Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 17, No. 1 (2018)

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doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol17-Issue1-fulltext-1202
Sánchez Díaz, Podestá González, and Garrido: Ser madre fuera de la heteronormatividad: Trayectorias vitales y desafíos de familias homoparentales chilenas



En Chile la diversidad sexual y la homoparentalidad generan discusiones sociales y políticas vinculadas a cambios en las concepciones y expresiones de la identidad de género, las formas de ser y hacer familia, la homofobia, la discriminación, los derechos de las personas, la legislación y las responsabilidades del Estado.

En este marco, realizamos el estudio “Maternidad en el Contexto de una Orientación Sexual Diversa: La Develación de la Orientación Sexual a los Hijos e Hijas”. Este trabajo describe parte de esos resultados. Se trata de mujeres que se identifican como lesbianas, bisexuales o queer1 (LBQ), con hijos/as nacidos/as en una relación heterosexual previa. Tanto las mujeres como sus hijos/as enfrentan múltiples desafíos, en el contexto de una invisibilización casi total y la falta de políticas y programas acordes con sus especificidades, que garanticen el respeto a sus derechos (Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, 2014; Centro de Derechos Humanos, UDP, 2017).

Esta publicación busca comprender la influencia de las trayectorias vitales de las mujeres en las relaciones con sus hijos/as, a la luz de su interacción con diversos sistemas del contexto sociocultural, incluyendo los ámbitos escolar y jurídico y las organizaciones de activismo lésbico. Se analizan algunos puntos de inflexión donde se articulan y/o tensionan lo personal-afectivo y lo sociocultural. El trabajo refleja la perspectiva de las mujeres y cómo ellas comprenden lo que ocurre con sus hijos/as.

Durante el siglo XX se desarrolla la noción de diversidad sexual en referencia a grupos de personas que no se identifican con la categoría heterosexual binaria, en lo relacionado con su orientación sexual y/o su identidad de género (Butler, 2002). Siguiendo esta línea, utilizamos el concepto de orientación sexual diversa (OSD) para aludir a la orientación de las personas LGBTI (lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales) y entendemos heteronormatividad como la creencia de que la heterosexualidad es la orientación sexual por defecto, es decir, “lo normal” (UNESCO, 2017).

En su investigación, Herrera (2007) observa que en Chile la construcción de una identidad lésbica suele ser “un proceso largo en el que influyen factores como el acceso a información sobre la homosexualidad, las características de los referentes sobre homosexualidad -negativas o positivas, vagas o concretas- y la capacidad de construir una identidad acorde con la propia experiencia.” (p. 156). Cabe preguntarse cómo afecta este proceso a la relación de las mujeres LBQ con sus hijos e hijas, foco de este trabajo.

El desarrollo identitario de estas mujeres incluye decisiones sobre la develación de la OSD al entorno familiar y social. Mendoza (2007) sostiene que las actitudes de violencia y discriminación de la sociedad, conocidas como homofobia, generarían sentimientos de negación, temor, culpa, autodesprecio y tristeza, dificultando los procesos de reconocimiento y develación de la OSD. Cuando las personas han aprendido a dirigir estas actitudes negativas hacia sí mismas, se habla de “homofobia internalizada” (Mendoza, 2007, p. 2).

Las familias homoparentales

El modelo heteronormativo de la familia nuclear, estable, compuesta por un matrimonio heterosexual y sus hijos/as, no da cuenta de la realidad de las familias de hoy. Según Castellar (2010), las múltiples formas de hacer y ser familia, han transformado el concepto y sus definiciones. Siguiendo a Castellar (2010), definimos familia homoparental como aquella donde dos personas del mismo sexo constituyen un núcleo familiar formal, se apoyan solidariamente, conviven y educan a sus hijos/as. En este estudio se trata además de familias ensambladas (Patterson, & Hastings, 2007), donde que existe un padre biológico de los hijos/as que tiene diversos grados de cercanía afectiva con éstos/as.

La homoparentalidad desafía los vínculos naturalizados entre consanguinidad y parentesco: se puede ser familia sin que haya parentesco sanguíneo (Herrera, 2005). Así, la familia se ha convertido en una arena de disputa simbólica, ideológica e incluso política, donde distintos proyectos de sociedad compiten por legitimidad (Robaldo, 2011).

Durante décadas, los estudios internacionales sobre familias homoparentales se han enfocado en el desarrollo de los hijos e hijas, siempre cruzados por posturas valóricas y políticas a favor o en contra de la homoparentalidad (Patterson, & Hastings, 2007). La gran mayoría de los estudios ha demostrado consistentemente que no hay diferencias significativas atribuibles a la OSD de los padres o madres entre los hijos/as de familias homoparentales y heteroparentales, en parámetros como inteligencia, adaptación psicológica y social, y orientación sexual (Bigner, & Tasker, 2007 en López, 2014; Lev 2010). Otros factores como la presencia de uno o dos progenitores, la situación económica familiar y las redes de apoyo resultan más determinantes en el desarrollo infantil (Patterson, & Hastings, 2007). Las dificultades que pueden vivir los hijos/as se relacionan con el entorno; ser hijo/a de una familia homoparental en un contexto homofóbico puede acarrear experiencias de discriminación como el bullying en el contexto escolar (Lev, 2010).

Los estudios acerca de las madres chilenas LBQ son escasos, destacando los de Herrera (2005, 2006) y Jara (2011). Herrera (2005, 2006) señala que a las madres chilenas les resulta difícil vincular la maternidad con una identidad homosexual cuando los hijos/as han nacido en una relación heterosexual anterior, temen que sus hijos/as sean discriminados/as y limitan su vida en pareja por ello. De este estudio han pasado más de diez años, de manera que es relevante investigar cómo se dan en la actualidad estos procesos personales y familiares.

Contexto social y cultural chileno

Según encuestas nacionales e internacionales, los chilenos/as están entre quienes tienen mayores niveles de aceptación de la homosexualidad en América Latina. Asimismo, ha crecido paulatinamente la aceptación hacia la propuesta de matrimonio homosexual y la homoparentalidad (MOVILH, 2017).

Sin embargo, estas actitudes progresistas coexisten con discursos conservadores que plantean que la homosexualidad es una enfermedad y no es “natural”, que los niños/as sólo se desarrollan bien en familias heteroparentales y que las personas LGBTI son incapaces de criarlos/as adecuadamente. Estos discursos, asociados a credos religiosos, se reproducen en todos los niveles sociales (MOVILH, 2017).

La legislación chilena muestra importantes retrasos en comparación con la de Argentina, Uruguay, Brasil, Colombia y México, que cuentan con leyes que regulan el matrimonio homosexual y los derechos filiativos en familias homoparentales, en conjunto con políticas públicas que protegen los derechos de las personas y las familias LGBTI (López, 2018).

En Chile siguen ocurriendo agresiones gravísimas a personas LGBTI que evidencian su desprotección legal, incluso con respecto a derechos básicos como la vida y la seguridad (MOVILH, 2017). De hecho, Chile fue sancionado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por violación de los derechos de una persona por su orientación sexual. El caso de la jueza Karen Atala y sus hijas, en el cual el padre ganó el juicio de tuición argumentando que la madre es lesbiana, sentó el primer precedente de que la orientación sexual es una categoría protegida por la Convención Americana de Derechos Humanos. Aquí, no sólo se violó el derecho a la igualdad y no discriminación de la madre, sino que también se transgredieron los derechos filiativos de las hijas (Centro de Derechos Humanos, UDP, 2017).

De ahí la importancia de la promulgación de la Ley Antidiscriminación (2012), que incluye la orientación sexual, y del Acuerdo de Unión Civil (2015), que regula aspectos legales y patrimoniales en parejas del mismo sexo. Por otra parte, existen algunos avances concretos en relación a las familias homoparentales. Durante 2015 y 2016, los Tribunales de Justicia sentaron precedentes positivos sobre el derecho de las parejas homosexuales a criar a sus hijos/as. En 2016 el Estado chileno firmó ante la CIDH un Acuerdo por la Igualdad, donde se compromete a sacar adelante la legislación de matrimonio igualitario y derechos filiativos de familias homoparentales, y garantizar el cumplimiento de los derechos de las personas LGBTI.

Cuando se analiza la experiencia de las madres LBQ es importante hacerlo desde una perspectiva interseccional. De acuerdo a Esguerra y Bello (2014), interseccionalidad “se refiere a la mirada que reconoce que en las y los sujetos se intersectan distintos sistemas de opresión: sexo-género, raza/racialización/racismo, etnicidad, clase, etario, entre otros, y que, por lo tanto, hay que establecer una visión no poblacional, sino de atención integral y de defensa y protección de derechos teniendo en cuenta la multidimensionalidad de las y los sujetos” (p.23). Por ejemplo, las violencias físicas, simbólicas e institucionales se agravan cuando a la discriminación homofóbica se suman la discriminación por raza y clase social (López, 2018).

Metodología

Se realizó un estudio cualitativo interpretativo, cuyo enfoque metodológico fue la Teoría Fundamentada (Strauss, & Corbin, 2002). La producción de los datos se llevó a cabo entre agosto y diciembre de 2015. Se realizaron entrevistas semiestructuradas a seis mujeres chilenas que fueron seleccionadas a través de un muestro intencional y teórico y contactadas a través de la técnica de bola de nieve.

Los criterios de inclusión fueron ser mujer con OSD; tener al menos un hijo/a de una pareja heterosexual previa; haber develado dicha orientación a los hijos/as; que la separación de los padres hubiera ocurrido al menos 6 meses antes; que no hubiera un proceso legal en curso y haber tenido alguna vez una pareja de OSD.

Las entrevistadas tenían entre 27 y 40 años de edad, y tenían entre uno/a y tres hijos/as (que tenían entre 4 y 15 años); todas eran profesionales y vivían en Santiago de Chile. Las entrevistas se llevaron a cabo en el domicilio de las mujeres o en lugares determinados por ellas. Tuvieron una duración de entre 50 y 90 minutos y las participantes firmaron una carta de consentimiento informado. La confidencialidad de los datos se resguardó identificando todo el material con códigos.

El guion de la entrevista preguntaba algunos datos sociodemográficos, sobre el proceso personal de reconocimiento de la OSD, y de contarle a los adultos/as cercanos y a los hijos/as, sus reacciones y la evolución posterior de las relaciones con ellos/as, factores que facilitaron o dificultaron este proceso (relacionales, sociales o culturales), apreciación del contexto sociocultural y político chileno en torno a la diversidad sexual, y motivación para participar en la entrevista. Las entrevistadas respondieron preguntas tales como: ¿Cómo ha sido el proceso de ir contándoles a otras personas sobre tu orientación sexual? ¿Ha cambiado en algo tu relación con tus hijos durante el proceso mismo y después de hablar con ellos de tu orientación sexual? ¿Qué aspectos consideras que les ayudaron o bien dificultaron sus procesos? Todas las entrevistas fueron transcritas textualmente para ser codificadas y analizadas.

El análisis de datos se desarrolló en paralelo con la producción de los mismos, para que ambos procesos se retroalimentaran. Las entrevistas transcritas fueron codificadas para organizar la información en categorías y subcategorías creadas a partir de los datos (Strauss, & Corbin, 2002). Se desarrolló codificaciones axiales para dar cuenta de los principales fenómenos identificados, distinguiendo unidades conceptuales y las relaciones entre ellas (ej., elementos que inciden en el reconocimiento personal de la OSD, etapas y estado actual de dicho proceso). Finalmente, se elaboró una codificación selectiva que describía y explicaba el fenómeno principal identificado en los discursos de las entrevistadas sobre la temática estudiada.

Resultados

En el relato de las mujeres entrevistadas emergía con fuerza la temática de su propio reconocimiento de la OSD y la influencia del contexto social y cultural tanto en su proceso personal como en el de sus hijos/as.

A continuación se presentan tres trayectorias vitales que sintetizan las diferentes experiencias de las mujeres y se asocian a una forma de develar su OSD a sus hijos/as. La trayectoria progresiva se asocia a la develación conversación, donde la madre toma la iniciativa de contarle al hijo/a y luego siguen varias otras conversaciones. En la trayectoria ambivalente observamos la develación conflictuada, donde la madre está confundida y tiene dificultades para abordar el tema con sus hijos. En la trayectoria queer la madre nunca le oculta su OSD al hijo/a, y mediante la develación confirmación lo van conversando a partir de las preguntas de los niños/as. Con distintos énfasis según la trayectoria, las mujeres utilizan estrategias que van desde pedirles a los hijos/as que no comenten este tema con nadie, hasta empoderarles entregándoles conceptos y valores sobre diversidad sexual y derechos. Finalmente se describen algunas articulaciones y tensiones entre los procesos individuales, familiares y sociales, en el marco de nuestro contexto cultural.

Trayectoria progresiva

Las tres mujeres que comparten esta trayectoria se autodefinen como lesbianas o bisexuales: Marta (una hija de 9 años), Gabriela (un hijo de 7 años) y Dominga (una hija de 12 años y un hijo de 15) 2. Originalmente se consideran heterosexuales hasta que empiezan a cuestionarse progresivamente su orientación sexual y su relación de pareja. Esto puede iniciarse en la adolescencia pero las mujeres lo niegan porque la homosexualidad “no existe” en su familia y no entienden qué les pasa. La relación con el padre de los hijos/as se inicia en la juventud, con afecto pero sin estar muy enamoradas; en dos casos tienen un embarazo no planificado. Las dudas sobre la OSD vuelven a emerger en la adultez y las mujeres experimentan confusión, ansiedad y sensaciones contradictorias. Con frecuencia lo que desencadena una búsqueda más activa es una crisis profunda en torno a la maternidad joven, las dificultades de pareja, la carrera profesional y/o la sobrecarga de tareas, que las llevan a tomar la decisión de separarse y abrirse a la posibilidad de una experiencia afectiva/erótica con otra mujer.

‘Igual fue justo en unos momentos que mi vida estaba pasando mucho estrés, porque trabajaba, estudiaba, tenía al niño, y carreteaba con esta amiga, y eran los momentos que yo tenía, así como pa liberarme (...) [Yo pensaba] tengo que probar, tengo que saber qué me pasa. Y bueno, pasó, y ahí fue que ya me di cuenta (...) sí, me gustan las mujeres.’ (Gabriela, hijo de 7 años, párr.41)

Se inicia entonces una exploración mediante la vida social con mujeres lesbianas, durante un período emocionalmente intenso de redescubrimiento de sí mismas. Al ir asumiendo progresivamente su atracción por otras mujeres, la develación a los adultos cercanos es impulsada por el hecho de tener una pareja concreta y el deseo de mayor coherencia en la identidad personal (“ser quien realmente soy”).

Estas entrevistadas no revelan su descubrimiento directamente a sus ex parejas, sino que ellos lo descubren por sí mismos y rechazan este cambio. Incurren en prácticas como insistir en retomar la relación, o seguir a la mujer, revisar su celular o sus redes sociales. Posteriormente, sus reacciones rabiosas derivan en manipulaciones o agresiones a través de los hijos/as como rigidizar los acuerdos de visitas, hacer denuncias a la policía y, en un caso, demandar el cuidado personal (custodia) del hijo esgrimiendo como argumento la OSD de la madre.

Estas mujeres develan su OSD a sus hijos/as a través del proceso que denominamos Develación Conversación. Ellas reflexionan previamente sobre cómo darles la noticia, consultan con madres lesbianas, buscan información en internet u orientación profesional, y luego conversan con ellos/as. Los factores desencadenantes son la convivencia con la pareja mujer, y/o comentarios de los hijos/as que dan cuenta de la presencia del tema en su entorno como, por ejemplo, información que ven en televisión o comentarios homofóbicos de otros niños/as.

‘...yo no sabía cómo explicarle que en realidad no era mi amiga, que era mi pareja (...) Un día estaba viendo una noticia [sobre el Acuerdo de Unión Civil] en la tele [y dice] “Ay, ustedes cuando se casen...” [Pensé] “Sí, tengo que hablar con la niña”. Ya como que la M. había entendido más o menos por dónde iba la cosa.’ (Marta, hija de 9 años, párr.45)

Otras motivaciones son el deseo de ser honesta con los hijos/as y transmitirles valores como comunicación abierta, honestidad y no discriminación a personas LGBTI. En estas conversaciones sólo participan la madre y los hijos/as (entre 3 y 14 años de edad en ese momento). Los contenidos básicos son que la madre tiene una pareja mujer, y que las personas pueden enamorarse libremente de alguien independientemente de su sexo. Una estrategia protectora inicial es decirles que es mejor no comentar este tema con otras personas, o hay que elegir muy bien con quien hacerlo. Las entrevistadas no integran al padre en este proceso de develación; ellas deciden la forma y el momento de hacerlo, a veces incluso en contra de su opinión.

Los hijos/as tienen reacciones diversas: de aceptación y tranquilidad o bien preocupación, rechazo y celos hacia la pareja de la madre, sentimientos que pueden alternarse a lo largo del proceso de develación, y por lo general evolucionan hacia la aceptación. Ésta se expresa como aprobación implícita o explícita, complicidad con la pareja de la madre, o contarle a los compañeros/as que la mamá es lesbiana.

Los hijos/as preadolescentes y adolescentes tienen más dificultad para aceptar la situación que los más pequeños/as, y preguntan quienes más saben de la OSD de la madre, si hubo otras parejas mujeres anteriormente, y cuestionan la historia familiar a la luz de esta nueva información (por ej., si sus nacimientos fueron deseados o no, si la separación de los padres se relaciona con la pareja mujer).

‘De las pocas que preguntó [el hijo adolescente], dijo: “Pero, entonces yo, así como que... Yo quizás no debería haber nacido”, algo así dijo. Yo le dije: “No, poh N., todo lo contrario (...) yo siempre te quise tener...” ‘(Dominga, hijo de 15 años e hija de 12 años. párr.51).

Cuando la madre posterga la develación hasta después de iniciada la convivencia con la pareja, los hijos/as mayores se sienten engañados, reaccionan con resentimiento, rebeldía y/o distanciamiento emocional. Algunos/as hijos/as tienen temor al bullying homofóbico. Aunque ninguna entrevistada relata experiencias personales de este tipo, sí lo mencionan con respecto a otras madres LBQ que conocen. Por otra parte, el término “lesbiana” en sí mismo genera conflicto, porque se percibe como “algo malo” que se dice de la madre.

‘… [La prima] le dijo un día ‘Que tu mamá es lesbiana’ y la M. quedo así, helada, congelada (...) estaba complicada con el tema de “lesbiana”, para ella fue casi… la desencajó y me dijo ‘Mamá es que la P. me dijo que tú eras lesbiana pero yo no sabía qué significaba esa palabra’. La debe haber encontrado fuerte, fea.’ (Marta, hija de 9 años, párr.68)

Los hijos/as que conocen a personas LGBTI comprenden que no se trata de personas “enfermas” o “desviadas”. En cambio, no conocer a nadie con esas características deja a los hijos/as sin saber qué esperar de su familia ni qué se espera de ellos/as (por ej., la idea de tener que ser defensor de la diversidad sexual, sin querer serlo). En este grupo de mujeres se evidencia con fuerza la necesidad de derribar los mitos sobre las familias de mujeres LBQ:

‘[La gente se imagina] que hay poco menos que partuzas fin de semana por medio. Yo creo que la gente, claro, tiene una caricatura y no se imagina que uno va al supermercado, hace las compras, paga cuentas, va a buscar a los niños...’ (Dominga, hijo de 15 e hija de 12, párr.202)

Progresivamente, las mujeres consideran que sería bueno que los hijos/as tuvieran libertad de hablar del tema, especialmente con la familia extensa y los amigos/as. Cuando lo hacen, las madres lo interpretan como un signo de que están integrando bien la situación familiar.

Trayectoria ambivalente

La entrevistada que ilustra esta trayectoria es Claudia (un hijo de 11 años, una hija de 9 y un hijo de 4). Ella se cría con su madre lesbiana y su pareja, y señala haber sentido que la homosexualidad “siempre fue algo malo”. Crece con una sensación extraña de contradicción en torno a que su madre fuese lesbiana y nunca se lo hubiese contado. Se entera porque las ve besarse, no se lo cuenta a su madre, ni conversan al respecto, lo que la hace sentir rabia y mucha soledad.

Señala sentir el rechazo del entorno por esta situación; recibe comentarios con gran carga negativa de su padre y su abuela, y crece con la sensación de que su madre está “enferma”.

‘Tenía por otro lado a mi papá que siempre me estaba diciendo que mi mamá era cochina, que era asqueroso.’ (Claudia, tres hijos de 11, 9 y 4 años, párr.18).

Refiere haber tenido impulsos y sensaciones sutiles de atracción por las mujeres, pero haberlo inhibido completamente. Ha tenido diferentes experiencias erótico/afectivas con mujeres, quienes han tomado la iniciativa y ella se ha dejado llevar. Deja a su pareja (padre del hijo menor) por una mujer y comienza una relación de convivencia con ella y sus hijos/as.

Esta trayectoria ambivalente se caracteriza por la confusión sobre la orientación sexual, asociada a una intensa homofobia internalizada. Ella se avergüenza de que algunas personas se enteren de que está con una mujer, y que su papá “se moriría si supiera”.

Esta mujer tiene una hija y dos hijos nacidos en distintas relaciones heterosexuales. Los padres de los niños provienen de distintos contextos socioculturales. La develación toma formas distintas con la hija y los hijos, y la entrevistada lo atribuye a que su género hace que la relación sea diferente.

‘Creo que inconscientemente fue como una cuestión súper machista, por eso fue mucho más fácil para mí contarle a la M. [hija de 9 años] que al V. [hijo de 11 años] cachai, porque la relación que uno genera con una niña y con un niño, es distinta... Las niñas son tus amigas, y los niños son tus jueces, o como tu pololo, entonces es distinto, pa' mí por lo menos fue mucho más difícil.’ (Claudia, tres hijos de 11, 9 y 4 años, párr.80)

A la niña le cuenta de su pareja mujer en una conversación fluida, y ella reacciona bien. Las motivaciones para contarle son cuidar la relación de confianza, el deseo de no repetir con ella su historia personal, y de integrar a su pareja mujer a la familia. Correspondería a una Develación Conversación.

Al proceso con los hijos hombres le hemos llamado Develación Conflictuada. En el caso del hijo mayor, ella tiene terror de contarle, debido a que él tendría una “realidad diferente” (referida al nivel socioeconómico y la tradición cultural y religiosa del padre). Él se entera de la OSD de la madre de manera accidental, a partir de un video en que ella aparece besándose con su pareja. La conversación es forzada y tensa, el hijo intenta de terminarla rápidamente, y después no retoman el tema. Al hijo menor (de 4 años) no le ha explicado nada porque piensa que es muy pequeño. Sin embargo, el niño manifiesta rechazo hacia la pareja mujer, y dice que ella no es parte de la familia.

Como se puede ver, en esta trayectoria, existen dificultades para acompañar y guiar a los hijos durante el proceso. Los hijos hombres rechazan la situación y/o se distancian emocionalmente y la madre no sabe cómo resolver esto. Además, la madre ha sentido temor, vergüenza, culpa y arrepentimiento por haberle contado a sus hijos sobre sus experiencias lésbicas, ya que las considera transitorias. También le preocupa que se sientan mal por comentarios homofóbicos que pudiesen escuchar en la calle. Los dos hijos mayores ocultan la situación familiar a sus amigos/as.

‘...el otro día vinieron unas compañeritas a dormir por primera a vez porque la M. [hija] estaba de cumpleaños. La P. [pareja] estaba acá y se quedó a dormir y obviamente dormimos juntas, entonces las compañeritas como que en una, entraron a mi pieza corriendo todas como “tía, eh, nos da jugo” y después dijo “¿Y por qué usted duerme con su amiga?” y yo vi la cara de la M. de incomodidad, y como que dijo “Ah, porque ellas también hicieron una pijamada” cachai, como respuesta, rápido, y yo me quedé callá.’ (Claudia, tres hijos de 11, 9 y 4 años, párr.80)

Claudia sólo le ha contado de su relación lésbica al padre de la hija, que reacciona bien. Al padre del hijo menor no se lo cuenta directamente, sino que él lee mensajes en su teléfono y cuestiona sus decisiones. Al padre del hijo mayor no se lo ha contado, porque teme que cuestione su capacidad como madre y demande la tuición del niño.

Esta entrevistada monta junto a su pareja mujer una obra de teatro sobre la vida de su madre, y señala que ese proceso creativo le permite “entender y perdonar” la historia personal con ella, al mismo tiempo que sensibiliza a los y las asistentes acerca de las experiencias de mujeres lesbianas.

Trayectoria q ueer

Las entrevistadas que representan esta trayectoria son Cecilia (un hijo de 8 años) y Daniela (un hijo de 11 años) y ninguna tiene pareja estable al momento de la entrevista. Esta trayectoria se caracteriza por la sensación de “apertura” de las entrevistadas en cuanto su orientación sexual, vivenciada como algo no definitivo y en permanente cambio. Durante su niñez y adolescencia exploran su sexualidad en forma lúdica y libre.

‘No hay como un momento. Yo diría que como que siempre yo fui abierta al libre albedrío en la sexualidad, entonces pa’ mí nunca fue tema tabú la posibilidad de estar con una chica. De joven, a los 15 años (…) nunca lo miré como algo extraño.’ (Cecilia, hijo de 8 años, párr.4)

Una primera relación de pareja con una mujer las lleva a identificarse como lesbianas y luego como queer. Dicen estar abiertas a enamorarse de cualquier persona, sin importar su género y/u orientación sexual, y refieren que los estudios sobre género y feminismo han facilitado su proceso de reconocimiento. Ellas abogan por deconstruir nociones heteronormativas sobre la orientación sexual y el derecho a autodefinirse en este ámbito.

‘No había leído tanto sobre la heteronorma, que todo lo que tiene que ver con la identidad sexual también es una construcción cultural. Entonces, cuando pude dedicarme más a estudiarlo también lo pude ir vivenciando y saber que mis gustos también estaban absolutamente normados por la cultura en que yo estaba. Entonces ahí yo creo que empezó todo un proceso de apertura también, más intelectual, que me permitió darme cuenta que claro, en este momento te digo yo, mañana podría enamorarme de un travesti, o sea yo ya sé que la actitud es mucho más queer.’ (Cecilia, hijo de 8 años, párr.16)

Sentirse atraída por una mujer, desear ser quien realmente es y el activismo feminista impulsa la develación a los adultos cercanos durante la adolescencia y adultez. En el caso de los hijos, la develación de su OSD no ocurre como una conversación concreta iniciada por la madre, sino que es una confirmación progresiva de algo que la madre nunca ha ocultado, con múltiples conversaciones espontáneas impulsadas por los hijos. A esto le hemos llamado “Develación Confirmación”. Señalan que la develación a los hijos les transmite su honestidad y favorece la afectividad, confianza y compañerismo con ellos. Así, la vivencia emocional de los hijos ha sido positiva y tranquila, y las madres no tienen temor por las consecuencias de su OSD en ellos. Su estrategia es empoderar a los hijos entregándoles conceptos y valores sobre diversidad sexual, homofobia y un concepto amplio de familia.

Los niños también han vivido su propia experiencia de develación en su entorno social. Generalmente se trata de una experiencia fluida, donde comparten este tema con personas cercanas y se cuidan de las reacciones homofóbicas.

‘Igual él tiene súper claro que existe el bullying homofóbico, que seguramente que si todo el mundo sabe que yo soy lesbiana lo van a hueviar, entonces él como que se cuida cachai (…) es consciente en el tipo de sociedad en que vivimos.’ (Daniela, hijo de 11 años, párr.104)

En el ambiente escolar de los hijos/as, las entrevistadas hablan de una “homofobia latente” con significados negativos de la OSD y la transmisión de estereotipos de género tradicionales que sus hijos cuestionan.

‘Él encontraba que en el colegio los talleres extraprogramáticos que tenían eran súper injustos porque había taller de fútbol sólo para niños y qué pasaba con las niñas que querían jugar a la pelota’. (Daniela, hijo de 11 años, párr.102)

Compartir con otras familias de mujeres LBQ les ha dado a los hijos referentes positivos de familias como la suya y un sentido de pertenencia. La concepción de familia de estas mujeres no depende exclusivamente del parentesco sanguíneo, pues incluye personas sin parentesco directo como la pareja mujer y los amigos, y excluye a otras que sí lo tienen (en un caso la familia de origen de la madre y en otro el padre biológico del hijo, a quien la mujer no le informó de su nacimiento).

A continuación presentamos los resultados desde una mirada analítica, enfatizando algunas dinámicas familiares y sus tensiones y articulaciones con el entorno sociocultural.

Figura 1:

El proceso personal de integración de la orientación sexual diversa. Fuente: Elaboración propia.

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La integración de la OSD y la develación transferencia

La historia personal de la madre, sus valores, su concepción de género y diversidad sexual y participar o no en activismo homoparental, enmarcados en un contexto cultural simbólico que las entrevistadas consideran homofóbico, influyen en la forma en que ellas viven su sexualidad y cómo transitan el proceso de reconocimiento e integración de su OSD (Figura 1).

A partir de los relatos de las entrevistadas, definimos integración de la OSD como el nivel de claridad que la mujer tiene sobre cuál es su orientación sexual, el grado de bienestar con este aspecto de sí misma y las emociones asociadas, la coherencia de su elección de pareja, y la develación de su OSD a las personas significativas.

Como se aprecia en las tres trayectorias descritas, mediante la develación de su OSD a los hijos/as (conversación, conflictuada y confirmación), las mujeres no sólo les están entregando información, sino que también les están traspasando una serie de experiencias emocionales, conceptos y valores. A este fenómeno le hemos llamado Develación Transferencia (Figura 2).

El proceso de la Develación Transferencia está marcado por la relación madre-hijo/a, las formas de ejercer la maternidad, la pertenencia o no a grupos de madres y organizaciones activistas, todo ello en el marco del contexto sociocultural. Algunas de las dimensiones de la Develación Transferencia en las que la integración de la OSD influye en mayor medida son el grado de planificación, la claridad y los contenidos con que se explica la situación a los hijos/as; la capacidad de tomar en cuenta el “ritmo” del proceso afectivo y cognitivo del hijo/a, y la capacidad de responder en forma significativa a sus reacciones, acogiéndole y conteniéndole.

Las siguientes citas ilustran cómo se transfieren emociones y actitudes a los hijos/as:

‘[Le dije] “No me ofende que me digan lesbiana. Es una opción que yo tomé en mi vida, decidí consciente y plenamente, y me siento muy feliz con la decisión que tomé (...) no te voy a pedir más que no lo cuentes. Si tú quieres contar, cuenta” y ahí quedó abierto el tema y para ella dejó de ser tema…’ (Marta, hija de 9 años, párr.70)

‘... ellos creen que [la homosexualidad] es algo malo, porque si ellos creyeran que no es malo, no lo ocultarían. Pero también creo que a veces sienten que yo también lo oculto, entonces por lo mismo ello lo ocultan...’ (Claudia, tres hijos de 11, 9 y 4 años, párr.64)

Figura 2:

Develación transferencia. Fuente: Elaboración propia.

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Por otra parte, los relatos de las entrevistadas reflejan que el tipo de relación afectiva entre madre e hijo/a también es fundamental. Cuando hay una relación de cercanía afectiva y confianza, los niños/as tienen una actitud más aceptadora y pueden plantearle sus dudas y temores a la madre. En cambio, cuando la relación presenta conflictos previos (como en el caso de Claudia), la elaboración de la OSD de la madre se dificulta para ambas partes. Hemos llamado Elaboración de la Develación al proceso que viven los hijos/as cuando conocen la OSD de la madre, incluyendo las dimensiones emocionales, cognitivas y conductuales. Uno de los aspectos que más peso tendrá aquí es la edad de los hijos/as al momento de la develación. Con frecuencia los hijos/as más pequeños aceptan mejor la situación. Por su parte, las mujeres refieren que los hijos/as adolescentes han recibido más mensajes homofóbicos y algunas temen que al llegar a la adolescencia los hijos/as las empiecen a cuestionar por su OSD, porque han visto que esto pasa en algunas familias.

Articulaciones y tensiones entre el ámbito personal-afectivo y el ámbito sociocultural

A partir de las entrevistas, es posible distinguir articulaciones y tensiones entre las dinámicas familiares de mujeres LBQ y su entorno. Las articulaciones son instancias de influencia mutua entre lo personal-afectivo y lo sociocultural, y son procesos emocionalmente neutros o incluso positivos (la televisión provoca conversaciones sobre diversidad sexual, las familias hacen picnic en espacios públicos, etc.). En cambio, en las tensiones el encuentro entre individuo/familia y entorno causa dificultades y conflicto (temor de la madre a que el hijo/a sea discriminado/a en la escuela, conflicto de los hijos/as con términos como “lesbiana”, etc.). Los espacios de articulación y tensión que mencionamos brevemente aquí son el colegio, el ámbito legal y el espacio público.

En el colegio se funden lo afectivo, lo social y lo cultural; predominan valores conservadores y un modelo heteronormativo de familia, roles de género, sexualidad, etc., y esto afecta a las mujeres.

‘Entonces, me complica que le digan eso, que le hablen tanto del amor, de la familia, pero de las familias hegemónicas, estas de papá, mamá (...) A ver, es que me da miedo eso, que a él le impongan tanto algunas cosas que me empiece como a rechazar.’ (Gabriela, hijo de 7 años, párr.78)

En respuesta a los discursos heteronormativos y homofóbicos del entorno escolar, varias entrevistadas transmiten valores progresistas y promueven nociones distintas sobre el género, el amor, la diversidad sexual, los derechos, etc., para educar a sus hijos/as y como una estrategia para que ellos se empoderen. Por lo general a las mujeres les preocupa y se sienten culpables de que sus hijos/as puedan sufrir discriminación o bullying de parte de los compañeros/as; también algunos niños/as tienen este temor.

‘La mayoría de nosotras las lesbianas, tenemos como problemática el tema social, cómo lo contamos en el colegio, y en qué colegio la pongo para que no la discriminen, qué va a pasar con los amiguitos, y qué van a decir.’ (Marta, hija de 9 años, párr.145)

En el ámbito legal, la ausencia de legitimidad jurídica de las familias homoparentales es uno de los fantasmas más importantes para muchas mujeres, especialmente cuando no cuentan con información ni apoyo de otras madres LBQ. Las madres activistas trabajan por el cambio legal y cultural.

‘Si yo hoy día estoy en una lucha que tiene que ver con un cambio legislativo, es porque tengo claro que ese cambio legislativo legitima también la familia de mi hija. ¿Cuál es el problema de que mi hija tenga una mamá que tiene una pareja que es mujer? O sea, cuando eso se normaliza desde la legislación, también es un aporte para nosotros, para nuestros niños, también hay cambios sociales, cambios culturales, (...) tiene que ver con el visibilizar, con el normalizar [nuestra situación familiar]’ (Marta, hija de 9 años, párr.145)

En otro ámbito, las mujeres activistas refieren que es importante desarrollar actividades familiares en espacios públicos (por ej., picnics en parques). Estas reuniones ofrecen a las madres y a sus hijos/as referentes positivos de otras familias como la suya, lo que refuerza su propia identidad familiar, genera un sentimiento de pertenencia y apoyo que les da tranquilidad.

De todas maneras, la calle es un territorio que genera sentimientos muy distintos en las mujeres. Para algunas representa el miedo a ser agredidas o que sus hijos/as lo sean. Por ejemplo que escuchen comentarios negativos sobre las personas LGBTI y que eso les duela o les cause vergüenza. En cambio, para otras mujeres es un espacio social del que hay que apropiarse, y hablan con sus hijos/as libremente de sus actividades en la calle, el metro, etc.: “¿Vamos a juntarnos con tus amigas lesbianas mamá?.”

Por último, las entrevistadas refieren ser objeto de una triple discriminación, por el hecho de ser mujeres y lesbianas, pero además, dentro del mundo lésbico son discriminadas por ser madres a partir de relaciones heterosexuales anteriores. Otra forma de discriminación que denuncian es que dentro de los movimientos LGBTI sus intereses quedan subordinados a liderazgos masculinos y dinámicas patriarcales.

Estos resultados revelan cómo las trayectorias y los procesos personales específicos de las mujeres madres inciden en todo el proceso de elaboración de los hijos/as. A partir de estos resultados emerge con fuerza la temática de la visibilización de estas familias, sus derechos y sus necesidades.

Discusión y Conclusiones

Estos resultados indican que las trayectorias vitales de las mujeres LBQ pueden ser muy diferentes, y que en algunos casos la homofobia y la desprotección legal que sufren ellas y sus familias tiene un impacto negativo enorme en su calidad de vida y sus relaciones afectivas. En especial, las mujeres con una trayectoria ambivalente y sus hijos/as requieren con urgencia que la sociedad y el Estado las apoye.

Las tensiones entre visibilidad/invisibilidad, derechos, necesidades y riesgos son elementos centrales a discutir a partir de estos resultados. Las mujeres plantean que sus familias necesitan y merecen ser legitimadas socialmente. Pero esto requiere una visibilización que para muchas mujeres resulta amenazante, en la medida que las expone a ellas y a sus hijos/as a diversos tipos de agresión y discriminación. Están en juego la integridad psicológica y física (Herrera, 2005; Vyncke, & Julien, 2007).

A partir de sus investigaciones con lesbianas chilenas, Herrera (2007) concluye: “La falta de referentes positivos, la estigmatización y la discriminación influyen poderosamente en las maneras en que las lesbianas se perciben a sí mismas y se presentan a los demás. (...) [Ellas sopesan] las ventajas y costos de revelar una identidad estigmatizada. El ocultamiento y la doble vida como medidas de protección son una realidad para la mayoría de las lesbianas en Chile” (p. 10). Lo que muestran los resultados de este estudio es que no es solamente la mujer quien vive este proceso, sino también sus hijos/as, que están en riesgo de estigmatización y discriminación sólo por ser sus hijos/as. Un problema fundamental de la invisibilización es que se perpetúan los prejuicios y el desconocimiento del resto de la sociedad, y estas familias quedan aisladas, sin un espacio social ni político.

Las mujeres entrevistadas quieren verse libres del prejuicio destructivo de que las personas LGBTI son promiscuas, irresponsables y enfermas, y que sus familias sean vistas como “familias comunes y corrientes”, donde los niños/as crecen igual de bien que en cualquier otra familia (Herrera, 2006). Poniendo en tensión este deseo, Roudinesco (2003) afirma que las madres LBQ deben reconocerse a sí mismas como diferentes, porque de otra manera se corre el peligro de que sus hijos/as crezcan pensando que ser LBQ es algo malo y por lo tanto debería suprimirse. En vistas a la próxima discusión legislativa sobre derechos filiativos, se requieren estudios específicos sobre las experiencias y la calidad de vida de los hijos/as de las familias homoparentales.

El contexto social y cultural obliga permanentemente tanto a las madres como a los hijos/as a tomar decisiones sobre develar o no la OSD, cuándo, cómo y a quiénes, ya sea para protegerse de la homofobia, relacionarse en sus diversos contextos sociales, promover un cambio cultural, etc. Madres e hijos/as se protegen a sí mismos/as y se protegen mutuamente ocultando su situación. Esta necesidad de cuidarse de la estigmatización, la discriminación y posibles agresiones constituye una vulneración del derecho a la seguridad personal, la salud mental y la vida social plena de las personas LGBTI, principios básicos de la Convención de Yogyakarta, referida a la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación a la orientación sexual y la identidad de género (2007, en Centro de Derechos Humanos, UDP, 2017).

En consonancia con la invisibilización de estas familias, hasta ahora, las políticas públicas se han referido exclusivamente a los individuos -y recientemente a las parejas- LGBTI. Por ejemplo, el Ministerio de Educación (2017) publicó una guía sobre inclusión de alumnos/as de la diversidad sexual y de género en los colegios. Sin embargo, no hay todavía políticas orientadas hacia las familias homoparentales.

La ausencia de un marco legislativo que regule el matrimonio igualitario y los derechos filiativos de los hijos e hijas de parejas LBQ genera una situación grave de vulnerabilidad respecto del cuidado personal (tuición) de los hijos/as. En el nivel institucional existen prácticas más inclusivas, pero dependen del criterio personal de funcionarios/as públicos/as (por ej., otorgar la tuición de los hijos/as o adopción a personas homosexuales). Los estudios internacionales señalan que la legitimidad en el ámbito legal mejora la salud mental de estas familias, reduciendo sus niveles de ansiedad (Wall, 2013). Si bien en las familias de este estudio existe un padre biológico, indudablemente la aprobación de leyes que protejan a las familias iniciadas por parejas del mismo sexo sería un respaldo importante para todas ellas (Zapata, 2013).

Desde una perspectiva interseccional (Esguerra, & Bello, 2014), las políticas públicas tienen que hacerse cargo de la triple discriminación que denuncian las entrevistadas por ser mujeres, LBQ y madres LBQ. Por ejemplo, cabe preguntarse cómo difieren las experiencias de las madres y los padres LGBTI y sus hijos/as, a la luz de los privilegios masculinos y los estereotipos que priorizan el rol materno sobre el paterno.

La principal limitación de este estudio es el tamaño muestral, dado que no se alcanza la saturación teórica. Al incluir sólo mujeres profesionales, tampoco se da cuenta de experiencias de mujeres de otros grupos sociales, a pesar de lo cual, los resultados entregan información valiosa para generar nuevos estudios. Otras líneas de investigación a desarrollar se relacionan con las experiencias de los hijos/as y otros/as integrantes de estas familias, incorporando el análisis de variables como la etnia, el nivel socioeconómico, la migración, entre otras. De lo contrario, las políticas y programas no darán cuenta de la complejidad de su situación.

Se requieren políticas que promuevan activamente un cambio cultural como una política educativa de valoración de la diversidad sexual y las familias homoparentales, programas de acompañamiento para los procesos personales y familiares de integración de la OSD, y sistemas de atención inclusivos (principalmente en salud, justicia, educación, organismos policiales) donde las actitudes y conocimientos de los funcionarios/as confirmen la legitimidad de estas familias y ofrezcan una atención pertinente.

Desde una perspectiva de derechos, el Estado chileno tiene una gran deuda con estas familias. Es fundamental que Estado y sociedad reconozcan que la calidad de los vínculos afectivos es más importante que la orientación sexual de las madres, y que las mujeres y sus familias tienen derecho a desarrollarse plenamente y vivir sin temor. Estas familias no sólo tienen necesidades; también pueden enseñarnos sobre integración de la diversidad, resiliencia en contextos adversos y posibilidades de aportar al cambio social. Consideramos que las mujeres LBQ deben ser protagonistas del diseño de los cambios requeridos.

Agradecimientos

N. Cortés y M. Montecino, profesoras Marcela Cornejo, Alemka Tomicic y Rodrigo Rojas, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. A las participantes del estudio por su honestidad y generosidad al compartir sus experiencias.

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Nota

1 Autodefinirse como queer alude a una postura teórica y política que se opone a las categorizaciones de orientación sexual, reformulando los procesos de identificación en torno a la sexualidad. Judith Butler es una de las principales teóricas al respecto (Lev, 2010).

Nota

2 Los nombres utilizados son ficticios. El término “párr.” alude al párrafo en la entrevista.





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