sectarios, porque vemos en un momento “ya, contigo me junto, contigo no” y es una radio po`, o sea, no es un partido político’ (Radio Placeres, participante 5)

Esta poderosa autocrítica nos muestra que los cercos en los espacios e imaginarios sociales no sólo son impuestos por las corporaciones especulativas o las intervenciones estatales, sino que también son autoimpuestas en formas de colonialismo interno (Rivera, 2010) que restringe las posibilidades de expansión y comunicación de las luchas de cada espacio particular. De esta manera, proponer y accionar una vida alternativa a las formas capitalistas conlleva necesariamente la articulación entre múltiples espacios que se mueven en el mismo horizonte:

‘El trabajo de redes que nosotros tenemos es un tema que para mí es central dentro de cualquier organización social: el generar redes. Porque estamos peleando, y tratamos de proponer un modelo de vida nuevo o distinto, diferente -no sé si nuevo- pero diferente al que ya está que es un bodrio’ (Radio Placeres, participante 4)

Produciendo el espacio propio y escuchando las propuestas y experiencias de afuera, estas comunidades se autoconvocan en alianzas comunales para gestar solidaridad y reciprocidad, de modo que la uniformidad de acciones y monotonía discursiva entorpecería el potencial de intercambios fructíferos para la transformación social:

‘La verdad es que la radio y los movimientos sociales, la esperanza que tienen es que la fragmentación puede ser una riqueza, de hecho, los mapuches pudieron resistir quinientos años y más gracias a que no tenían un dirigente ni un líder claros (…) Y a veces habían [sic] comunidades que estaban peleadas pero se unen en alianza de acuerdo a necesidades del momento ¿cachai?, en este caso la radio y otras organizaciones yo creo que pasa lo mismo. Es más importante buscar la convergencia que buscar la unidad porque finalmente…’ (Radio Placeres, participante 2)

‘La unidad es homogénea’ (Radio Placeres, participante 3)

Esta forma de identificación táctica (Rivera, 2014) se vincula aquí con la memoria larga de los pueblos mapuche -la noción del futalmapu12- que piensa la fragmentación y la heterogeneidad social como parte de la riqueza disponible en el espacio y que nutre la generación de alianzas más amplias para contener los espacios comunes cada vez más anchos.

A través de la autogestión de lo cotidiano y de las múltiples tácticas que abarcan peticiones y manifiestos, tráfico de títulos, saberes, rumores, cahuines, concentraciones y un largo etcétera, el espacio público es reapropiado material y discursivamente. De esta manera, tanto los significados respecto a lo público como a lo privado se muestran desbordados por la política de los comunes:

‘La laguna, por ejemplo, si bien tiene esta suerte de ser como privada, en verdad, el uso real, es que es una laguna pública y viene mucha gente y el uso que se le da es muy abierto y, al mismo tiempo, este espacio genera, hace la contención, da esa apertura que tiene ese lugar y cómo cuidarlo (…) hay un grupo de gente que lo está conteniendo como que así mismo el espacio va continuar porque se está cuidando’ (Piuke Ko, participante 3)

Discusión y conclusión

El análisis de los relatos de las cuatro organizaciones sociales autónomas de Valparaíso estudiadas reveló una arena política de contradicciones y tensiones donde “lo público” es desplazado entre las capturas e intervenciones coloniales/neoliberales y las reapropiaciones comunales en la producción de lo común y reproducción de la vida, generando la noción de espacio público contencioso.

En un extremo de esta tensión, desde los relatos sobre el intervencionismo de organizaciones externas (estatales, ONGs y privados) emerge la noción de espacio público masculino, referido a las formas de acumulación por “desposesión” (Harvey, 2012) y de “cercamiento” de las relaciones sociales como acto patriarcal sobre los espacios, el cual pretende bloquear el despliegue de los comunes y limitar el potencial de transformación social de estas organizaciones (Federici, 2018). Complementario con ello, se denuncia una disociación entre las prácticas y las palabras “oficiales” como aspecto intrínseco al espacio público, revelando su anclaje colonial como construcción eurocéntrica y androcéntrica (Rivera, [1997] 2010). Este saqueo de sentidos respecto de lo público evidencia también un espacio público “ausente”, acorde a los resultados elaborados por Gutiérrez, et al, (2013).

Desde el otro extremo de la tensión, comprobamos el despliegue de una política autónoma sustentada desde la vida cotidiana que muestra potentes y creativas capacidades de reconocimiento, gestión y decisión sobre la riqueza material y social disponible en los espacios en que desarrollan sus prácticas; “política en femenino” que va trazando un sentido de inclusión colectivo que pluraliza dichas capacidades político-espaciales (Gutiérrez, 2017). Así, estas organizaciones producen espacios comunes en una actividad conjunta de hombres y mujeres que se focaliza en la reproducción de la vida y por ello la pensamos como un espacio público femenino, en la medida que lo público es dotado de contenidos comunitarios desde una cultura política que revaloriza las actividades domésticas de los cuidados y los afectos, rompiendo con su carácter patriarcal (Federici, [2004] 2011).

A pesar de este carácter conflictivo entre estas heterogéneas formas de lo político en la transformación de los espacios, comprobamos que el potencial de agencia política de las organizaciones estudiadas radica en el contacto, negociación e incorporación táctica de las organizaciones externas como ONGs, servicios de salud y educación pública, etc. En este punto no fue difícil constatar también una serie de contradicciones discursivas respecto a las consignas de auto-organización a la vez que se producen demandas de orden institucional. Sin embargo, igual como reveló el estudio de Svampa (2008), esta política contradictoria se despliega en una red de territorios enfocado en las crisis medioambientales del presente, atendiendo urgencias coyunturales, así como problemáticas más profundas. Desde el cuidado del propio hábitat, en el tejido de alianzas contingentes intercomunales a diferentes escalas, y también en los tanteos tácticos con los dispositivos de gobierno y del estado (Rivera, 2014), podemos hallar en nuestras organizaciones de estudio un poderoso gesto político que permite conectar la construcción de lo común con las luchas por lo público (Caffentzis, & Federici, [2013] 2015) cuyo potencial de emancipación política continúa entramándose en la ciudad de Valparaíso, y desde allí, con múltiples otros espacios a escala planetaria.

Es en esta trayectoria que lo común logra invaginar lo público sin ser subsumido por éste, dando lugar a comunes anticapitalistas que se distinguen sustancialmente con aquellos comunes que se conciben en coexistencia armónica con lo público y lo privado (Caffentzis, & Federici, [2013] 2015).

Así, la acción política de estas organizaciones se reveló como una praxis (des)instituyente del espacio público, haciendo de la contradicción y la fragmentación una importante ventaja para asegurar la reproducción de la vida comunal y para articular diferencias ante necesidades urgentes, tejiendo autónomamente un espacio público xampurrea y en femenino que demuele el espacio público patriarcal-colonial desde su propio seno.

Esto no implica un gesto de nostalgia romántica y esencialista de la comunidad ni tampoco una proyección de voluntades racionales, son pues incorporaciones y aprendizajes de luchas que se adaptan a la experiencia vivida en una forma abigarrada de agrupar diversidades en simultáneo como formas de identificación táctica (Rivera, 2014), la misma que posibilita el reconocimiento del colonialismo interno como forma de cercamiento autoimpuesto, rasgo que pudimos apreciar en una importante autocrítica respecto a dinámicas relacionales internas.

Sin embargo, desde otro frente teórico, esta heterogeneidad y fragmentación de la cultura política es relegada al mito de la comunidad bárbara, pre-política y espasmódica, constituyendo una amenaza para el ideal de transformación y refundación del estado cuyo protagonismo recae en un sujeto universal y racionalista. Es esta, implícita o explícitamente, la noción masculina y eurocéntrica de la polis que aparece en las propuestas de autores como Mayol (2012), Salazar (2012) y de Sousa (2015). La episteme alterna de estos colectivos, por el contrario, evidencia horizontes más profundos de transformación, que -sin perder de vista al estado ni al capital- le fija límites a las intervenciones y cercamientos neoliberales y no necesariamente aspirando a una refundación estatal ni demandar su paternalismo (Gutiérrez, 2017).

De esta manera, y volviendo a las preguntas que formulamos al comienzo, podemos constatar desde nuestros resultados un horizonte no estado-céntrico de transformación social, cuyo foco más bien se centra en la reproducción de la vida, precisando del contacto táctico con la política masculina dominante sólo como forma de apertura de su propia expansión (Gutiérrez, 2017).

Ahora bien, cabe destacar aquí que el carácter emergente de esta investigación posibilitó una dinámica flexible en la que pudimos generar relecturas de los resultados preliminares y así poder contrastarlas con las propuestas políticas y teóricas de la teoría feminista y anticolonial. Estos tópicos se hallaban implícitos en nuestras formulaciones iniciales, de manera que no figuraron en los tópicos propuestos en la aplicación de la técnica de recolección de datos, siendo incorporados después en el transcurso del proceso analítico. Si bien este proceso investigativo logró obtener resultados concluyentes, consideramos que de haber incorporado estas categorías en la estrategia de recolección de datos hubiera enriquecido notablemente los resultados que aquí se expusieron respecto al potencial de las políticas comunales no andro-céntricas, especialmente respecto a la posibilidad de rastrear actividades específicas que protagonizan las mujeres dentro de las organizaciones, así como las características de la relación entre estas y los varones que allí convergen.

Finalmente, consideramos necesario el despliegue de nuevas perspectivas sobre las transformaciones de la realidad social en aras de comprender los horizontes de deseo y el potencial práctico de gran parte de comunidades y organizaciones políticas autónomas, las cuales históricamente han sido protagonistas de canalizar el devenir social hacia senderos que van más allá -y a veces en contra- del estado y de la amenaza del capital.

Referencias

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Financiamiento

5 Financial disclosure Núcleo de Estudios sobre Cultura Política Contemporánea y Espacio Público: Relatos, prácticas y performatividad. Convenio de Desempeño Humanidades, Artes y Ciencias Sociales. Universidad de Valparaíso-MINEDUC.

Nota

6 Seudónimo.

Nota

7 Seudónimo.

Nota

8 Chilenismo de la expresión ‘pues’.

Nota

9 Expresión pan-andina que refiere al trabajo colectivo, colaborativo y recíproco dentro y entre comunidades.

Nota

10 Chilenismo de la proposición ‘para’.

Nota

11 Chilenismo relativo al verbo ‘cachar’ traducido como ‘entender’. En este caso significa ‘¿entiendes?’

Nota

12 Chilenismo aplicado a los verbos en segunda persona en el que se reemplaza la ‘s’ por una ‘i’. En este caso se obtiene la expresión ‘tení’ a partir del verbo ‘tienes’.

Nota

13 Exclamación que refiere al propio asombro producido por la conducta inusual de otra persona. ‘Loco’ léase como sinónimo de ‘tipo’ o ‘persona’.

Nota

14 Expresión que deriva de las palabras ‘qué’ y ‘hubo’ y refiere a un lapso de tiempo crítico.

Nota

15 Chilenismo que significa ‘cosa’ o ’temática’.

Nota

16 Del mapuzungun (lengua mapuche) literalmente ‘tierra grande’.